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Las populares “bandas de colores” que usan deportistas no son tan efectivas como se cree

Las cintas de colores que suelen utilizar algunos deportistas para tratar el dolor se han popularizado en los últimos años. Pero un grupo de investigadores analizó con lupa su efectividad y encontraron algo muy diferente a lo que muchos pacientes creen.

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08 de abril de 2026 - 08:36 p. m.
Las cintas de colores fueron creadas a finales de la década de 1970.
Las cintas de colores fueron creadas a finales de la década de 1970.
Foto: Pxhere
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Seguramente, usted ha visto deportistas de alto rendimiento utilizando unas bandas de colores en alguna parte de su cuerpo. Cada vez que hay torneos, aparecen futbolistas, tenistas o basquetbolistas con esas piezas en sus piernas, brazos o espalda. Algunos las llaman “tiras o bandas de colores”, otros “vendaje neuromuscular”. Unos más las recuerdan por su nombre original: kinesio taping (o kinesioterapia).

Creadas en la década de 1970 por Kenso Kase, un quiropráctico japonés, este “vendaje” ha cobrado popularidad en los últimos años. Algunos fisioterapeutas lo usan para aliviar ciertos tipos de trastornos musculoesqueléticos, que hacen que los pacientes padezcan dolor a largo plazo e, incluso, tengan dificultades con su movilidad. En 2021, esos trastornos afectaron a 1690 millones de personas.

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Pero la popularidad de estas bandas parece no obedecer, precisamente, a sus reales beneficios. Un estudio que fue publicado en BMJ Evidence-Based Medicine pone en duda su utilidad. En la investigación, los autores analizaron la mejor evidencia disponible sobre las “tiras” de colores y llegaron a conclusiones que pueden sorprender a quienes las están recomendando.

Para decirlo de forma sencilla, el estudio halló que las “bandas” pueden tener poco o ningún efecto sobre la intensidad del dolor a mediano plazo, sobre la fuerza muscular, en el rango de movimiento y en mejorar la discapacidad en un corto o mediano plazo.

El grupo de investigadores, liderado por científicos de la School of Rehabilitation Sciences, de la Southern Medical University, en Guangzhou, China, es claro: este tipo de terapia, escriben, puede brindar beneficios a corto plazo, pero una vez se retira la cinta es difícil que se mantengan sus efectos.

Para llegar a esos resultados, el equipo hizo un revisión de las revisiones sistemáticas que se han publicado sobre el uso de estas bandas. Es decir, analizó los estudios que han agrupado la evidencia acerca de la kinesio taping para poder llegar a una conclusión sobre su utilidad.

En cifras, eso significa que en su análisis incluyeron un total de 128 revisiones sistemáticas (73 publicadas y 55 registradas, pero no publicadas), en las que se ha evaluado a 15.812 participantes que han estado en 310 ensayos clínicos aleatorizados.

Sin embargo, a la hora de examinarlas con lupa, hallaron que “la mayoría de las revisiones sistemáticas fueron como críticamente bajas (78 %) en calidad metodológica y bajas (58 %) en riesgo de sesgo”.

¿Sirven o no las “bandas de colores”?

Saltándonos algunos detalles metodológicos y los análisis estadísticos, tras evaluar toda esa evidencia, los investigadores concluyeron varias cosas. Una de las principales es que “no hay suficiente evidencia para confirmar que esa terapia tenga un impacto positivo en la calidad de vida de quienes tienen trastornos musculoesqueléticos”.

Además, encontraron que, pese a que puede reducir la intensidad del dolor a corto y mediano plazo, la evidencia que lo soporta es muy incierta. “La evidencia no concluyente sugiere que esta terapia puede tener efectos mínimos en la intensidad del dolor a mediano plazo, la función/discapacidad a corto y mediano plazo, la musculatura, el rango de movimiento y los síntomas específicos de la enfermedad para los trastornos musculoesqueléticos”, escriben.

Dados los resultados contradictorios que hallaron en las revisiones sistemáticas y en los ensayos clínicos aleatorizados, tienen una especial preocupación sobre el efecto placebo que podrían estar generando estas bandas. Según sus datos, pueden proporcionar, principalmente, pequeños beneficios en comparación con el placebo, aunque con “muy poca certeza”.

En síntesis, señalan en el estudio, para los investigadores la mayoría de la evidencia relacionada con el uso de esta terapia “carece de solidez en cuanto a su relevancia clínica”.

Lo que sugieren es que se aplique con cautela en la práctica clínica, “mediante la toma de decisiones compartida que considere las preferencias del paciente, las intervenciones alternativas y los efectos adversos (por ejemplo, irritación cutánea)”.

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