Introducción
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Como les pasa a muchos gordos, los mitos sobre mi cuerpo me han perseguido durante casi toda mi vida, resonando tras de mí, ruidosos como si llevara atado un cordel con latas. Desde la primaria, me han enseñado que algunos cuerpos están hechos para ser vistos y que el mío no es uno de ellos. Usé talla extragrande en la adolescencia. Y desde la universidad he usado las tallas aún más grandes. A partir de entonces, he expresado mi política en torno a la gordura cada vez con mayor claridad a mis amigos, familiares, colegas y conocidos. Saben que soy gorda y que desde hace un tiempo dejé de intentar adelgazar. Algunos se han esforzado por comprender y respetar mi experiencia como persona gorda. A pesar de todo ese viento a favor, incluso en mis relaciones más cercanas me sigue de cerca una serie de persistentes mitos sobre lo que significa tener un cuerpo como el mío. Incluso quienes me conocen desde hace años siguen preguntándose en voz alta por mi salud y mi mortalidad. Algunos hacen muecas o me corrigen cuando me refiero a mi propio cuerpo como “gordo”. Y las vacaciones familiares todavía incluyen quejas abiertas de miembros delgados que se sentaron junto a una persona gorda en un avión.
Incluso después de años investigando, escribiendo y tratando de entender la antigordura, sus comentarios aún me toman desprevenida. Rara vez me sorprenden, pero en ocasiones me sigo esforzando por explicarles por qué es profundamente erróneo e hiriente lo que acaban de decir. Y sé que no soy la única. Con frecuencia, mis amigos gordos se reúnen para tratar de resolver las situaciones de antigordura que enfrentan en sus relaciones más cercanas. Los mitos antigordos sobre las personas con sobrepeso nos persiguen a muchos de nosotros casi en todas partes. Y la mayoría hacemos todo lo posible para salir del paso en esas conversaciones, pero también somos conscientes de que eso es precisamente lo que hacemos: salir del paso.
Aun así, abundan los mitos sobre la gordura y los gordos. Solo los malos padres dejan que sus hijos engorden. Cualquier persona gorda puede adelgazar si se esfuerza lo suficiente. La gordura es la principal causa de muerte en Estados Unidos. La antigordura es la última forma socialmente aceptable de discriminación. Estos mitos persisten no porque sean reales ni porque nos ayuden a comprender mejor a las personas que son más gordas que nosotros. Más bien nos permiten confirmar lo que ya creemos saber sobre la gordura y los gordos. El diálogo cultural nos incita a considerar la delgadez como un logro importante en la vida; estos mitos le dan credibilidad a esa creencia. Muchos de ellos se centran en tratar a las personas gordas como personas delgadas fracasadas, dando a entender que las personas delgadas son superiores a las gordas. Estos mitos no son solo percepciones incorrectas o anticuadas: son herramientas de poder y dominación.
Al igual que muchos activistas comunitarios actuales y pasados, tengo problemas con la estrategia que está detrás de la destrucción de mitos. Para destruirlos hay que empezar por repetirlos. Hacerlo puede parecer como si aceptáramos la premisa de un oponente sin analizarla. Según el mito en cuestión, también puede significar asentir silenciosamente a debatir la naturaleza humana de la comunidad de la que se habla. Y desde hace tiempo los investigadores políticos saben que los hechos no cambian nuestras posturas en cuestiones sociales, sino las historias humanas. La mayoría no tomamos una decisión sobre cuestiones sociales clave porque hayamos revisado previamente la investigación disponible, analizado las tablas cruzadas o escrito resúmenes ejecutivos para nosotros mismos. Tomamos decisiones sobre cuándo apoyar o no las cuestiones sociales basándonos en su impacto humano, tal como se nos presentan. Aquellos que no nos vemos afectados de forma directa y personal por esos problemas sociales nos guiamos mucho menos por los hechos de lo que nos gustaría pensar. ¿Por qué, entonces, dar más espacio a estos mitos?
Por otro lado, estos mitos persisten a pesar del profundo daño que causan y de las creencias erróneas y opresivas sobre las que se construyen. Cada día, las personas gordas nos vemos obligadas a defender nuestra salud, nuestra capacidad de ser deseados, nuestros cuerpos, nuestro lugar en los movimientos que hemos construido. Aunque las premisas de esos mitos sean erróneas, siguen restringiendo y confinando los espacios que los gordos podemos ocupar. Como antigua activista comunitaria, sé que cuando no tenemos la sensación de contar con los datos que necesitamos para sustentar nuestro punto de vista en las conversaciones sobre la opresión tendemos a callarnos. Evitamos las charlas sobre la opresión y la marginación que no nos afectan de modo directo, y, ciertamente, si sentimos que no somos expertos en un tema esto nos impide abordar esas conversaciones esenciales. Si no estás preparado para participar en diálogos retrógrados sobre la gordura y los gordos, la investigación y los recursos pueden servirte de piedra de toque. Espero que en las siguientes páginas encuentres un lugar donde anclar y estimular tu propia reflexión. También espero que hagas uso de estas recomendaciones para encontrar o continuar tu camino hacia perspectivas más sólidas sobre estos temas. Acabar con los mitos puede ser una estrategia complicada, pero en última instancia nos abre el camino para actuar contra la antigordura.
Es un momento complicado para nuestro discurso público en torno a la gordura, los gordos y la pérdida de peso. Cada vez más se considera que la retórica en torno a las dietas y la pérdida de peso está en picada. Incluso Weight Watchers, una de las dietas más populares en Estados Unidos, ha cambiado su nombre por el de ww y ha reorientado su marketing hacia un “bienestar” más holístico. Los métodos de pérdida de peso no se comercializan como dietas, sino como “cambios de estilo de vida”, “desintoxicaciones”, “limpiezas” y “terapia cognitivo-conductual”.
Este cambio semántico le ha permitido a la industria de la pérdida de peso revestir sus dietas de siempre con el lenguaje del bienestar holístico y el autocuidado. Quizá hoy hablemos de las dietas de forma diferente, pero el mandato social de adelgazar es tan sólido como siempre. Paralelamente a este cambio en la industria dietética, está creciendo el interés popular por mantener conversaciones críticas acerca de la gordura. En los últimos años ha surgido una oleada de personas delgadas que reflexionan sobre sus propias políticas corporales y, más concretamente, sobre su papel en la antigordura.
Y esa afluencia está suscitando conversaciones vitales sobre los objetivos y las estrategias de movimientos activistas cuya premisa es la gordura. ¿Qué visión tienen los gordos sobre la reducción de daños, la justicia y la liberación? ¿Cuáles son las estrategias más eficaces para alcanzarlos? ¿Pueden coexistir estrategias diferentes o contradictorias? ¿En qué circunstancias? ¿Las personas delgadas tienen un papel que desempeñar para acabar con la antigordura? ¿Cuál debería ser —o no— su papel? Mientras escribo estas líneas a principios de 2022, los activistas gordos proponen todos los días una serie de respuestas a cada una de estas preguntas. Estas conversaciones son a la vez endémicas y vitales para cualquier movimiento en favor de la justicia social. Como colectivo, nos impulsan a visualizar un mundo más justo y a desarrollar estrategias más adecuadas para hacer realidad esas visiones. Y en este contexto cada vez más complejo, los gordos seguimos lidiando todos los días con la antigordura. Nos siguen asediando con instrucciones incesantes y no solicitadas sobre nuestra salud, ropa, vida amorosa y mucho más.
Lo que presento a continuación es una ofrenda para cualquier persona, gorda o delgada, que luche por acabar con los momentos de antigordura que afronta en su vida cotidiana. Es una recopilación de investigaciones y reflexiones sobre algunos mitos perniciosos y persistentes que perpetúan la antigordura, desprecian la naturaleza humana de las personas gordas y patologizan nuestros cuerpos. Es una invitación a revisar los persistentes prejuicios antigordura que casi todos padecemos y a fundamentar nuestras ideas sobre la gordura en la experiencia personal, los datos y la dignidad fundamental de las personas gordas. Como con cualquier otro recurso u oferta, toma lo que te resulte útil y deja lo que no te sirva. Utilízalo como mejor te parezca. Y, sin importar el uso que le des, permite que impulse tu defensa de los gordos más allá de lo que sería cómodo o fácil. Permite que te incentive a enfrentarte a la antigordura con más regularidad y confianza.
Hagas lo que hagas a continuación, espero que sea algo más significativo para los gordos, más eficaz para desmantelar la antigordura y lo bastante constante como para tener un impacto duradero.
Los mitos que confronta el libro
MITO 1. “Estar gordo es una elección. Si a los gordos no les gusta cómo los tratan, deberían bajar de peso”
MITO 2. “Cualquier persona gorda puede adelgazar si se esfuerza lo suficiente. Solo es cuestión de ‘calorías ingeridas, calorías quemadas’ ”
MITO 3. “Los padres son responsables del peso de sus hijos. Solo los malos padres dejan que sus hijos engorden”
MITO 4. “Los delgados deberían ayudar a los gordos a adelgazar”
MITO 5. “Bajar de peso es el resultado de elecciones saludables y debe celebrarse”
Segunda parte “Pero ¿qué pasa con tu salud?”
MITO 6. “La obesidad es la principal causa de muerte en Estados Unidos”
MITO 7. “El imc es una medida objetiva de la talla y la salud”
MITO 8. “Los médicos son jueces imparciales de la salud de los gordos. A los gordos no les gusta ir al médico porque no les gusta oír la verdad”
MITO 9. “Los gordos están emocionalmente dañados y lo sobrellevan ‘comiéndose sus sentimientos’ ”
Tercera parte “La aceptación de la gordura glorifica la obesidad”
MITO 10. “Aceptar a los gordos ‘glorifica la obesidad’ ”
MITO 11. “La positividad corporal consiste en sentirte mejor contigo mismo, mientras seas feliz y estés sano”
MITO 12. “Estamos en medio de una epidemia de obesidad”
MITO 13. “Los gordos no sufren discriminación”
MITO 14. “No me gusta subir de peso, pero no trato a los gordos de manera diferente”
Cuarta parte “Los gordos deberían…”
MITO 15. “Los gordos no deberían llamarse gordos a sí mismos”
MITO 16. “Las personas que nunca han sido gordas tienen ‘gordofobia interiorizada’ ”
MITO 17. “A nadie le atraen los gordos. Y a quien sí le atraen es porque tiene un ‘fetiche por los gordos’ ”
MITO 18. “Los gordos deberían pagar por un segundo asiento en el avión”
MITO 19. “La discriminación por delgadez es tan mala como la gordofobia”
MITO 20. “La antigordura es la última forma de discriminación socialmente aceptable”
* Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial.