Es importante detenernos a reflexionar sobre el liderazgo femenino en uno de los campos donde históricamente más se ha construido desde la vocación, el compromiso y el cuidado: la enfermería.
A lo largo de mi carrera he aprendido que el liderazgo no comienza cuando se alcanza un cargo directivo. Comienza mucho antes, en los turnos largos, en las primeras decisiones frente al paciente, en la responsabilidad de actuar correctamente incluso cuando nadie la observa.
Mi camino en enfermería inició al lado del paciente, en jornadas exigentes y con un profundo deseo de aprender. Desde esos primeros años entendí que cada decisión clínica, cada acción de cuidado y cada palabra dirigida a una familia tiene un impacto real en la vida de las personas. En esa conciencia empieza a formarse el liderazgo.
Con el tiempo confirmé que el liderazgo genuino no se construye desde la autoridad, sino desde el ejemplo. Una enfermera lidera cuando se adhiere con rigor a un protocolo, cuando acompaña a un colega que inicia su camino, cuando alza la voz para proteger la seguridad del paciente o cuando sostiene a un equipo en momentos de alta exigencia.
Es en esos gestos cotidianos donde se construye la credibilidad profesional y donde se establece una coherencia esencial entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.
Hoy, desde mi rol como directora de enfermería, liderando un equipo de más de mil colaboradores, comprendo que el verdadero propósito del liderazgo es desarrollar a otros. Hacer carrera en las personas, abrir espacios para visibilizar la profesión, impulsar la formación avanzada y promover nuevas miradas sobre el ejercicio de enfermería.
Desarrollar talento implica conversaciones honestas, retroalimentación oportuna y oportunidades reales. Significa creer en el potencial de los demás incluso antes de que ellos mismos lo reconozcan. Cuando una enfermera crece, crece el servicio. Cuando un líder se consolida, se eleva el estándar.
Y cuando un equipo se fortalece, gana el paciente y se fortalece el sistema de salud.
El liderazgo auténtico en enfermería parte también del autoconocimiento. Reconocer nuestras fortalezas, debilidades, emociones y valores permite actuar con coherencia, perspectiva y visión. Este tipo de liderazgo no se mide por el control, sino por la autonomía que logran desarrollar los equipos; no por la presencia constante del líder, sino por la capacidad del equipo para sostener la excelencia incluso en su ausencia.
En el sector salud, el liderazgo femenino ha demostrado una fuerza transformadora particular. Combina firmeza con sensibilidad, estrategia con humanidad y decisión con empatía. No se trata de un liderazgo complaciente, sino de un liderazgo consciente, capaz de tomar decisiones complejas sin perder de vista la esencia del cuidado.
En este Mes de la Mujer es importante reconocer que las enfermeras no solo cuidan pacientes: también construyen cultura organizacional, elevan estándares de calidad y forman nuevas generaciones de profesionales.
Porque liderar, al final, no es ocupar un cargo.
Liderar es servir con visión, desarrollar a otros y dejar huella. Y cuando una mujer líder forma a otra, no solo impulsa una carrera profesional: construye legado.
* Directora de Enfermería de LaCardio
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