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Los colombianos están sacando más plata de su bolsillo para acceder a estos medicamentos

El gasto de bolsillo en medicamentos sigue creciendo en Colombia, mientras el país mantiene una alta dependencia de importaciones para garantizar el abastecimiento. Un nuevo informe de la industria nacional revela estas cifras y muchas más del panorama local.

Redacción Salud

29 de abril de 2026 - 01:00 p. m.
Entre 2021 y 2024, ASCIF reporta que el gasto de bolsillo per cápita en medicamentos pasó de cerca de COP $91.200 a COP $108.000, un incremento de 18,4%.
Foto: pIXABAY
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Los medicamentos se han convertido, en los últimos dos años, en un tema cotidiano en las conversaciones de muchos colombianos. Las denuncias por escasez e incluso desabastecimiento se repiten en los medios, mientras el Gobierno, las EPS, la industria farmacéutica y los gestores se reparten responsabilidades. Se habla de giros que no llegan a tiempo, de deudas acumuladas y de cuentas del pasado sin saldar, en un cruce constante de versiones que deja en segundo plano a quienes más lo sienten, día a día: los pacientes.

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En medio de ese pulso, la Asociación Colombiana de la Industria Farmacéutica (ASCIF) presenta oficialmente este miércoles DATASCIF, un reporte de análisis que revela cifras sobre el comportamiento del mercado farmacéutico y alerta sobre los principales retos para la sostenibilidad del sistema de salud, el acceso a medicamentos y la autonomía sanitaria del país.

En esta primera versión, lo primero que llama la atención es el gasto de bolsillo. Definido como el dinero que las personas pagan directamente por medicamentos y servicios de salud que aunque son cubiertos por el sistema, no se entregan a tiempo, este indicador se ha convertido en una señal cada vez más visible de presión sobre los hogares. Ya lo hemos explicado en otras oportunidades: hay evidencia consistente de que este gasto viene en aumento, lo que refleja tanto barreras de acceso como presuntas fallas en la provisión oportuna de tratamientos.

El informe apunta entonces en la misma dirección. Entre 2021 y 2024, ASCIF reporta que el gasto de bolsillo per cápita en medicamentos pasó de cerca de COP $91.200 a COP $108.000, un incremento de 18,4%. Clara Isabel Rodríguez, directora de la Ascif, le explica a El Espectador que los indicadores surgieron tras el análisis del comportamiento del canal comercial o el canal retail utilizando información pública reportada en el Sismet. “Este canal refleja la compra directa realizada por los pacientes o sus familias en las farmacias, en las droguerías y también en las cadenas comerciales. Evaluamos el crecimiento en en valores y también en unidades y así como las categorías terapéuticas que estamos mencionando en nuestro reporte que presentan mayor dinámica. Esto nos permite inferir que grupos de medicamentos están generando una mayor carga económica directa para los hogares”.

Detrás de ese crecimiento hay un mayor consumo y una mayor necesidad de recurrir a la compra directa ante demoras o faltantes en la entrega institucional. En otras palabras, una parte creciente del costo de la atención está siendo trasladada a los pacientes.

¿En qué medicamentos gastan más los colombianos?

Hay que precisar, para que se entiendan estas cifras, que la dispensación de medicamentos se puede hacer por dos canales principales: el institucional y el comercial. El primero corresponde a la entrega que hacen las EPS, a través de sus operadores farmacéuticos, como parte de la atención cubierta por el sistema de salud. En teoría, allí los pacientes reciben sus tratamientos sin tener que pagar directamente, salvo copagos o cuotas moderadoras. El segundo es el canal comercial, que incluye farmacias y droguerías donde los usuarios compran directamente los medicamentos con su propio dinero. Es en este espacio donde se materializa el gasto de bolsillo y donde se concentran buena parte de los crecimientos que muestra el informe.

El detalle por categorías refuerza esa lectura y permite ver con más precisión dónde se está concentrando el gasto. Los analgésicos (como el acetaminofén y sus combinaciones), por ejemplo, no solo muestran un crecimiento cercano al 25%, sino que mantienen un peso estructural alto dentro del consumo por su uso cotidiano y en patologías crónicas; en el periodo analizado pasan de niveles cercanos a COP $611 mil millones a superar el billón de pesos en el canal comercial. El salto es aún más marcado en los productos de rehidratación oral, antidiarreicos y gastrointestinales, que registran el mayor dinamismo del mercado, con expansiones superiores al 345%: de alrededor de COP $193 mil millones a cerca de COP $860 mil millones. Este comportamiento está asociado tanto a la incidencia de enfermedades gastrointestinales como a un mayor recurso a la automedicación y a compras directas.

“En analgésicos observamos un crecimiento importante asociado a varios factores como la automedicación, el manejo del dolor cotidiano, enfermedades osteomusculares y en algunos casos, tiene que ver también la falta de entrega oportuna dentro del sistema, donde un paciente acude a comprar un analgésico a una farmacia porque sería muy dispendioso tener que ir a buscar una cita médica a la EPS cuando se presenta esta situación”, explica Rodríguez.

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En el caso de los antiinflamatorios (como el ibuprofeno, naxopreno, meloxicam y etoricoxib), el crecimiento ronda el 44%, con un aumento desde aproximadamente COP $545 mil millones hasta cerca de COP $787 mil millones, consolidándose como otro de los segmentos de alto volumen por su uso en enfermedades musculoesqueléticas y dolor crónico. Por su parte, los antidiabéticos orales presentan uno de los incrementos más sensibles desde el punto de vista sanitario: más del 79% en términos de consumo, y un crecimiento en ventas cercano al 268%, al pasar de unos COP $107 mil millones a cerca de COP $394 mil millones. Esto, apunta el informe de la asociación, no solo refleja el aumento en la prevalencia de la diabetes, sino también la carga económica sostenida que implica su tratamiento para los hogares.

“Estos tratamientos son de uso permanente, tienen que mantenerse, no se les puede interrumpir su continuidad y por esta razón, ante la negativa de la entrega en el sistema, los pacientes prefieren comprarlo directamente para evitar que existan interrupciones que pudieran agravar su situación desde el punto de vista de salud”, agrega la presidenta de ASCIF.

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Las soluciones intravenosas y productos de perfusión crecen también alrededor de 120%, pasando de cerca de COP $139 mil millones a más de COP $300 mil millones. Este aumento se relaciona con una mayor atención domiciliaria, el manejo de pacientes crónicos y paliativos, y la expansión de servicios de soporte terapéutico fuera del entorno hospitalario, dice el informe.

“En conjunto, estos cinco grupos representaron el 30,2% de las ventas del canal comercial en 2025 y concentran gran parte del gasto de bolsillo, confirmando que los colombianos destinan cada vez más recursos a medicamentos esenciales para el manejo de dolor, inflamación, patologías gastrointestinales y crónicas como la diabetes. Este patrón refleja la interacción entre la coyuntura económica, la presión sobre el sistema de salud y la evolución epidemiológica, y subraya la necesidad de fortalecer la producción local y garantizar acceso para reducir la carga financiera sobre los pacientes”, se lee en el informe de la asociación.

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Consultada por este diario, Clara Isabel Rodríguez, directora de la Ascif, explica que el crecimiento en el gasto de bolsillo responde a varios factores. “Primero, existen fallas operativas en la entrega oportuna de algunos tratamientos dentro del sistema. Esto lleva a que los pacientes acudan al canal comercial para no interrumpir sus terapias. Segundo, porque hay un crecimiento importante en patologías crónicas, es decir, en enfermedades como la diabetes, la hipertensión. Hay dolor crónico y enfermedades gastrointestinales que demandan tratamiento de manera permanente. Y tercero, en algunos casos el gasto de bolsillo puede reflejar medicamentos que no están siendo cubiertos o cuya entrega puede retrasarse por tramites administrativos al interior de las EPS. Esto es evidente, muestra la presión creciente que hay dentro del sistema de salud y también en los hogares de la gente, especialmente en medicamentos de uso frecuente y que se manejan de manera continua”.

Las conclusiones del informe, sin embargo, no se reducen a eso. También tocan la dependencia que sigue teniendo el país frente a las medicinas importadas.

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Las importaciones siguen sumando mucho

Otra de las grandes conclusiones del informe es que Colombia sigue dependiendo enormemente de las importaciones en medicamentos. El informe señala que, entre 2015 y 2025, la balanza comercial del sector se ha mantenido consistentemente deficitaria, con importaciones muy por encima de las exportaciones. En 2015, por ejemplo, el país importó cerca de US$2.332 millones en productos farmacéuticos, frente a exportaciones por US$509 millones.

Lejos de cerrarse, esa brecha se amplió en los años más recientes. Entre 2022 y 2025, las importaciones se mantuvieron en niveles elevados, superando los US$3.950 millones, mientras que las exportaciones apenas alcanzaron los US$416 millones. Es decir, por cada dólar que Colombia exporta en este sector, importa casi diez, lo que da cuenta, dice el informe de las farmacéuticas colombianas, de una dependencia estructural de proveedores internacionales para garantizar el abastecimiento de medicamentos, materias primas, vacunas y biológicos.

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El informe también resalta que este patrón se hizo aún más evidente en 2021, en plena pandemia, cuando las importaciones se acercaron a los US$4.000 millones para responder a la emergencia sanitaria, mientras las exportaciones se mantuvieron relativamente estables. “Esta es una situación muy importante que queremos dejar como parte de este análisis porque la alta dependencia de medicamentos importados puede generar riesgos sanitarios y también económicos y estratégicos”, señala Rodríguez, de la Ascif. “Desde el punto de vista sanitario, el país se vuelve vulnerable frente a interrupciones logísticas que se puedan presentar a nivel global, como crisis geopolíticas como las que estamos viviendo en este momento, lo que podría ocasionar desabastecimientos internacionales y esto afectar directamente el consumo de medicamentos en el país o la llegada de medicamentos al país”.

Desde el punto de vista económico, añade la dirigente, el panorama también es exigente. La alta dependencia de importaciones implica una salida constante de divisas y una presión sostenida sobre una balanza comercial que en este sector es claramente deficitaria. A esto se suma una mayor exposición a factores externos: la volatilidad del dólar y las variaciones en los precios internacionales inciden en el costo de los medicamentos. En la práctica, dice, esto significa que el país depende en gran medida de condiciones económicas que no controla, como la tasa de cambio o los precios globales de materias primas, para garantizar el acceso de de tratamientos.

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“Colombia siempre ha hablado de una política industrial farmacéutica, pero no se ha llevado a la realidad. Eso limita la autonomía sanitaria y también la producción local de medicamentos, que hoy muestra su importancia por el valor que tiene no solo para el sistema, sino también para los pacientes, como se ve en el gasto de bolsillo”, dice Rodríguez. Por eso, en su opinión, “es tan fundamental que la industria farmacéutica nacional tenga una mirada estratégica para el país y que además de ser estratégica para la salud, lo sea también para la dinámica económica, ya que generamos 60 000 empleos y además podemos mover otros sectores de la economía que son importantes alrededor de la cadena farmacéutica”.

En la última década, el sector farmacéutico nacional ha mostrado un crecimiento dentro del PIB industrial, pasando de representar cerca del 11,8% a ubicarse alrededor del 12,4%. Hoy, la industria aporta cerca de COP $110,3 billones al PIB industrial, en un contexto en el que el agregado total ronda los COP $995,2 billones. Al mismo tiempo, el sector mantiene una base local relevante, con cerca de 97 plantas farmacéuticas en el país. A esto se suma que la industria nacional sigue siendo clave para el abastecimiento de medicamentos en el país. Genera alrededor de 60.000 empleos directos, con más del 90% de los contratos a término indefinido, y concentra el 62% de las unidades del mercado. Sin embargo, en términos de valor, su participación es menor, con cerca del 29%, debido a que una proporción importante de los medicamentos de mayor precio, como biológicos, innovadores o de alta complejidad, son importados, lo que eleva el peso de las compras externas en el total del mercado.

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Frente a eso último, dice Rodríguez, “en el mediano plazo, habrá que fortalecer esta producción local de medicamentos esenciales y estratégicos, impulsando incentivos para que la industria farmacéutica nacional amplíe su capacidad instalada, no solamente en la producción de los mismos medicamentos esenciales, sino en la posible producción de nuevas tecnologías”.

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