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Ser organizado, activo o servicial no solo podría ayudarte a ser una mejor persona: también podría aumentar tus probabilidades de vivir más. Esa es la conclusión de un estudio publicado en el Journal of Psychosomatic Research y citado por The Guardian, que analizó cómo los pequeños matices de la personalidad (esas palabras con las que cada quien se describe a sí mismo) pueden predecir la longevidad.
El trabajo, liderado por el psicólogo René Mõttus de la Universidad de Edimburgo, examinó los datos de más de 22.000 adultos seguidos durante periodos de entre seis y 28 años. A diferencia de estudios previos centrados en los grandes rasgos de la personalidad (como la extroversión o la responsabilidad), este equipo decidió observar los detalles concretos: las palabras específicas con las que las personas se describían al responder cuestionarios de personalidad.
“En lugar de analizar categorías amplias como extrovertido o concienzudo, nos centramos en los descriptores individuales: las formas precisas en que la gente hablaba de sí misma”, explicó Mõttus a The Guardian. Los resultados fueron claros: quienes se identificaban como “activos” tenían un 21 % menos de riesgo de morir durante el periodo de seguimiento, incluso considerando edad, sexo y condiciones médicas. Rasgos como ser “organizado”, “responsable”, “trabajador”, “minucioso” o “servicial” también mostraron vínculos positivos con una vida más larga.
Para Páraic O’Súilleabháin, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Limerick, el hallazgo es significativo porque demuestra que la personalidad influye no solo como un rasgo general, sino como una suma de comportamientos y actitudes específicos. “Nuestra investigación sugiere que esas pequeñas diferencias en cómo actuamos o pensamos tienen un impacto medible en la longevidad”, dijo.
En otras palabras, no basta con ser concienzudo: lo que importa es ser realmente meticuloso o trabajador. No basta con ser extrovertido: importa ser vivaz o activo. El estudio sugiere que estas descripciones puntuales predicen la mortalidad con más precisión que los cinco grandes rasgos de personalidad que suelen usarse en psicología (apertura, responsabilidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo).
También se observó el reverso: las personas que se describían como ansiosas, cambiantes de humor o fácilmente alterables (rasgos asociados al neuroticismo) tendían a morir antes. Sin embargo, los autores advierten que estos resultados no son deterministas: no se trata de que quien se preocupa mucho esté condenado a vivir menos, ni que ser ordenado garantice la longevidad.
Parte de la relación, añaden, podría explicarse por factores de estilo de vida: alguien organizado tiende a seguir rutinas saludables o tratamientos médicos con más constancia; quien se percibe como activo suele mantener hábitos físicos más sostenidos. Pero también puede reflejar resiliencia psicológica o redes sociales sólidas, que protegen frente a enfermedades.
Otros especialistas celebraron el enfoque. El psicólogo Ross Stewart, de la Universidad de Chester, destacó a The Guardian que pocas investigaciones habían ido tan al detalle: “Hasta ahora, la mayoría se quedaba en los grandes rasgos. Este estudio demuestra que las palabras con las que nos definimos pueden ser igual de poderosas”.
Para Samuel Henry, investigador de la Universidad de Tartu en Estonia, las implicaciones podrían ser profundas: si los servicios de salud integraran evaluaciones de personalidad en sus chequeos, podrían identificar a quienes necesitan apoyo adicional para cuidar su bienestar a largo plazo. “Una persona que no se ve como organizada puede tener más dificultades para seguir tratamientos; alguien que no se siente activo puede necesitar más acompañamiento para mantenerse en movimiento”, explicó.