El Ministerio de Salud prepara una serie de cambios en la regulación del etiquetado nutricional y frontal en Colombia. La decisión cuenta con el respaldo de organizaciones de la sociedad civil que, desde hace años, vienen advirtiendo sobre los efectos del consumo de ultraprocesados en la salud. También cuenta con apoyo internacional de la Organización Mundial de la Salud, aunque ya empieza a generar inquietud entre los gremios empresariales.
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Entre 2020 y 2024, Colombia ya había adoptado metas de reducción de sodio en alimentos, nuevos impuestos a productos poco saludables y la implementación del etiquetado frontal para señalar excesos de azúcar, sodio o grasas saturadas. Primero se usaron sellos circulares con la palabra “alto”, pero en 2023 fueron reemplazados por sellos octagonales con la palabra “exceso”, un formato con mejor evidencia en términos de visibilidad, comprensión y capacidad de desincentivar el consumo.
Como contamos en agosto de 2025, investigadores de PROESA, un centro de investigación de la Universidad Icesi y la Fundación Valle del Lili encontraron que, tras la regulación, los ultraprocesados en Colombia redujeron de forma importante su contenido de azúcar y sodio. En otro artículo que publicamos a finales de 2025 reseñamos otra investigación de la Universidad del Rosario que mostró cómo los impuestos a las bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, junto con los sellos de advertencia nutricional, no provocaron despidos ni caídas de ingresos, como advertían gremios como Fenalco o la ANDI.
Sin embargo, un análisis de impacto normativo que publicó el Ministerio de Salud hace poco reveló que la actual normativa tiene dos graves problemas.
En primer lugar, contempla que, en los envases con un área de etiqueta inferior a 30 cm², se incluya un código QR o una página web que redirija a la información nutricional del producto. La lógica era que muchos empaques no tienen espacio para mostrar todos los sellos. Sin embargo, y como reconoce el Minsalud, la medida ha generado problemas.
Organizaciones de la sociedad civil como Red Papaz y FIAN han documentado y denunciado casos en los que los códigos QR conducen a páginas caídas, inexistentes o incluso a contenido publicitario de la misma empresa. En otros productos, han notado que la etiqueta se ha reducido intencionalmente para encajar en el umbral que permite reemplazar los sellos visibles por enlaces digitales.
“En estas condiciones, aunque el producto aparentemente cumple con la inclusión de un enlace, o un QR, este al no ser funcional y/o conducir a otro tipo de información, incumple materialmente con el objetivo de la norma, la cual busca brindar información accesible y útil para la toma de decisiones a la hora de la compra”, se lee en el análisis de impacto del Minsalud.
En segundo lugar, al Minsalud le preocupa la reformulación. En agosto de 2025, cuando los investigadores de PROESA nos explicaron que los ultraprocesados habían reducido su contenido de azúcar y sodio, el balance era, en principio, positivo. Pero también dejaba una pregunta abierta: ¿con qué se están reemplazando esas sustancias? En la industria, eso se conoce como reformulación. Consiste en modificar la composición de un producto para cumplir con estándares, evitar sellos de advertencia o responder a nuevas regulaciones.
Esa reformulación, dice Mylena Gualdrón, coordinadora de la línea de nutrición de FIAN, puede hacerse buscando sustancias menos nocivas y mejoras en el perfil nutricional de los productos, pero también puede hacerse para ajustar la fórmula lo justo para esquivar los sellos de advertencia, sin que eso implique un cambio de fondo.
Y eso último, al parecer, está ocurriendo en Colombia. El Minsalud describe varios ejemplos en su análisis Uno de ellos es el snack de maíz con sabor a limón. En 2018 (antes de la regulación) el producto contenía siete ingredientes, entre los que se encontraban maíz, aceite vegetal, sal, azúcar, ácido cítrico y saborizante artificial a limón, junto con potenciadores de sabor. En ese momento, el producto aportaba 517 kcal, 12,1 g de grasa saturada y 586 mg de sodio por cada 100 g.
Para 2023 y 2024, el número de ingredientes aumentó a 20 y 21. En este periodo el sodio disminuyó levemente (545 mg), pero las grasas saturadas aumentaron a 13 g, lo que llevó a que el producto tuviese que presentar sellos de advertencia por exceso en sodio y grasas saturadas. En 2025, sin embargo, el empaque indica un cambio de formulación: ahora es “Limón intenso”. Se mantiene una lista de unos 20 ingredientes, aunque con modificaciones en el orden de los reguladores de acidez y la inclusión de especias y hierbas.
En esa reformulación hubo una reducción de la grasa saturada (4,6 g) y del sodio (228 mg), manteniendo las calorías estables (511 kcal). Esto sugiere, dice Minsalud, una aparente reformulación en la cual ya no se observan sellos de advertencia. “Sin embargo, el aumento de ingredientes es evidente, sumando a esto que, la mayoría de estos nuevos ingredientes son generalmente aditivos que no se usan en la cocina, y por tanto, este producto, a pesar de no tener los sellos de advertencia, continúa siendo un ultraprocesado que puede conllevar consecuencias para la salud”, se lee. De manera similar sucede con otros productos a base de papa y plátano frito con sabor a BBQ.
Para Minsalud, esto sugiere “una adaptación de la industria a la reducción de nutrientes críticos, pero con una adición de aditivos que no permite que el alimento tenga un perfil más saludable. Aunque visualmente los empaques proyectan una imagen de menor impacto al no portar los sellos, la complejidad creciente de sus listas de ingredientes plantea nuevos retos para la protección del consumidor y la efectividad de las políticas”.
Ahí es donde entra la nueva regulación que está preparando, con una resolución, la cartera de Guillermo Alfonso Jaramillo.
¿Cuáles serían los cambios?
La nueva regulación propone la creación de un nuevo sello y de pequeños microsellos. El nuevo sello no reemplaza a los actuales sino que los complementa: sería una advertencia específica para ultraprocesados, con una forma distinta a los octógonos tradicionales: sería un rectángulo con un triángulo en su interior y las palabras “ADVERTENCIA” y “ULTRAPROCESADO”, pensada justamente para diferenciar este criterio del resto.
Esto, explica Gualdrón, responde a la reformulación que se está observando. Por eso, este sello sería obligatorio para cualquier producto que cumpla con la definición de ultraprocesado. Según la norma, esto ocurre si el producto contiene al menos un ingrediente ultraprocesado (como maltodextrina, aceites hidrogenados o aislado de proteína de soja). Y si contiene, al menos, un aditivo cosmético, que son sustancias usadas para alterar el color, sabor o textura, como colorantes, edulcorantes, aromatizantes o potenciadores del sabor.
¿Por qué se estaría inclinando por un sello triangular y no uno octogonal, como los que hay hoy en muchos paquetes? “Porque es una señal universal de advertencia. Estamos familiarizados con ella: el triángulo con el signo de admiración en el centro y la palabra advertencia”, responde Gualdrón. Además, también funciona para diferenciarlo de los otros sellos ya tradicionales.
A esto se sumarían los microsellos, diseñados para los empaques más pequeños, esos en los que hoy la información suele desaparecer o trasladarse a un QR. En estos casos, cuando la cara principal del envase sea igual o menor a 5 cm², se usaría un símbolo octagonal negro con un número en su interior. Ese número deberá indicar cuántas advertencias aplican al producto en total, sumando excesos de sodio, azúcares o grasas, la presencia de edulcorantes o incluso la condición de ultraprocesado. Debajo del número aparecería la palabra “SELLO” o “SELLOS”, junto con “MINSALUD”, y el tamaño del símbolo estaría regulado para que sea visible: al menos el 15% del área del empaque.
Por ejemplo, en un paquete de galletas dulces que debe tener tres sellos, pero hoy no tiene ninguno por su tamaño, deberá aparecer un sello octogonal con el número “3” en el centro. La idea es que incluso en un dulce o snack pequeño, el consumidor pueda entender de un vistazo qué tan cargado está el producto.
Finalmente, la nueva regulación propone la creación de un “sello positivo”, una distinción voluntaria pensada para identificar, de forma rápida, los productos con mejores perfiles nutricionales. Sería redondo, de color verde, con un doble borde morado y blanco. Incluiría la frase “ALIMENTO SALUDABLE”, la palabra “MINSALUD” y una imagen amigable, pensada para hacerlo reconocible. Solo podría aplicar para alimentos sin procesar o mínimamente procesados, como frutas, verduras, carnes frescas, leche o granos. Además, su primer ingrediente no puede ser sodio, grasas o azúcares añadidos y está prohibido que incluya cualquier tipo de edulcorante. Si el producto tiene sellos de advertencia, queda excluido. No puede advertir riesgos y presentarse como saludable.
La sociedad civil apoya; la industria se opone
El proyecto está abierto a comentarios públicos, pero todo indica, según fuentes cercanas al proceso, que el Ministerio de Salud lo expedirá en las próximas semanas. Para Gualdrón, se trata de un paso en la dirección correcta: “Esto no es un capricho, ni una obsesión por llenar los empaques de sellos. Responde a una discusión internacional cada vez más sólida. La Organización Panamericana de la Salud ya lo está planteando con claridad: hay que seguir avanzando en la regulación y, en particular, incorporar una advertencia específica para ultraprocesados”.
A Rubén Orjuela Agudelo, de Educar Consumidores, también le parece un paso apropiado. “La reformulación que se está haciendo ha logrado que muchos productos no tengan el sello y cumplan con la normatividad, a pesar de que siguen usando sustancias que son nocivas. Me parece que la propuesta de Minsalud cumple con lo que se necesita ahora”.
Sin embargo, Orjuela cree que a la regulación le siguen haciendo falta detalles. Por ejemplo, dice, debe incluir los alimentos dirigidos a la primera infancia, como fórmulas y productos infantiles, que hoy siguen, dice, bajo normas desactualizadas y con menores exigencias.
La nueva medida ha generado una reacción negativa en la industria. La Cámara de la Industria de Alimentos de la ANDI, gremio de los empresarios en Colombia, manifestó “su profunda preocupación” ante la propuesta. El gremio cree que la nueva regulación es “completamente inconveniente” y defiende su postura a través de varios puntos. En primer lugar, reprochan al Ministerio de Salud una falta de respuesta frente a la petición de convocar mesas de trabajo “para evidenciar el impacto negativo que tendría esta medida y la falta de evidencia y rigor científico para la adopción de la misma”.
En segundo lugar, advierten que el proyecto podría generar “inestabilidad jurídica y técnica”. También señalan que implicaría rediseñar la totalidad de las etiquetas de alimentos empacados en el país y adelantar trámites masivos ante el INVIMA. Además, critican que se introduzca una definición de ultraprocesados que, dicen, “no existe en ninguna regulación del mundo”, y que se obligue a incluir una advertencia específica para estos productos.
La ANDI también objeta medidas como la creación de microsellos para empaques pequeños y lo que consideran un endurecimiento de las restricciones para hacer declaraciones en salud en productos con sellos. Por último, los empresarios consideran que los tiempos de transición son insuficientes. El proyecto plantea un plazo de seis meses desde su publicación, pero, según el gremio, los cambios “son tan de fondo” que obligarían a rehacer etiquetas, agotar inventarios y rediseñar procesos en un periodo demasiado corto. En conjunto, califican las medidas como “desproporcionadas”.
La discusión continuará, mientras los estimativos más recientes apuntan a que en Colombia, más de la mitad de la población ya presenta exceso de peso, con prevalencias que superan el 50% de consumo de alimentos procesados y que, en algunos grupos, alcanzan hasta el 91,4%.
Entre los escolares, el sobrepeso y la obesidad pasaron de 18,8% en 2010 a 24,4% en 2015, y hoy uno de cada tres adultos tiene sobrepeso y uno de cada cinco es obeso, según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional. Este exceso de peso, y en particular la obesidad abdominal, que afecta a más de la mitad de las mujeres adultas y a cerca del 40% de los hombres, se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y otros graves problemas metabólicos.
Incluso, hace apenas cuatro meses, The Lancet, una de las revistas más destacadas en temas de salud, dedicó una serie de artículos a examinar el impacto de los ultraprocesados. La conclusión general es que su consumo está desplazando dietas tradicionales, deteriora la calidad nutricional y se asocia con un mayor riesgo de múltiples enfermedades crónicas, lo que ha llevado a plantear la necesidad de políticas más robustas para limitar su impacto en la salud pública.
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