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31 Jan 2022 - 2:00 a. m.

Mal uso de antibióticos, un problema que causa 1,27 millones de muertes

Entre las preocupaciones de quienes trabajan en el ámbito de la salud hay una que los trasnocha: la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Se trata de un fenómeno, como acaba de advertir un equipo de científicos en la prestigiosa revista “The Lancet”, que podría hacer temblar los desarrollos de la ciencia médica.
César Giraldo Zuluaga

César Giraldo Zuluaga

Periodista sección Vivir
Representación gráfica de la "Acinetobacter baumannii", una bacteria resistente a la mayoría de los antibióticos.  / Getty Images
Representación gráfica de la "Acinetobacter baumannii", una bacteria resistente a la mayoría de los antibióticos. / Getty Images
Foto: Getty Images/iStockphoto - Dr_Microbe

Luego de 606 intentos, Paul Ehrlich, un bacteriólogo alemán, logró producir en 1910 la arsfenamina, el primer fármaco sintético que sirvió para tratar la bacteria Treponema pallidum, que causa sífilis, una enfermedad que fue responsable de miles de muertes en los primeros años del siglo XX. Aunque el Salvarsan, nombre para comercializar el medicamento, salió muy rápido de circulación, se considera el primer antibiótico usado clínicamente. (Lea Estas son las EPS con más usuarios en Colombia)

El proceso mediante el cual Ehrlich obtuvo su “bala mágica”, como llamaba al Salvarsan, cimentó, en gran parte, el camino de la quimioterapia bacteriana, que sirvió para desarrollar los antibióticos que hoy conocemos. En el 2019, 109 años después de uno de los procesos más importantes de la ciencia médica, el uso indebido y excesivo de los antibióticos generó 1,27 millones de muertes y pudo estar relacionada con casi cinco millones más, según la más reciente investigación elaborada por el Estudio de Carga Global de Enfermedad (GBD por sus siglas en inglés), publicado hace unos días por la prestigiosa revista médica The Lancet. (Lea Alerta por supuesto potenciador sexual vendido en Colombia pero que es fraudulento)

La investigación, liderada por la Universidad de Washington, contó con la participación de cientos de científicos de todo el mundo y buscaba “realizar la primera estimación global de la proporción de casos y de muertes que se pueden atribuir exclusivamente a la resistencia antimicrobiana en el mundo”, señala Carlos Castañeda-Orjuela, director del Observatorio Nacional de Salud del Instituto Nacional de Salud (INS), el único colombiano que participó del estudio. (Lea Lo que debe saber de la píldora contra el covid-19 aprobada en Colombia)

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) “surge cuando las bacterias, virus, hongos y parásitos cambian a lo largo del tiempo y dejan de responder a los medicamentos”, lo que hace ineficaces a los antibióticos y otros antimicrobianos. Esto “dificulta el tratamiento de las infecciones, incrementa el riesgo de propagación de enfermedades y muerte”, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según Castañeda, las causas de la RAM son múltiples, como en casi todos los problemas de salud pública. “Está el uso indiscriminado de antibióticos, ya sea porque las personas deciden automedicarse o porque los profesionales, por cuestiones operativas, prescriben medicamentos que no son adecuados. Aparte, tenemos otros contextos donde hay unos antibióticos muy básicos para tratar las infecciones o donde no hay manera de identificar qué bacteria está causando la infección, entonces se ordena un medicamento que no va a servir”. En últimas, explica, todas contribuyen a que aumente la RAM, ya que la bacteria termina desarrollando mecanismos de resistencia que puede pasar a otros microorganismos.

El contexto que señala el experto es importante, ya que este fenómeno afecta de manera desigual a las regiones. El estudio señala que en los países de África subsahariana la tasa de muertes causadas por RAM era de 27,3 en cada 100.000, mientras que en Australasia (región conformada por varios países de Oceanía e Indonesia) esta decaía a 6,5 decesos por cada 100.000. Castañeda advierte que el problema podría ser aun más grave en los países de medianos y bajos ingresos, como los de la primera región, ya que allí la información para realizar las estimaciones no está disponible o no tiene calidad suficiente, y esto lleva a subestimaciones.

Si bien los datos de muertes causadas y relacionadas con la resistencia antimicrobiana para cada país estarán disponibles en los próximos meses, Castañeda resalta que este estudio es el primer avance para identificar la relevancia del problema. A pesar de que es una de las principales causas de muerte en el mundo, los investigadores señalan que no ha tenido la atención suficiente por parte de los tomadores de decisiones ni de la población en general.

Para los científicos, esto es lamentable, ya que son decesos prevenibles y existen acciones para afrontar la problemática. La primera tiene que ver con un aumento en la financiación para las iniciativas que busquen desarrollar nuevos antibióticos o vacunas. Esto lleva a la segunda medida: “De las seis bacterias identificadas en el estudio que generaron la mayor cantidad de muertes por RAM, solo una tiene vacuna”, concluye el estudio.

Además, está el control del uso de los antibióticos, una responsabilidad que no es exclusiva de las personas y requiere un mayor acceso a los sistemas de salud, lo que le haría entender a la gente el riesgo que corre al automedicarse, explica Castañeda. El acceso a agua de buena calidad y la optimización en el uso de este tipo de medicamentos son otras medidas resaltadas por los expertos.

El llamado luego del estudio es claro: hay que actuar. Castañeda comenta que, según la evidencia disponible y los resultados de la investigación, en unos diez o veinte años la RAM podría ser la principal causa de muerte en el mundo. Sin embargo, este no sería el único problema, advierte: “Pondría a temblar todos los desarrollos de la ciencia médica. Implica que volveríamos a más de un siglo atrás, cuando, por ejemplo, si a uno le daba neumonía, aun siendo joven, el riesgo de morir era muy alto”. Se podría decir, de alguna manera, que volveríamos al mundo de Ehrlich de 1910.

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