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3 Jul 2020 - 3:28 p. m.

“Más que burocracia el término es papelocracia”

El director del Hospital Universitario San Ignacio analiza la respuesta del país ante la pandemia. Insiste en que la clave para salir bien librados de esto está en la cultura ciudadana.
Julio César Castellanos, director del Hospital Universitario San Ignacio en Bogotá.
Julio César Castellanos, director del Hospital Universitario San Ignacio en Bogotá.
Foto: Dirección de Comunicaciones Universidad Javeriana

En enero, cuando el doctor Julio César Castellanos escuchó las primeras noticias sobre la aparición de un nuevo virus en China pensó: “esto va a ser igual a lo del 2009 con el H1N1”. Aquella vez junto a los médicos del Hospital Universitario San Ignacio discutieron y analizaron cómo prepararse para hacerle frente a un virus respiratorio con una alta tasa de letalidad. La temida pandemia nunca se desató y los documentos quedaron guardados en sus computadores.

Pero esta vez las alarmas resultaron más acertadas y en pocas semanas el mundo comenzaba a sentirse acorralado por el SARS-CoV-2. El primer caso detectado en el hospital San Ignacio de Bogotá fue una médica que había viajado a una conferencia fuera del país. Inmediatamente Castellanos junto a sus colegas de la U. de la Sabana y otros hospitales universitarios establecieron canales de comunicación más directos con hospitales en España donde la pandemia arreciaba para tener información de primera mano.

“Les preguntamos por ejemplo por qué usaban escafandras y nos explicaron que cuando llegó el virus no tenían suficiente material protector y tenían a mano el material para lidiar con el ébola. Por eso lo usaban, no porque fuera necesario. Así fuimos aprendiendo”, cuenta Castellanos.

Ahora que las cifras en Colombia están aumentando día tras día amenazando la capacidad del sistema de salud para atender los casos más críticos, Castellanos hace un balance.

¿Qué ha sido lo más complejo en la preparación del hospital?

Lo más difícil fue entrar a competir por elementos de protección y suministros médicos en el mercado internacional.

¿Y ya bajó la presión en ese sentido?

En este momento si. La preocupación frente a la pandemia se centra en dos temas. Primero, que no se muera nadie por falta de cuidado. Ese es el momento crítico para un país cuando no puede dar cuidado ventilatorio avanzado a los que lo requieren. Colombia no ha entrado ahí afortunadamente. El Ministerio de Salud entregó 350 ventiladores más para Bogotá y estamos nivelando esa preocupación. El otro temor es llegar a un punto en que no se puedan manejar los cadáveres como ocurrió en otros países. Esos dos momentos críticos hay que evitarlos. Si la gente no se cuida ahora la preparación que logramos en las primeras semanas se va a perder. Es complejo porque estar confinados y el uso del tapabocas fatiga y cansa. Los que trabajamos con tapabocas también nos cansamos. Lo que preocupa es que la gente baje la guardia en este momento.

¿Cree que la preocupación por el número de ventiladores y camas de cuidado crítico nos está haciendo olvidar que el problema no se soluciona ahí sino con medidas preventivas?

En Colombia hasta ahora hemos logrado defendernos. Pero si usted se fija en los países que mejor lo han manejado, son países con alto índice de desarrollo humano y con sistemas educativos buenos. Esos sistemas educativos le enseñan a la gente el autocuidado desde que están pequeños. La mejor forma de vivir es cuidarnos. Nosotros no tenemos un sistema educativo tan bueno pero tenemos una estrategia que sirve y es la cultura ciudadana. Es una forma de educar de manera alterna una vez ya eres adulto. Desafortunadamente fue un proyecto que se fue diluyendo desde que estuvo Antanas Mockus en la alcaldía. El determinante más importantes de la salud es el comportamiento humano. No podemos dejar de invertir en eso porque sirve para todo.

¿Cuántos casos positivos han tenido entre personal de salud en el hospital?

Yo hago un reporte diario y le cuento a todos cómo vamos. Hemos tenido 170 personas positivas. Lo que hemos visto es que muchos de los contagios han ocurridos en momentos de descanso o interacción social. Por ejemplo, al tomar tinto. Nos tocó crear comparendos pedagógicos dentro del propio hospital. Hay un grupo de observadores por todo el hospital y advierten cuando ven comportamientos inadecuados. Luego yo envío una notica diciendo al responsable por qué está mal. La cultura ciudadana requiere de refuerzos de tipo simbólico, que como la sanción social, ayuda a cumplir las normas.

¿Hasta qué punto cree que se han cumplido las proyecciones iniciales que se hicieron de la pandemia?

Toda la vida he sido de menos proyecciones y más realidades. Cuando vi las proyecciones que sacaron algunas personas, una era de 70.000 muertos, no las creí mucho. Si nos cae un meteorito encima mueren un montón de personas, pero un virus como este no mata tan rápido. Esto llegó al mundo en diciembre y dos meses después ya teníamos un montón de gente posando de expertos. La realidad es que apenas estamos aprendiendo. Al final de cuentas sabemos que no puede haber más de 1% de muertos del total de la gente a la que le de.

¿Cree que Colombia debe pensar en nuevas cuarentenas?

Hay que considerarlo por grupos. No generalizado. Es lo que están intentando los países que manejan mejor la pandemia: controlar los focos. Lo hemos intentado pero no ha sido fácil. Como pasó con Corabastos y plazas minoristas. Lo que no podemos por ninguna circunstancia es detectar un foco de infección y no hacer nada. La realidad es que estamos ante una enfermedad que por ahora no tiene cura y esto depende más de toda la ciudadanía.

¿Cree que se ha logrado un mejor manejo de los pacientes críticos con respecto a lo que ocurría hace tres o cuatro meses?

Mucho. Nosotros hemos tenido 14 muertos desde marzo hasta acá. Pero en el último mes no tuvimos ninguno. ¿Qué quiere decir eso aún cuando están aumentando los casos? Que hacemos cosas con más conocimiento que antes. Ahora hacemos más pruebas, manejamos mejor los pacientes.

¿Estas experiencias y conocimiento qué tanto se comparte entre hospitales en Colombia?

Hay algo bien bonito y es que las sociedades de infectología y de cuidado crítico trabajan haciendo consensos. Hay discusiones amplias analizando lo que ven en la literatura médica y sus experiencias para llegar a acuerdos. Ha sido un gran trabajo de las sociedades científicas y nos ha permitido tener mejor respuesta. En Bogotá no hay semana en que no intercambiemos información.

¿De qué manera cree que enfrentar una pandemia como esta debería tarde o temprano traducirse en reformas al sistema de salud?

Nos ha ido mejor de la cuenta porque nos adaptamos rápido. Nuestro sistema no es malo. Tiene muchas cosas buenas. Pero hay detalles que muestran claramente que no está preparado para responder a esto. Por ejemplo, hoy existe el Plan Básico de Beneficios pero los casos de Covid se están cubriendo con lo que llamamos no PBS, es decir, directamente desde cuentas del Estado. Pero para eso se debe llenar un montón de formularios. El solo hecho de que un médico atendiendo una pandemia tenga que llenar una autorización que va al Ministerio de Salud es que algo está mal.

¿Se refiere a la burocracia?

Más que burocracia el término es papelocracia. Eso retrasa los tiempos de atención. Esos minutos se podrían invertir atendiendo pacientes pero nuestro sistema no entiende eso. Otro problema es que las malas EPS están saliendo favorecidas porque el MinSalud decidió que a las EPS con las que no se tenga contrato se les cobra la mitad de la tarifa de atención de Covid. ¿Cómo es que si tiene contrato, es decir que es una buena EPS, le cobro la tarifa completa y si no tiene contrato le cobro la mitad? Es absurdo. Afortunadamente esta norma se modificó y estamos revisando los alcances de la nueva.

¿Qué cree que va a pasar en las próximas semanas? ¿Seguiremos en algo parecido a lo que hemos visto hasta ahora o espera sobresaltos y cambios?

Alguien decía que la pandemia desnudó la inequidad. No la desnudó. Siempre ha estado ahí sólo que el que no quería verla no la veía. La pandemia se ha comportado en función del desarrollo social, territorial y educativo de cada región. Bogotá con la llegada de los nuevos ventiladores va a seguir respondiendo. Si evitamos situaciones como el Día Sin Iva o el Día del Padre no deberíamos tener sobresaltos. Si logramos hacer las acciones básicas de cuidado vamos a mantenernos así y en septiembre o octubre deberíamos ver mejores cifras. Esto depende cada vez más de nosotros mismos. Para el gobierno va a ser difícil pensar en cierres y cuarentenas. Uno no puede dejar a la gente en un estado de incertidumbre y miedo, prohibiendo que no salga y que no trabaje. Entre otras razones porque el trabajo es importante también para la salud mental. El encerramiento se vuelve un estado de desastre colectivo. Eso no puede ser. Descuidar la salud mental en estas circunstancias puede puede resultar peor que la pandemia.

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