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Moda que salva

Daniela Franco García

02 de mayo de 2014 - 11:53 a. m.
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La premisa de un tratamiento contra el cáncer es salvar la vida, pero detrás está la lucha que libran mujeres y hombres para que los cambios físicos que genera no afecten su autoestima. “Una completa mutilación o el rapto de un símbolo de feminidad” es como perciben muchas mujeres la extirpación de un seno o la caída del cabello, cuenta Rita Hernández, dama voluntaria de la Liga contra el Cáncer de Bogotá, quien padeció la enfermedad. Aunque afirma que no es su caso, conoce de cerca el drama que para muchas ha significado ver los cambios debidos a tratamientos como la quimioterapia o la extirpación de tumores. “Sufren bastante. Siempre he pensado que la vida después del cáncer de mama puede seguir de la misma forma, pero hay mujeres a quienes incluso las afecta un poco más las pérdida del cabello que la falta de un seno, que quizá un implante puede suplir”. (Vea galería de imágenes)

El afán de suplir aquello que ya no está lleva a las mujeres que padecen la enfermedad a entrar en lo que podría denominarse un mundo paralelo de la belleza. Un look, un sostén e incluso el maquillaje cobran un nuevo significado cuando se tiene cáncer. Después de todo, cuenta Lucila León, sobreviviente de la enfermedad y miembro de la Liga contra el Cáncer, “lucir bien te da un impulso para seguir; en cierta forma te recuerda aquellos días en que todo era normal, cuando no tenías la enfermedad”.

El médico Daniel Gutiérrez, experto en esta área de la salud, indica que elementos como “una prótesis o una peluca ayudan anímicamente al paciente en gran medida, y lo cierto es que la experiencia terapéutica confirma que las personas que se deprimen tienen más complicaciones posquirúrgicas y menor recepción a la quimioterapia. Un paciente deprimido hace más rápido metástasis, y es allí donde la psicoterapia resulta esencial”.

Fue precisamente la premisa de “mente sana, cuerpo sano” la que llevó a Lina Trujillo, sobreviviente de cáncer de seno, a dejar su trabajo y combinar su pasión por las artesanías con la venta de extensiones de pestañas semipermanentes: “Cuando uno tiene cáncer, ve las cosas de otra manera, encuentra felicidad en algo tan aparentemente insignificante como una pestaña. Cuando yo las perdí, junto con mis cejas, pasé por un momento muy impactante, así que aprendí a maquillarme de manera que me viera lo más natural posible. La verdad es que con el tratamiento uno se ve pálido, a veces como verde. Es una pelea con la autoestima, con tu propio ánimo”.

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“En el afán de que todas mis compañeras de tratamiento entendieran que en la medida en que uno se ve bien así mismo se va a sentir, empecé a mostrarles la importancia de tratar de vernos lindas”, cuenta Trujillo. Por eso optó por capacitarse y empezó a dictar talleres a sus compañeras en oncología sobre cómo utilizar pestañas postizas, porque el cáncer no puede matar la vanidad.

Pelucas sintéticas, con cabello natural, capules, contornos de cabello, sostenes o vestidos de baño con prótesis removibles, ayudan a sobrellevar una vida con cáncer. A ese “otro” mundo de la belleza entró Guillermo Herreño. No padece la enfermedad: es peluquero de Oasis, la sala de belleza del Fundación Cardioinfantil. Su tarea allí, afirma, le ha cambiado la vida. Corta el cabello de mujeres, niñas y hombres cuando comienza a caer, ayuda a crear pelucas y, entre otras cosas, asesora en técnicas de maquillaje a quien lo necesite. “Tratamos de hacerles la enfermedad más llevadera a los pacientes. Ellos cargan con el cáncer y nosotros tratamos de darles luz a sus rostros por medio de la belleza”.

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Basa su trabajo en investigaciones como las del hospital Clinic de Barcelona, que reveló que cerca del 30% de las personas con cáncer que reciben un servicio de estética o peluquería reflejan un mejor ánimo y recepción a los tratamientos. Pese a lo anterior, resalta que, más allá de las investigaciones, su experiencia le ha permitido confirmar que detrás del cáncer hay un mundo de belleza que cura.

Por Daniela Franco García

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