22 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Niños con cáncer, en vilo por desabastecimiento de medicamento

La citarabina, una medicina usada para tratar diferentes tipos de cáncer, está desabastecida en Colombia debido a una serie de hechos desafortunados en el país y en el mercado internacional. Oncólogos pediatras dicen que hay unos 200 menores que no pueden acceder a su terapia habitual.

Quienes se han especializado en tratar a pacientes con cáncer tienen un largo listado de medicamentos que utilizan para combatir la enfermedad. Hay medicinas nuevas, como los llamados biotecnológicos, que han revolucionado las terapias oncológicas y que también han representado enormes costos para los sistemas de salud. Otras, por el contrario, son más antiguas y más baratas, pero continúan siendo parte vital del tratamiento que reciben muchos pacientes. La citarabina es parte de este segundo grupo, pero quienes la necesitan hoy en Colombia se están enfrentando a un gran problema: no la encuentran en el país. Está desabastecida. (Le puede interesar: El grito de auxilio de los pacientes con falla renal por interrupción de las diálisis)

“Estamos muy preocupados porque los pacientes no están recibiendo este medicamento. Eso puede generar un mayor riesgo de recaída y puede tener consecuencias mucho más graves”, dice Yolima Méndez, presidenta del Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil (OICI). “Necesitamos resolver esta situación pronto antes de que el problema sea más grave”, complementa Agustín Contreras, presidente de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología Pediátrica (ACHOP).

A lo que ambos se refieren es a que sin la citarabina hay pacientes con cáncer que están empezando a pasar aprietos. Entre ellos unos 200 niños que la requieren con urgencia, pues el fármaco es esencial para tratar unos de los cánceres más frecuentes en la edad pediátrica: la leucemia linfoblástica aguda, la leucemia mieloide aguda y los linfomas no Hodgkin. (Le puede interesar: Colombia, en un punto crítico en el desabastecimiento de medicamentos)

Hace unos días, Méndez y Contretas se habían unido para publicar un breve comunicado en el que lanzaban un mensaje de urgencia. “Hacemos un llamado al Gobierno Nacional y prendemos alarmas sobre esta grave situación que pone en riesgo la vida de niños con cáncer que se encuentran en tratamiento activo”, señalaban.

Según sus cálculos, hay 16 IPS con servicios de oncología pediátrica en todo el país que no tienen ese fármaco entre su inventario. “Cada día que pasa el problema crece y perdemos una oportunidad”, recalca ahora Contreras. “Si un niño se atrasa en su tratamiento, puede tener recaída. Cuando eso sucede es más difícil la curación y puede terminar necesitando un trasplante. Eso implica más sufrimiento para el paciente y es mucho más costoso para el sistema de salud”.

La situación de desabastecimiento de la citarabina la empezaron a notar hace unos tres meses. A medida que el problema se hacía más grave, las asociaciones médicas se contactaron con el Ministerio de Salud para encontrar una salida. Luego de varias reuniones, cuentan, esa cartera hizo las gestiones para que el 9 de junio el Invima declarara ese fármaco como vital no disponible, una figura que permite importar, de manera más rápida, ese producto. Sin embargo, dos semanas después, las dificultades continúan. (Le puede interesar: Coronavirus: el panorama de los 100.584 muertos que deja la pandemia en Colombia)

Hay varias razones que explican ese gran problema que enfrentan hoy médicos y pacientes. Como explica Leonardo Arregocés, cabeza de la Dirección de Medicamentos de Tecnologías en Salud del Ministerio, se juntaron una serie de desafortunados sucesos. Por un lado, de los seis oferentes que tenían autorización (registro sanitario) para comercializar el medicamento, uno dejó de venderlo. A diferencia de otras medicinas para el cáncer, la citarabina tiene un bajo precio que no parece seducir a todos los importadores de medicamentos: 100 mg de solución inyectable no superan los $25.000, aunque su valor puede ser mucho menor.

Por otro lado, asegura Arregocés, otros tres titulares hicieron cambios en la solicitud del registro sanitario y uno de ellos es el productor más grande. “Tiene cerca del 55 % del mercado. Los restantes no pueden atender la necesidad del país, lo que ha generado inconvenientes en el suministro”, dice.

El otro hecho desafortunado tuvo que ver con un escenario internacional. “Uno de los productores en Argentina decidió hacer un cambio en la formulación del medicamento, pero para aprobarlo es necesario llevar a cabo nuevos estudios, y ya no comercializan la versión que se distribuía en Colombia. Otro de los proveedores decidió suspender por un tiempo la producción de citarabina porque tuvo que hacer ajustes en su planta. Sumado a eso, uno de los productores más grandes del principio activo está en India, cuya industria está pasando dificultades por la pandemia”, señala Arregocés.

Pero hay otro problema en el país que parece difícil de resolver y que no es la primera vez que se presenta en el mundo farmacéutico. “Sabemos que hubo unos pocos centros de salud que compraron todas las existencias del medicamento y dejaron a los otros sin medicina. El Ministerio de Salud debería crear mecanismos regulatorios para que eso no suceda”, apunta Contreras.

Aunque prefiere no dar nombres de las IPS que lo hicieron, sí hubo, confirma Arregocés, unas que acapararon el inventario de citarabina que llegó en mayo, dejando al resto sin acceso al tratamiento. “No esperábamos que eso sucediera, pero nosotros, como Ministerio, no estamos autorizados para establecer cuánto y a quién se le vende. Por ahora, esta semana deben salir nuevos registros sanitarios y esperamos que a finales de junio o principios de julio ya haya más existencias del medicamento”, explica. “Lo que está claro es que tenemos un problema de fondo: nuestro sistema está identificando muy tarde los desabastecimientos y es algo que tenemos que corregir”.

Por lo pronto, como asegura la doctora Méndez, los pacientes seguirán armándose de paciencia. Hasta el momento no ha habido desenlaces fatales, pero la solución debe llegar pronto. “La ventana de espera”, apunta, “no puede ser tan grande”.

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