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Nutrición infantil, la mejor inversión

Educación y alimentación para menores de cinco años, ahí está la clave del éxito según empresarios, científicos y economistas.

Redacción Salud

12 de febrero de 2008 - 11:34 a. m.
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Cada vez son más los empresarios convencidos de que invertir en la nutrición de niños menores de cinco años resulta más rentable para la sociedad que promover cualquier otro tipo de proyecto social. Y mejor aún, descubren que cada peso dirigido a programas que combaten la mala alimentación, tiene un alto impacto en la productividad de los mercados.

Los ejemplos de empresas vinculadas a proyectos que luchan contra la desnutrición infantil se replican por todo el mundo. En Nigeria, la compañía Dupont, en coordinación con el gobierno nigeriano, proporciona proteína de soya fortificada en bebidas a niños en programa de alimentación escolar.

Mientras tanto, en el África Subsahariana, donde el 70% de los niños sufre desnutrición, la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington promueve el consumo de una mantequilla de maní enriquecida con todos los nutrientes que necesita un menor.

En Colombia son varias las empresas vinculadas a este tipo de iniciativas. Una de ellas, la Fundación Éxito, el año pasado invirtió cerca de 11.000 millones de pesos en diferentes programas de recuperación nutricional, la mayoría orientados a la primera infancia y a niños discapacitados.

Según Germán Jaramillo, director de esta fundación, en el sector empresarial las inversiones están muy orientadas a la educación bajo la premisa de que la educación es un gran factor de movilidad social. Pero, dice Jaramillo, “eso como planteamiento general es cierto, pero por mucho que se hace en Colombia por mejorar, cuando nos comparamos con otros países los resultados no son muy satisfactorios. Le echamos la culpa, por ejemplo, a los maestros. Pero hay una problemática mayor: los niños se desmayan en clase, llegan sin ningún alimento y no pueden atender a las clases”.

En los últimos años, científicos y economistas han acumulado evidencia que demuestra cómo las inversiones en las primeras etapas de la vida son las más cruciales de todas.

James Heckman, de la Universidad de Chicago, señala que las intervenciones tempranas reducen el crimen, promueven la graduación de bachillerato y la asistencia universitaria, reducen los costos de repetición de años escolares y ayudan a prevenir el nacimiento de bebés de madres adolescentes. En cifras blancas: las tasas de retorno estimadas son del 4% por participante y del 12% para la sociedad en general.

Caso chileno

Chile quizás sea el mejor y más cercano ejemplo de lo que significa invertir en las poblaciones más jóvenes. Fernando Mönckeberg Barros, decano de la Facultad Ciencias de la Salud de la Universidad Diego Portales y quien participará esta semana en un simposio sobre nutrición en Bogotá, recuerda que Chile tenía hacia 1960 uno de los más altos índices de mortalidad infantil. En 40 años, ese índice pasó de 120 muertes por mil a tan sólo 8 por mil.

“Chile contradice la creencia de muchos economistas en el sentido de que no es posible lograr progresos sustantivos de nutrición y salud, si aun persiste el subdesarrollo y la pobreza –explica Mönckeberg–. Y añade: “Para nosotros no es posible alcanzar el desarrollo si un porcentaje muy alto de la población está siendo dañada como consecuencia de la pobreza y la malnutrición”. A pesar de las crisis económicas que afrontó Chile en 1975, 1982 y 1999, los programas contra la desnutrición no se sacrificaron.

Según Documento Conpes de 2005, los niños atendidos en hogares comunitarios en el país ascienden a 1.053.000 y la meta para 2010 es  incrementar la atención en 400.000 niños. Germán Jaramillo señala que el objetivo de los empresarios es participar de una tarea que en principio le corresponde al Estado: “Pensamos que la tarea no es reemplazar al Estado sino complementarlo”.

Proyectos para niños más sanos


Uno de los proyectos que concursará en el 5to Premio Fundación Éxito por la Nutrición Infantil, se desarrolla en la Vereda El Pablón en Bucaramanga (Santander). En esta comunidad, compuesta en su mayoría por madres cabezas de familia que trabajan de manera informal, los índices de desnutrición infantil eran muy altos. Se decidió crear, hace ya cinco años, un comedor con el objetivo de disminuir el riesgo de desnutrición en el 100% de los niños beneficiarios y mejorar sus hábitos alimentarios y, por consiguiente, mejorar su rendimiento académico. El resultado ha sido asombroso: se mejoró en un 80% el rendimiento académico de los niños; disminuyeron las manifestaciones de agresividad entre ellos en un 80%; y se notó una recomposición de las relaciones intrafamiliares.

Criando peces


Otro proyecto que concursa por este premio se adelanta en el municipio de Yalí (Antioquia). Desde 1979 cuando se creó un servicio de restaurante en el Centro Educativo San Pedrito, suministrar proteína animal en las comidas resultaba imposible por sus altos costos. De allí nació la idea de establecer un cultivo de peces en estanques que aportara, inicialmente, calidad nutricional a los estudiantes y las familias que participaban en las labores. Una vez satisfechas las necesidades alimentarias, los excedentes de la producción se comercializaron para la sostenibilidad del proyecto y para mejorar la seguridad alimentaria y nutricional de la comunidad. Actualmente se benefician 80 familias.

Por Redacción Salud

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