Hace un par de días, (el 28 de abril para ser exactos), médicos de la Fundación Santa Fe de Bogotá realizaron una cirugía vital para el cáncer de vejiga, una enfermedad que se le diagnostica a aproximadamente 610,000 personas (el equivalente a la población de una ciudad como Bucaramanga) en todo el mundo cada año. Su paciente tenía un tipo de cáncer que invade el músculo de la vejiga “y es altamente mortal”, como explica el Dr Juan Ignacio Caicedo, especialista en neurología y cirugía robótica de la Fundación Santa Fe. No es tan común (representa el 25- 30% de los casos), en comparación con el que se encuentra únicamente en el revestimiento interno de la vejiga y no se han extendido al músculo, pero es más grave.
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Gracias a su complejidad requiere de una cirugía para su tratamiento, en el que se debe quitar la vejiga, y de paso la próstata (cuando se trata de un paciente hombre), hacer una reconstrucción de la vía urinaria con segmentos de intestino, crear una nueva vejiga en su puesto o un conducto ileal para administrar o depositar la orina en una bolsa.
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Aunque es complejo, Caicedo lo explica en palabras sencillas gracias a la experiencia que tiene tanto él, como la Fundación Santa Fe, donde no es extraño ver estos casos. Pese a esa experiencia, la cirugía del 28 de abril tiene algo especial. Fue la primera vez que se hizo en este lugar con la asistencia de Da Vinci, un robot que le permite a los médicos tener mayor precisión y con esto, “un impacto mucho menor en el organismo del paciente, sin necesidad de ser hospitalizado en unidades de cuidado intensivo, un menor sangrado, una recuperación más corta, una salida más rápida del hospital, con mucho menor dolor”, afirma el especialista.
La Fundación viene usando esta tecnología desde 2015 en especialidades de cirugía general, cirugía urológica, ginecológica, oncológica, bariátrica, hepatobiliar y cirugía de colon y recto. Este sistema hace que las cirugías más complejas, que se hacen por laparoscopia, una técnica quirúrgica que permite observar y operar el interior del abdomen a través de pequeñas incisiones (0.5-1.5 cm) utilizando una cámara, “puedan ser realizadas de una manera sistemática exacta”, agrega Caicedo.
El robot Da Vinci permite perfeccionar todos los movimientos del cirujano con un rango de movimiento mayor al de la mano humana. Su tecnología minimiza las posibilidades de error en relación a otros sistemas quirúrgicos como la laparoscopia, procedimiento en el que el cirujano debe operar con instrumentos rígidos y una visión del área anatómica en 2D. Por su parte, el Da Vinci ofrece una visión tridimensional, con amplificación de hasta 10 veces de la zona intervenida.
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Las ventajas que le brinda al paciente son las que mencionó Caicedo (menor dolor y sangrado, y una recuperación más rápida), pero para los cirujanos también resulta beneficioso. “Pueden hacer más cirugías, hacerlas mejor, cansarse menos, estar más relajados, y tener menos complicaciones con sus pacientes, que siempre es algo que buscamos”, explica Caicedo.
Además de la Santa Fe, otros centros médicos también cuentan con este sistema: el Hospital Infantil Universitario de San José, la Fundación Clínica Shaio, la Clínica del Country, LaCardioinfantil, la Clínica Marly (donde se hizo el primer procedimiento asistido por un robot en Colombia en 2010), entre otros pocos.
Estos lugares tienen algo en común: todos están ubicados en Bogotá. Pocos equipos Da Vinci u otras tecnologías similares están fuera de la capital. En Santander, por ejemplo, el Hospital Internacional de Colombia (HIC), ubicado en el área metropolitana de Bucaramanga, es una de las pocas excepciones.
Este centro médico se ha convertido en un referente de cirugía robótica a nivel nacional. El mes pasado empezó a operar con el sistema quirúrgico robótico Mantra 3 y se convirtió en la primera institución del país en utilizar esta tecnología.
A diferencia de Da Vinci, Mantra tiene una consola abierta, es decir que no solo el cirujano puede ver el interior del paciente, sino todos los que están en la sala pueden observar en 3D, según explica Mohit Tripathi, especialista de SS Innovations, empresa creadora y fabricante de este robot.
Este sistema se puede usar en cirugía cardíaca, urológica, ginecológica, torácica y de cabeza y cuello, entre otras áreas, y permite abordar estructuras complejas con mayor control y optimizar el desarrollo de cada intervención. “La cirugía es mucho más precisa, porque se trabaja a través de un sistema tridimensional donde los órganos se ven perfectamente, donde los movimientos que se hacen en el comando son tan sensibles y perfectos que los transmite al robot en las mismas condiciones”, explica el Dr Víctor Raúl Castillo Mantilla, CEO del Hospital Internacional de Colombia.
Mantra 3 se suma a Mako, un brazo robótico para cirugías de ortopedia, utilizado en los reemplazos de rodilla y de cadera en el HIC. Hasta la fecha, dice Castillo, han operado más de 600 pacientes con esta tecnología, “y ninguno se ha infectado. La hospitalización se ha reducido a un 20% en el tiempo, es decir, si antes duraban tres o cuatro días, ahora están máximo un día y algunos procedimientos son ambulatorios”, agrega.
Una tecnología que no está al alcance de todos
Pese a todas estas ventajas, los centros médicos en el país que ofrecen estas tecnologías son pocos. Aunque en Colombia empezamos a hablar de cirugía robótica hace 16 años, su expansión ha sido lenta, y quienes lo ofrecen por lo general son instituciones de alta complejidad. Se estima que en el país, actualmente, no hay más de diez equipos Da Vinci, y este es el más común.
En Brasil, por ejemplo, hay unos 160 robots Da Vinci para una población casi cuatro veces más grande que la de nuestro país. “Estas tecnologías han ido ganando fuerza. Sin embargo, son más conocidas cuando estás en el sector de la salud, porque para los demás no es un tema establecido aún”, dice Thiago Veloso, gerente de Entrenamiento y Educación de Robótica para Latinoamérica, de Medtronic, una empresa que desarrolla tecnología para la salud, incluidos robots quirúrgicos.
Esta empresa creó un robot similar a Mantra 3, su nombre es Hugo RAS, presente en más de 30 países, incluido Brasil. Este robot le permite al cirujano “llegar a partes donde no podría llegar con tanta precisión y control”, afirma Veloso, el encargado de entrenar a quienes adquieren esta tecnología.
Lo que hacen estos sistemas de asistencia no son cosas nuevas, sino que “posibilitan otros abordajes quirúrgicos, en procedimientos que ya se hacen, porque vienen para mejorar la técnica quirúrgica de la laparoscopia y de la cirugía abierta”, agrega.
Sin embargo, sus precios y las capacidades de los sistemas de salud pueden limitar su adquisición. Un robot Da Vinci, por ejemplo, puede costar entre 1,5 a 2,5 millones de dólares, más los costos de mantenimiento y el entrenamiento de los cirujanos.
La buena noticia es que con el desarrollo acelerado de este tipo de tecnologías, y el avance de la inteligencia artificial, los precios se han ido reduciendo. Por esto, el Dr Víctor Castillo, del Hospital Internacional de Colombia, cree “que en cuatro o cinco años habrá 80 o 100 hospitales de tamaño mediano hacia arriba con robots”.
Desde su punto de vista, la cirugía robótica “tiene que dejar de ser cirugía para una élite especial. Ese privilegio de ser operado con más precisión y seguridad debe ser para todos los pacientes”, menciona.