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A través de un protocolo de movilidad, pacientes en una unidad de cuidados intensivos (UCI) podrían reducir hasta en seis días su tiempo de entubación y salir mucho más rápido de la hospitalización.
Así lo señala un estudio realizado en el Departamento de Movimiento Corporal Humano, de la Universidad Nacional de Colombia, a partir de un trabajo de campo en el Hospital Universitario de la Samaritana, en Bogotá.
“Hay un temor con la expresión ‘paciente en estado crítico’, pues da la idea de que no se les debe mover. En la investigación encontramos que eso resulta más benéfico que dejarlos quietos”, sostiene Daniela Charry, estudiante e investigadora que participó en la investigación, junto con Viviana Lozano y Yohana Paola Rodríguez.
El protocolo aplicado es de movilización y sedestación progresiva temprana. Incluye una serie de ejercicios planeados de manera secuencial, los cuales pueden requerir asistencia o se pueden realizar autónomamente, con el objetivo de prevenir una hospitalización prolongada.
La estancia larga en una UCI se relaciona con complicaciones como desacondicionamiento, reducción de los volúmenes pulmonares, deterioro del intercambio gaseoso, lesiones de nervios periféricos y reducción general del estado de salud.
Según el estudio, se ha llegado a afirmar que después de siete días de soporte ventilatorio, entre el 25 % y el 33 % de los pacientes experimentan debilidad neuromuscular, que aumenta la permanencia en la UCI.
Frente a este tema, se dieron a la tarea de justificar la actividad física temprana como una modalidad factible y segura que debe formar parte de las primeras líneas de tratamiento. Para ello, se llevó a cabo el ejercicio entre febrero y abril de 2013, con el fin de comparar esos resultados con los del mismo período, dos años atrás, antes de aplicar el protocolo.
En el proceso se buscaron 79 pacientes que no tuvieran más de 72 horas internados. Con 20 de ellos se hizo una valoración general para definir en qué nivel puede arrancar el protocolo. Los ejercicios para estas etapas se hacen dos veces al día durante toda la semana.
Estos niveles fueron la base para corroborar los seis días que reduce el usuario su estancia en la UCI y el período que de igual forma disminuye con ventilación mecánica.
Movimientos analizados
El nivel I corresponde a personas que se encuentran en coma, sedadas o en estado de nula cooperación con el terapeuta. En este caso se mueve a la persona de un lado a otro y se le deja en una posición específica durante mínimo 30 minutos.
Si el usuario puede responder a tres de cinco órdenes que se le asignen (por ejemplo, apretar el puño, abrir la boca y sacar la lengua), pasa a un segundo nivel en el cual podrá mover de forma asistida o activa las cuatro extremidades y sentarse con ayuda de la cabecera de la cama.
Para el nivel tres es necesaria la autonomía de los brazos. En este punto, la ayuda se enfoca en la movilidad activa con algo de ayuda y el paciente puede sentarse al borde de la cama, lo cual requiere esfuerzo postural.
Cuando puede ejercitar las piernas, estaría listo para el cuarto nivel, en el que hay probabilidad de que sostenga su cuerpo para ayudarlo a sentarse en una silla.
“En materia de signos vitales y procesos fisiológicos, el protocolo demostró ser seguro y viable en situación crítica”, comenta Daniela Charry.
Finalmente, las estudiantes compararon sus resultados con los primeros datos y, luego de aplicar los ejercicios, se estableció que los pacientes duraban con ventilación mecánica 7,95 días, mientras que en 2011 la duración había sido de 14,35, es decir 6,4 días más que con la actividad física temprana.
“La reducción es favorable al usuario y es significativamente buena a nivel clínico. La proyección es repetir el estudio con mayor tiempo de trabajo y mayor número de personas (300 aproximadamente)”, sostiene la estudiante e investigadora.
De igual forma, agrega que sería importante utilizar implementos de fácil acceso en los hospitales como balones terapéuticos.