11 May 2021 - 7:08 p. m.

Las ciudades de Colombia están pasadas de peso

El sobrepeso, la obesidad y la obesidad abdominal han aumentado en la población urbana. Uno de los datos más alarmantes es el incremento del exceso de peso corporal de niños y adolescentes, según el Sistema Nacional de Estudios y Encuestas Poblacionales para la Salud.

Johanna Ortiz Rocha

En cuestiones de peso Colombia reúne lo peor de dos mundos: no ha superado el lastre de enfermedades prevenibles como la parasitosis, las infecciosas y las respiratorias, ligadas a la pobreza y el atraso, y ya debe enfrentar dolencias ocasionadas por el exceso de masa corporal y la obesidad, hasta hace poco vinculadas a los países desarrollados.

Las cifras son contundentes: en adultos el sobrepeso alcanza 36,2 % y la obesidad llega a 21,3 %; las mujeres —contrario al imaginario de que cuidan más su figura— sobrepasan en más del doble a los hombres, tanto en sobrepeso como en obesidad.

Los menores, a su vez, también se están engordando: uno de cada tres supera los estándares de Índice de Masa Corporal (IMC) en lo que se considera un peso adecuado por edad. La prevalencia general de sobrepeso es de 23,3 %, y la de obesidad se ubica en 8,8 %; los niños superan a las niñas.

Estos resultados son parte de un estudio liderado por Carlos O. Mendivil, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, hecho en las cinco principales ciudades de Colombia (Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga). Los datos se recogieron entre junio y noviembre de 2018 y los resultados fueron divulgados a mediados de 2020. La muestra estuvo compuesta por 1.922 personas: 1.537 adultos y 385 niños, cuyas edades estaban entre 2 y 75 años, y mediante un muestreo probabilístico se garantizó la representatividad de todos los estratos socioeconómicos y áreas geográficas.

Los autores explican este preocupante fenómeno por una dinámica muy particular de Colombia: una transición nutricional y demográfica que ha cambiado los hábitos alimenticios de las personas. Es así como, a medida que el ingreso de los hogares ha mejorado, también se ha acentuado la tendencia a saltarse las comidas o a alimentarse mal por falta de tiempo. De igual forma, cada vez más gente abandona las áreas rurales para desplazarse a las ciudades donde aumenta la pobreza. El resultado es el incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, que típicamente se asociaban a los países desarrollados.

A los investigadores les llamó la atención el hecho de que el sobrepeso y la obesidad de las personas son mayores cuanto menor es su nivel educativo y el estrato socioeconómico del hogar. En niños se observó lo contrario, lo cual podría reflejar diferentes etapas de la epidemia y de la transición socioeconómica y nutricional.

Los resultados del estudio no solo alertan sobre la magnitud de la problemática en Colombia, tanto en adultos como en niños. También ayudan a identificar los grupos con mayor riesgo de padecer obesidad (mujeres adultas, personas de segmentos de bajos ingresos y bajo nivel educativo), que necesitan ser tratados mediante estrategias de salud pública.

La prevalencia del bajo peso ha disminuido en todo el mundo desde 1980, mientras que el sobrepeso y la obesidad han aumentado simultáneamente, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, en los países más avanzados, esta tasa tiende a estabilizarse en contraste con lo que sucede en los países en desarrollo, donde cada vez hay más gorditos. En 2015, se estimó que el exceso de peso corporal produjo aproximadamente 4 millones de muertes.

¿Cómo se define la obesidad?

“La obesidad es una acumulación anormal o excesiva de grasa en el tejido adiposo, a un nivel tal que deteriora la salud”, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una de las conclusiones de su estudio, cuyo objetivo era describir la prevalencia de obesidad, sobrepeso y obesidad abdominal y su asociación con el nivel socioeconómico del hogar (NSE) y el nivel educativo, es que las estrategias de salud pública para prevenir la obesidad tienen que ser multidimensionales. Así, deben involucrar necesariamente lo inherente a los alimentos, al precio, a su accesibilidad y disponibilidad, pero no es lo único; hay que educar a las personas para que sepan escoger, labor que va ligada al rotulado nutricional de los alimentos empacados, pues se debe informar claramente qué se está comiendo.

Al mismo tiempo, el profesor enfatiza que tales acciones tienen que acompañarse de campañas de prevención y promoción de la actividad física, que garanticen la disponibilidad de entornos saludables, seguros, amplios, donde las personas puedan practicar actividad física libremente.

Pero, sobre todo, es de vital importancia que se reconozca la obesidad como un problema médico y no estético, que debe ser atendido por un profesional de la medicina o de otra ciencia de la salud. Aunque el sistema de salud ponga trabas, el sobrepeso y la obesidad ameritan un tratamiento en muchos casos farmacológico, al igual que otras enfermedades.

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