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OPINIÓN

Patentes, vacunas y liderazgo: el cambio de juego

Diana Guarnizo Peralta*
06 de mayo de 2021 - 05:51 p. m.

El anuncio de ayer del Gobierno de Joe Biden de apoyar la suspensión temporal a las patentes de vacunas para COVID-19 es una noticia positiva que plantea un cambio de juego en el debate sobre el acceso equitativo a estos bienes. . Colombia, sin embargo, sigue sin tomar una posición clara en este tema.

El 83% de las vacunas se han repartido en países ricos y de ingreso medio-alto, mientras que apenas el 0,3% han sido usadas en los países más pobres.
El 83% de las vacunas se han repartido en países ricos y de ingreso medio-alto, mientras que apenas el 0,3% han sido usadas en los países más pobres.
Foto: NATALIA PEDRAZA BRAVO

El anuncio de ayer del Gobierno de Joe Biden de apoyar la suspensión temporal a las patentes de vacunas para Covid-19 es una noticia positiva que plantea un cambio de juego en el debate sobre el acceso equitativo a estos bienes. Colombia, sin embargo, sigue sin tomar una posición clara en este tema. Dicha posición no se compadece con la realidad del país que necesita aumentar la velocidad de vacunación, ni con la de otros países en peor situación en donde todavía ven lejano el inicio formal de un plan de vacunación.

El problema de la escasez de vacunas y las patentes

No es un secreto que el 83% de las vacunas se han repartido en países ricos y de ingreso medio-alto, mientras que apenas el 0,3% han sido usadas en los países más pobres y que algunos países ni siquiera han puesto el primer pinchazo. Aunque algunos alegan que el problema es de escasez, varias organizaciones han señalado que dicha escasez es artificial, originada en las distintas barreras legales, de recursos y tecnología que impiden aumentar la producción mundial. Una barrera clave, aunque no la única, está relacionada con el régimen de propiedad intelectual internacional regulada en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). Este acuerdo protege al inventor de un producto con derechos exclusivos para comercializarlo por un cierto tiempo, lo que muchos hemos escuchado como patente. La patente impide que, por ejemplo, un laboratorio de India o Brasil pueda usar la fórmula de la vacuna creada en un laboratorio de EEUU o Europa para fabricar vacunas en masa, pues ello lo enfrentaría a una segura demanda por parte de los dueños de los derechos de comercialización de la vacuna.

Estos debates sobre propiedad intelectual se llevan a cabo en la Organización Mundial del Comercio. Allí, India y Suráfrica, dos países de ingreso medio como Colombia, propusieron en octubre pasado una suspensión temporal al régimen de propiedad intelectual por al menos un año o hasta que la inmunidad de rebaño se alcance. Esta decisión ha sido patrocinada a la fecha por 58 países y respaldada por más de 100. Entre tanto, los países de ingreso alto como Estados Unidos, el bloque de la Unión Europea, el Reino Unido, Australia y Japón entre otros, se habían opuesto a la iniciativa. Otros países de ingreso medio-alto como Brasil también se unían a este grupo de opositores. Dado que la decisión debe ser tomada por unanimidad, esta oposición de bloque, aunque minoritaria, había resultado efectiva, hasta ahora, para impedir la medida.

El cambio de juego

Con el anuncio hecho ayer por el gobierno de Biden de que apoyará la suspensión a las patentes se reacomodan las fichas en el tablero de juego. EEUU es uno de los países con más laboratorios farmacéuticos en su territorio. El cambio en su posición es entonces un paso decidido a favor del acceso equitativo a vacunas, incluso cuando ello supone desmarcarse de la industria farmacéutica nacional. Con esta decisión, además, EEUU retoma el liderazgo en el manejo mundial de la pandemia que estuvo ausente durante el gobierno de Trump, más preocupado de la situación nacional. Más aún, este anuncio abre una grieta en el bloque de países que se oponían a la suspensión, obligando así a la Unión Europea a plantearse un cambio de posición.

Ahora bien, es necesario tomar esta declaración de EEUU con una pizca de precaución. De un lado, no está claro hasta qué punto irá el respaldo de este gobierno. En la cuenta de Twitter donde se hizo el anuncio se lee que el respaldo será a la suspensión de patentes a las vacunas, pero nada menciona de apoyar la transferencia de conocimiento (‘know how’) y tecnologías, igualmente necesarias para impulsar la producción. Por otro lado, sería ilusorio pensar que estos cambios tendrán un impacto inmediato en la disponibilidad de vacunas y el ritmo de vacunación en los países más pobres. Antes de entrar en vigor, esta propuesta tendrá que ser discutida en la próxima reunión del Consejo de los ADPIC y luego votada en la Asamblea de la OMC. Durante ese tiempo, varias negociaciones tendrán que darse para definir el texto final. Una vez adoptada, los países tendrán que tomar medidas internas en sus legislaciones para poner en marcha dichos acuerdos. Aún así, serán pocos los países que podrán hacer uso de la suspensión pues son pocos los que disponen de la capacidad técnica e industrial para hacerlo. En América Latina, Brasil es probablemente uno de los países que podría aplicar la suspensión a las patentes e iniciar la producción de ciertas vacunas ya que tiene la capacidad de producción para hacerlo, pero que aún así no apoya la suspensión.

La posición de Colombia

Colombia se había desmarcado del bloque de países de ingreso medio y bajo que apoyaba la suspensión temporal argumentando que su posición es “intermedia” y que lo que buscaba es un acercamiento entre las dos posiciones. Así lo había manifestado el mismo Santiago Wills, representante permanente de Colombia ante esta organización y presidente del Consejo de los ADPIC en varias entrevistas. Esta vía “intermedia” o “tercera vía” era también propuesta por la nueva directora de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala. Según ella, la forma de asegurar el abastecimiento mundial es impulsando licencias voluntarias no-exclusivas. Estas licencias permitirían a los actuales laboratorios dueños de las patentes hacer acuerdos voluntarios con otras compañías para aumentar la producción. El problema de esta iniciativa, que ha estado siempre disponible, es que las empresas no han mostrado interés en adoptarla y, dado que es voluntario, nadie puede forzarlas.

Hasta ahora, Colombia había confiado la adquisición de vacunas a la negociación individual con las farmacéuticas y a COVAX, un mecanismo de cooperación multilateral impulsado por la Organización Mundial de la Salud, algunos filántropos como la fundación Bill y Melinda Gates y varios países ricos, en su mayoría occidentales, como EEUU y la Unión Europea, entre otros. El mecanismo permite a los participantes auto-financiados comprar vacunas a un coste reducido, y a los financiados recibirlas de manera gratuita. Un mecanismo de venta de vacunas a bajo o nulo coste, dependiendo el caso. Sin embargo, este mecanismo tiene impactos limitados para el acceso a vacunas para Colombia. En el mejor de los casos este nos permitiría acceder a vacunas necesarias para el 20% de la población, al menos en las primeras etapas. Sin embargo, en el primer semestre de 2021, Covax le asignó a Colombia apenas un poco más de 2 millones de dosis, casi cerca del 10% del compromiso. Sin medidas efectivas para aumentar la producción global será muy difícil acelerar las entregas de compras hechas, por dentro y fuera del mecanismo, y lograr así la tan anhelada vacunación del 70% de la población, suficiente, en teoría, para lograr la inmunidad de rebaño.

Algunos activistas y países más pobres han criticado el mecanismo COVAX por considerarlo un mero paliativo de los países más ricos para silenciar las críticas por su falta de cooperación internacional. Colombia, sin embargo, ha destacado en este mecanismo, particularmente el mes pasado cuando el ministro Fernando Ruiz Gómez fue elegido como copresidente de la iniciativa COVAX en representación de los países de ingreso bajo y medio. Esta posición, alineada con los países más ricos, le ha permitido a Colombia ciertas ventajas. De hecho, Colombia fue el primer país en recibir dosis de este mecanismo en América Latina y recientemente se le han garantizado nuevos lotes, lo que sin duda mejorará el ritmo de vacunación. Esto a pesar de que Colombia ya había negociado dosis para la mitad de su población y que ya tenía un proceso de vacunación en marcha, distinto a otros países que estaban en peor posición.

Lo que sigue para Colombia

No está mal que Colombia apoye el mecanismo COVAX, ni que su papel destaque en la organización interna del mecanismo. Sin embargo, sí resulta cuestionable que Colombia se desmarque de la iniciativa de India y Suráfrica para apoyar una suspensión del régimen de propiedad intelectual, un mecanismo que en el mediano plazo sí lograría reducir la escasez global. De hecho, el lunes pasado 3 de mayo, Dejusticia y el Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder le presentó un derecho de petición al Gobierno del Presidente Duque para que apoye la petición realizada por India y Suráfrica y para que, en caso de no hacerlo, explique públicamente su negativa.

El reciente respaldo de EEUU a esta propuesta deja al gobierno de Colombia del lado de unos pocos países ricos que todavía se oponen a la iniciativa y deja en evidencia la falta de visión del Gobierno colombiano para reconocer su propia posición de país de ingreso medio, por más que quiera quedar bien con sus amigos de países más ricos. Además, muestra la ausencia de solidaridad no solo con la población más vulnerable en Colombia, que todavía espera la vacuna, sino también con las personas de países en peor situación que todavía ven lejano el inicio de un programa de vacunación. Con el cambio de posición de EEUU, aumenta la posibilidad de que la Unión Europea replantee su posición y que la suspensión sea por fin una realidad. La historia sobre la lucha en el acceso a vacunas para Covid-19 ya está hablando, la pregunta es ¿de qué lado quedará Colombia?

Por Diana Guarnizo Peralta*

 

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