20 Jun 2021 - 2:00 a. m.

¿Por qué estamos acá, en este punto de COVID-19?

Investigadores del grupo COLEV, de la Universidad de los Andes, reflexionan sobre la tercera ola de coronavirus en Colombia.

Investigadores de COLEV*

Hemos llegado a este punto por la combinación de múltiples factores. Al inicio de la pandemia aprendimos que limitar nuestros contactos, aumentar la capacidad hospitalaria y buscar la detección temprana de la enfermedad limitaría la velocidad de propagación del virus, sabiendo que, mientras se desarrollaba y producía una vacuna, los esfuerzos estarían limitados a disminuir el contactos con las personas infectadas.

(Lea también: Cambios en la percepción de riesgo sin cambios en el manejo de la pandemia, una reflexión de Álvaro Javier Idrovo, epidemiólogo)

Este año, sin embargo, nos encontramos con un país en crisis económica, sin la capacidad de generar empleo ni reactivar su economía. Con altas cifras de desempleo y con problemáticas que se vienen cocinando desde hace décadas, como la inequidad social y el alto número de personas viviendo en economías de subsistencia. El descontento social, la desesperanza y la fatiga con las medidas de autocuidado llegaron a su punto máximo al mismo tiempo que nos encontrábamos en una situación en la que ni la cobertura de vacunación ni el número de personas ya inmunes estuvieran en un nivel óptimo. Así pues, se desató una avalancha, a la que, con el pasar del tiempo, se le suman más factores del sistema de salud y sus sistemas de información, y otros elementos, como la desinformación en redes sociales, que pueden haber empeorado la situación y nos trae el peor momento que ha atravesado Colombia durante esta pandemia. Aquí explicaremos algunos factores epidemiológicos y logísticos asociados a la vacunación, sin desconocer la relevancia de los demás.

Epidemiológicamente hablando, surgen muchas preguntas: ¿por qué tres picos? ¿Por qué la meseta que vemos en este tercer pico? ¿Por qué los contagios aumentan en presencia de las vacunas?

Lo primero es reconocer que los contagios se ven afectados por el comportamiento de las personas. A medida que las interacciones sociales aumentan, los contagios también lo hacen. Esto último depende de factores como la proporción de la población todavía susceptible (no vacunados y quienes no han tenido COVID-19), el número de contactos que tienen las personas infectadas y la infecciosidad del virus, que cambia a medida que aparecen nuevas variantes. La población susceptible es algo que depende de la historia epidemiológica de cada lugar (es decir de lo que ha pasado hasta ahora en términos de contagios), pero el número de contactos depende de factores como las medidas restrictivas y que las personas se adhieran a protocolos bioseguros. Así, la razón por la que el tercer pico (al que le quedan un par de semanas antes de empezar a bajar) ha sido más largo se explica en gran medida por nuestra historia epidemiológica y por nuestro comportamiento reciente. El mensaje es: nuestra realidad ha sido cuidadosamente elaborada por nuestras decisiones hasta ahora.

(Le sugerimos: La salida de esta ola extendida de COVID-19, una reflexión de Laura Andrea Rodríguez Villamizar, epidemióloga)

En enero se registraban 86.437 casos activos, el 28 de febrero habían bajado a 36.659, pero el 31 de marzo la cifra comenzó a aumentar, reportando 49.188 casos activos. Esta cifra ascendió a 109.794 para el 28 de abril y 153.991 el 16 de junio tenemos (fuente: INS). El aumento de los casos activos entre marzo y abril puede deberse al aumento del desplazamiento de las personas en los puentes festivos, Semana Santa y las aglomeraciones. Por supuesto, las nuevas variantes (algunas de las cuales son más contagiosas) pueden haber sido un factor para que mantengamos estas cifras de contagio y mortalidad tan altos.

Analizando la mortalidad, vemos un cambio en el patrón por grupos etáreos. Mientras que el 1° de enero la mortalidad se concentraba en adultos mayores de 70 años, hoy se ha incrementado entre las personas entre 50 y 69 años (fuente: INS). La disminución de la mortalidad en las personas mayores de 70 años probablemente está relacionada con el inicio de la vacunación contra el COVID-19, lo que sugiere que se debe avanzar con el Plan Nacional de Vacunación para lograr una mayor cobertura entre las personas mayores de 50 años.

En varios países, como Israel, Estados Unidos y el Reino Unido, la vacunación ha sido la clave para el control de la mortalidad. Colombia inició la vacunación después de estos países y el ritmo de vacunación al inicio fue muy lento. Solo en diez días de los 121 que llevamos de implementación del Plan Nacional de Vacunación se han aplicado 250.000 dosis o más diarias, la cifra necesaria para lograr la meta planteada por el Gobierno Nacional. La vacunación empezó concentrándose en el agendamiento y prerregistro. Hoy se combina con vacunación de poblaciones sin agendamiento, lo que está permitiendo incrementar la tasa promedio diaria a más de 200.000 dosis. Aun después de este cambio, que ha permitido alcanzar la aplicación de 314.716 dosis diarias, hay importantes retos que debemos superar: en más de 4.000 puntos de vacunación localizados a lo largo del país se han acumulado 4,7 millones de dosis, lo que indica que tenemos 40 días de inventario. Esta dispersión dificulta el manejo de desperdicios y aumenta costos logísticos. Esto evidencia la importancia de establecer estrategias de vacunación centralizadas, utilizando puntos masivos que puedan facilitar la logística de distribución, el abastecimiento y la aplicación de vacunas a escala nacional, y tener mecanismos para superar las múltiples barreras de acceso a servicios de vacunación en poblaciones históricamente vulnerables que viven en economías de subsistencia.

¿Qué más podemos esperar?

El alto número de contagios y muertes se mantendrá, al menos, dos semanas más. No empezaremos a ver una caída en los contagios hasta que se agoten los susceptibles, que están aumentando su grado de exposición.

¿Qué hay que reforzar?

Reforzar los mensajes de que todavía hay muchas personas susceptibles y que el riesgo al contagio se mantiene, a pesar de que se haya empezado la vacunación. En el escenario actual, cuando salir a trabajar y realizar actividades para subsistir no da espera, es necesario reforzar e incentivar las actividades al aire libre y el uso de medidas de protección personal en espacios donde no se pueda mantener el distanciamiento físico ni condiciones óptimas de ventilación.

Reforzar las estrategias de vacunación centralizadas utilizando puntos masivos que puedan facilitar la logística de distribución, el abastecimiento y la aplicación de vacunas a escala nacional.

Establecer otras estrategias de vacunación, con incentivos a la vacunación que permitan consumir el inventario existente, ampliar la cobertura y llegar a la población que tiene bajo acceso a la vacuna, pero que está en alto riesgo.

* COLEV es un estudio de un grupo de investigación interdisciplinario de la Universidad de los Andes. Participan: Catalina González-Uribe, Laura Cely, Juan Manuel Cordovez, Estefanía Hernández, Diana Higuera Mendieta, Sandra Martínez, Natalia Niño, Alf Onshuus Niño, Johana Trujillo y Nubia Velasco.

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