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En Colombia muchos niños nacen en las estaciones de policía, en los taxis, asistidos por soldados bachilleres, teguas de ocasión, buenos samaritanos o simplemente por accidentales transeúntes que encuentran en su camino a una mujer angustiada y sola en trabajo de parto.
Las cifras de mortalidad materna en Colombia todavía arrojan niveles superiores a los ética y socialmente deseables y cerca del 80% de los casos se deben a hemorragias e infecciones, según las cifras del Instituto Nacional de Salud. Las condiciones de los partos en Colombia se encuentran todavía lejos de los estándares internacionales y se presenta un marcado contraste entre los estratos altos y los bajos, acentuando factores de desigualdad en la sociedad colombiana.
Esta situación se explica en muy buena medida por una equivocada regulación de la licencia de maternidad que empuja a las mujeres a trabajar hasta el propio día de su parto. Así, por ejemplo, una mujer que vive en Ciudad Bolívar, en el día final de su embarazo, está condenada a bajar decenas de escalones que la lleven hasta un colectivo con sobrecupo para que entre huecos y curvas pueda llegar a un alimentador para soportar luego la feria del codazo en un transmilenio sin sillas disponibles en el que cruza la ciudad hasta una estación desde la que emprende una caminata de 4 o 5 cuadras hasta su lugar de trabajo. Al termino de ese suplicio, es posible que haya roto fuente e iniciado el trabajo de parto y su desplazamiento a un centro hospitalario donde ha de nacer su bebe implica, con escasos pesos en el bolsillo, repetir la faena. Por eso los niños nacen antes de llegar a la sala de parto. O se les causan daños irreversibles. O se infectan… o mueren.
La solución es evidente: establecer la licencia previa de maternidad mediante una ampliación corta de la licencia actual de 12 semanas para que las mujeres no tengan que trabajar el día del parto y para que en los días inmediatamente anteriores se puedan preparar adecuadamente, sin angustias ni sobresaltos y sin generar riesgos para su integridad y su vida. Hace varios años emprendí esta lucha. Hoy ya tiene una aprobación en primer debate en la Comisión Séptima del Senado, mediante la incorporación de la figura de la licencia previa dentro de las modificaciones a un proyecto de Claudia Rodríguez para dignificar el parto. Pero hace un año no se mueve.
El presidente del Senado, Hernán Andrade, me ha expresado su buena voluntad para que el proyecto se considere en plenarias después del 20 de mayo. Se requerirá de la buena voluntad del Congreso y del Ministerio de Hacienda que debe dejar atrás la actitud hostil frente al proyecto, la cual, por lo demás, contradice flagrantemente el discurso social del gobierno. Tal como se incorporó en el proyecto de ley 060 de 2007 de Senado, para lograr este propósito basta con una adición al artículo 236 del Código del Trabajo, que amplíe la licencia actual. Aquí no debe haber intransigencia de Hacienda como tampoco la hay de parte de quienes promovemos este texto.
Se debe buscar un punto de entendimiento para que la licencia se amplíe los días necesarios, sin poner en peligro la sostenibilidad del sistema. No es cierto, como pretenden sostener furiosos neoliberales, que el sistema no aguanta ningún incremento en los días de la licencia. Pero tampoco se puede pretender que la licencia se amplíe hasta las 24 semanas que piden con ambiciones nórdicas algunos activistas de la causa. Bastaría con unos pocos días de más, antes del parto y un pequeño complemento de alargue posterior para que Colombia obre como una nación verdaderamente civilizada en este frente.
Las propuestas sensatas ya están sobre la mesa:
Opción 1. Una semana antes del parto y una semana después para llegar a 14 semanas de licencia.
Opción 2. Llegar a 14 semanas y que según cada necesidad las mujeres establezcan como distribuyen las dos semanas adicionales antes y después del parto.
Con la Ley María recorrimos un camino similar. Al principio oposición e incomprensiones. Luego hasta en el Ministerio de Hacienda entendieron por qué era fundamental que los padres también pudieran disfrutar de una licencia de paternidad para prodigar ternura, amor y protección a sus hijos recién nacidos y a sus esposas. Lo propio debe suceder con la licencia previa de maternidad.