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Aspirina para el corazón: la pastilla que millones dejaron de necesitar

Durante décadas, millones de personas tomaron aspirina para prevenir infartos. Hoy la ciencia dice otra cosa. ¿Nos estábamos equivocando? No, el mundo cambió.

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José David Cruz Cuevas
26 de agosto de 2026 - 01:00 p. m.
Tomar aspirina para evitar ataques cardíacos es una vieja práctica en muchos adultos mayores.
Tomar aspirina para evitar ataques cardíacos es una vieja práctica en muchos adultos mayores.
Foto: Wikimedia - Creative Commons
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“Mi papá tomó aspirina toda la vida y ahora me dicen que ya no la necesita”. Como médico internista, escucho esta frase casi todas las semanas. Y entiendo la confusión: si durante años la aspirina fue sinónimo de proteger el corazón, ¿por qué ahora los médicos estamos diciendo algo distinto? La respuesta corta es que la ciencia no se equivocó. Lo que cambió fue el paciente. Pero para entenderlo hay que ver primero de qué nos estamos protegiendo.

Las enfermedades cardiovasculares — los infartos del corazón y ataques cerebrovasculares — siguen siendo la primera causa de muerte en Colombia, responsables de casi el 28% de todas las defunciones. Solo en 2024, más de 63.000 colombianos murieron por estas causas. En toda América Latina, cobran más de 1,6 millones de vidas cada año.

Con esas cifras, es comprensible que durante décadas los médicos buscáramos cualquier herramienta para prevenirlas. Por esto, la aspirina, económica, accesible y respaldada por estudios, se convirtió en la gran apuesta. Se estima que solo en Estados Unidos más de 25 millones de adultos la tomaban a diario para proteger su corazón, muchos de ellos sin haber tenido jamás un problema cardiovascular.

No es lo mismo prevenir el primero que evitar el segundo

Para entender qué pasó con la aspirina, hay que distinguir dos situaciones que la gente suele confundir. La prevención primaria busca evitar que una enfermedad ocurra por primera vez en alguien que tiene riesgo de desarrollarla. La persona nunca ha tenido un infarto, ni un ataque cerebrovascular, ni le han puesto un stent. Está sana y quiere seguir estándolo. La prevención secundaria es distinta: la persona ya tuvo un evento cardiovascular (es muy probable que vuelva a ocurrir) y el objetivo es evitar que se repita.

Si usted ya tuvo un infarto, un ataque cerebrovascular o tiene stents, la aspirina muy probablemente sigue siendo parte de su tratamiento. No la suspenda sin hablar con su médico. Lo que cambió — y de lo que habla este artículo — es la recomendación para personas que nunca han tenido un evento cardiovascular.

Los primeros estudios sobre aspirina en personas sanas (prevención primaria) mostraban una reducción en el riesgo de infarto. Con esa evidencia, era razonable recomendarla, por lo que así se hizo durante años, de buena fe y con respaldo científico. Pero la medicina cardiovascular se ha transformado considerablemente en las últimas dos décadas. Las estatinas — medicamentos para el colesterol — se volvieron de uso extendido. El control de la presión arterial mejoró. La gente fuma menos. En conjunto, el riesgo de sufrir un infarto o un ataque cerebrovascular hoy es mucho menor que hace treinta años, incluso sin aspirina.

El beneficio adicional de la aspirina se fue encogiendo porque el riesgo que pretendía reducir ya estaba siendo atacado por otros frentes. Mientras tanto, su principal efecto indeseado — el sangrado — seguía intacto. No es que antes estuviéramos equivocados. Es que el paciente de hoy no es el mismo de hace 30 años.

Los estudios que cerraron el debate

En 2018 se publicaron tres grandes investigaciones que cambiaron las reglas del juego.

· El primero, ARRIVE, evaluó a personas con riesgo cardiovascular moderado sin diabetes. La aspirina no redujo los infartos ni los derrames, pero sí aumentó los episodios de sangrado digestivo.

· El segundo, ASCEND, se enfocó en personas con diabetes que nunca habían tenido problemas del corazón. El resultado fue más matizado: la aspirina sí redujo los eventos cardiovasculares, pero al mismo tiempo aumentó los sangrados mayores en una proporción similar. Al sumar ambos efectos, la ganancia prácticamente se anuló.

· El tercero, ASPREE, estudió a adultos mayores sanos de 70 años o más. La aspirina no prolongó la vida sana, aumentó el sangrado y — algo que nadie esperaba — se asoció con mayor mortalidad por cáncer.

En los tres casos el mensaje fue similar: en personas sin enfermedad cardiovascular previa, el riesgo de sangrar iguala o supera el beneficio de prevenir un infarto.

La aspirina previene coágulos, pero también dificulta que la sangre se detenga cuando debe hacerlo. En prevención secundaria, lo que se gana supera con creces lo que se arriesga. En prevención primaria, esas dos fuerzas se empatan — y en algunos casos, el riesgo gana.

El ejemplo más claro es la diabetes. Tener diabetes eleva el riesgo cardiovascular, así que en teoría la aspirina debería ayudar más. Pero los datos muestran que el aumento en sangrados es proporcional al beneficio obtenido. Por eso, en estos pacientes la decisión no es automática: es una conversación entre usted y su médico, donde se evalúan los riesgos individuales y se decide en conjunto. Eso es una decisión compartida, y es una de las formas más honestas de hacer medicina.

Este es un buen ejemplo de cómo funciona la medicina basada en la ciencia. No nos equivocamos antes: tomamos las mejores decisiones con la evidencia que teníamos. Lo valioso fue lo que vino después — nos hicimos preguntas nuevas, diseñamos mejores estudios y actualizamos las recomendaciones. Eso no es debilidad, es exactamente la mayor fortaleza de la ciencia.

¿Qué se recomienda hoy?

· Si tiene más de 60 años y nunca ha tenido enfermedad cardiovascular, no inicie aspirina.

· Si tiene entre 40 y 59 años con factores de riesgo elevados, la decisión es individual: solo si su riesgo de sangrado es bajo.

· Si ya tiene enfermedad cardiovascular establecida, la aspirina sigue siendo fundamental.

· En cualquier caso: no inicie ni suspenda aspirina por su cuenta. Hable con su médico.

Este cambio ya se está reflejando en la práctica. Un análisis de más de 279 millones de consultas en atención primaria mostró que la prescripción de aspirina para prevención primaria se redujo a la mitad entre 2018 y 2025, pasando del 7,4% al 3,2% de las consultas. La comunidad médica no solo actualizó sus guías — está actualizando su forma de prescribir. Si tu papá tomó aspirina durante años, en su momento probablemente fue una decisión razonable. Si hoy tu médico te dice que ya no la necesitas, también lo es. Lo que cambió no fue la aspirina — cambió el mundo en el que la usábamos. Y la mejor decisión siempre será la que tomes informado, de la mano de tu médico.

*José David Cruz Cuevas es médico internista de LaCardio.

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Por José David Cruz Cuevas

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