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En un servicio de Urgencias Pediátricas, el dolor puede manifestarse de muchas formas. A veces se expresa como un llanto inconsolable en un lactante que aún no puede decir qué le duele. En otras ocasiones es un niño mayor que señala con precisión una zona del cuerpo, como el abdomen. Y, en ciertos casos, el dolor se manifiesta de manera más silenciosa: en un cambio en la mirada, en la forma de interactuar o en el comportamiento habitual del niño.
Lo que sí es constante son las consultas por dolor. Este es uno de los motivos más frecuentes de consulta en Urgencias Pediátricas. Estudios internacionales y latinoamericanos coinciden en que más de la mitad de los niños que acuden a estos servicios lo hacen por dolor, representando aproximadamente entre el 55% y el 60% de las consultas. En una proporción importante de los casos, este dolor es moderado o severo, sin embargo, también es uno de los síntomas más difíciles de interpretar.
Porque en pediatría, el dolor no siempre grita. En los niños, el dolor muchas veces no se expresa con palabras, sino con cambios en su comportamiento. Por eso, observar cómo actúa un niño y escuchar a sus cuidadores puede ser clave para entender lo que realmente está ocurriendo.
El lenguaje del dolor en la infancia
A diferencia de los adultos, los niños —especialmente los más pequeños— no siempre pueden describir lo que sienten. En ellos, el dolor suele manifestarse a través de cambios en su conducta. Algunos niños dejan de jugar, comen menos o pierden el apetito. Otros se aíslan, se tornan irritables o presentan alteraciones en el sueño.
En este contexto, el dolor no es solo un síntoma: es un lenguaje. Y como todo lenguaje, necesita ser escuchado e interpretado correctamente.
La evidencia científica ha mostrado que el dolor infantil sigue siendo subvalorado, incluso en entornos de atención médica. Parte de esta dificultad radica en su variabilidad: un mismo diagnóstico puede presentarse de formas muy distintas según la edad, el contexto y las características de cada niño.
Entre lo frecuente y lo urgente
La mayoría de los dolores en la infancia tienen causas benignas. Infecciones virales, traumatismos leves o molestias musculares y gastrointestinales son parte de la cotidianidad y, en muchos casos, se resuelven sin complicaciones en un periodo corto de tiempo. Sin embargo, existe una zona gris que genera preocupación: aquella en la que un dolor aparentemente común puede ser el inicio de una condición más seria.
Por ejemplo:
- Un dolor abdominal que progresa puede corresponder a una apendicitis
- Un dolor de cabeza acompañado de vómitos puede alertar sobre un compromiso neurológico
- Un dolor torácico, aunque rara vez grave en niños, puede generar suficiente preocupación para consultar
El reto no es eliminar la incertidumbre —algo imposible en medicina— sino aprender a convivir con ella de manera informada.
Señales que deben encender alertas
Más allá de la intensidad del dolor, existen ciertas características que deben motivar una valoración médica oportuna.
Entre ellas se encuentran:
- Persistencia o empeoramiento progresivo del dolor
- Asociación con fiebre alta
- Vómitos repetidos
- Alteraciones del estado de conciencia o del comportamiento
- Dificultad para movilizarse o respirar
- Dolor torácico asociado a la actividad física, con o sin episodios de pérdida de conciencia
Estas señales no siempre indican una enfermedad grave, pero sí sugieren la necesidad de una evaluación médica temprana. En muchos casos, las decisiones en Urgencias Pediátricas no se basan únicamente en lo que el niño o los padres describen, sino también en cómo se ve el paciente durante la valoración clínica.
La ciencia… y la intuición
En medicina, la toma de decisiones se apoya en guías clínicas, escalas de valoración y evidencia científica. Pero en pediatría existe un elemento adicional que rara vez se menciona en los artículos científicos, aunque cumple un papel fundamental: la intuición de los cuidadores.
Los padres suelen ser los primeros en notar que algo no está bien, incluso antes de que los signos sean evidentes. Esa percepción, lejos de ser subjetiva o irrelevante, puede convertirse en un dato clínico valioso. Escuchar a los padres también forma parte del acto médico.
Más que aliviar el dolor
Abordar el dolor en Urgencias Pediátricas no significa únicamente medir su intensidad o administrar tratamiento. También implica comprender su causa, su contexto y su significado. El dolor no tratado no solo genera sufrimiento inmediato. También puede tener consecuencias a largo plazo en la percepción del dolor, la ansiedad y la relación del niño con el sistema de salud. Por eso, cada consulta por dolor representa una oportunidad: diagnosticar, aliviar y educar.
Escuchar antes de que sea tarde
En una época donde la información está al alcance de todos, el desafío no es saber más, sino saber cuándo actuar. Porque en pediatría hay una verdad sencilla, pero profunda: El dolor en un niño nunca es irrelevante, pero tampoco siempre es urgente, la clave está en aprender a diferenciar.
A veces, cuando un niño dice “me duele”, no solo está expresando una sensación física. Está enviando una señal que, si se escucha a tiempo, puede cambiar el curso de una historia.
María Alejandra Echeverri Álvarez es médica de LaCardio.
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