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El estreñimiento en pediatría es uno de los trastornos gastrointestinales más frecuentes en la infancia y una causa importante de consulta médica. Hoy se entiende como una alteración en la comunicación entre el cerebro y el intestino, en la que intervienen factores biológicos, conductuales y emocionales.
Un diálogo interrumpido: el “segundo cerebro”
Tradicionalmente, el estreñimiento se ha entendido como un problema relacionado con la alimentación o con “pereza” en el colon. Sin embargo, hoy se reconoce como un trastorno del eje cerebro-intestino.
El sistema digestivo cuenta con su propia red neuronal que se comunica de forma constante con el cerebro a través de señales químicas y eléctricas. Cuando esta comunicación se altera, el intestino no responde de manera coordinada.
No se trata simplemente de que “el intestino no funcione”, sino de que el diálogo entre el cerebro y el sistema digestivo pierde sincronía, afectando la forma en que el cuerpo percibe y responde a la necesidad de evacuar.
El “cortocircuito” del miedo
Todo inicia con una evacuación dolorosa. Ante el dolor, el cerebro del niño activa una señal de alerta que favorece la retención de las heces.
En lugar de relajar los músculos para evacuar, el niño adopta conductas de evitación, como contraer el suelo pélvico o posponer la evacuación, con el objetivo de evitar el dolor.
Es aquí donde ocurre el “cortocircuito”: la señal de necesidad de evacuar entra en conflicto con la señal de protección frente al dolor.
Este comportamiento genera un círculo que se perpetúa en el tiempo. Las heces retenidas pierden agua en el colon, se vuelven más duras y voluminosas, y hacen que la siguiente evacuación sea aún más dolorosa.
Con el tiempo, el recto puede distenderse y perder sensibilidad, lo que favorece la aparición de incontinencia fecal. En estos casos, pequeñas cantidades de heces líquidas pueden filtrarse sin que el niño tenga control sobre ello.
Reprogramar la comunicación interna
Romper este ciclo es posible, pero requiere tiempo, constancia y un manejo integral. No se trata solo de “ir al baño”, sino de ayudar al cuerpo del niño a recuperar la confianza en que evacuar no va a doler.
En el estreñimiento pediátrico no estamos frente a un problema de voluntad del niño. Es una alteración en la forma en que el cerebro y el intestino se comunican, y por eso el tratamiento debe ser integral y sostenido en el tiempo.
Laxantes: Son una parte fundamental del tratamiento. Ayudan a mantener las heces blandas, lo que evita el dolor al evacuar y permite que el niño deje de asociar ir al baño con una experiencia negativa. Es importante saber que no generan dependencia: su uso es seguro y, en muchos casos, necesario durante varios meses.
Entrenamiento y postura: Crear una rutina diaria puede marcar la diferencia. Sentar al niño en el baño después de las comidas, en un ambiente tranquilo y sin presión, ayuda a restablecer el hábito. Usar un banquito para apoyar los pies que permita elevar las rodillas por encima de la cadera también facilita la evacuación y hace el proceso más natural.
Fibra e hidratación: Acompañar el tratamiento con una alimentación rica en fibra y una buena hidratación es clave para mantener las heces blandas y favorecer el funcionamiento del intestino. Aunque por sí solos no suelen resolver el problema, son parte esencial del proceso.
El estreñimiento pediátrico refleja la estrecha relación entre el cerebro y el intestino. No se trata de una conducta voluntaria ni intencional, sino de una alteración en la forma en que el cuerpo percibe y responde a la necesidad de evacuar.
Cuando no se reconoce a tiempo, puede perpetuarse y afectar no solo la función intestinal, sino también el bienestar emocional del niño. Por el contrario, un manejo oportuno permite restablecer esta comunicación y prevenir su persistencia en la vida adulta.
La educación a las familias, los hábitos saludables y el acompañamiento médico son fundamentales. Porque ir al baño no debería doler, y cuando sucede, es una señal de que el cuerpo necesita atención.
Jaime Céspedes es líder médico del hospital pediátrico de LaCardio.
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