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Gestionar la salud más allá de la enfermedad

Las personas transitamos nuestra vida en un continuo entre la salud y la enfermedad. A partir de historias, evidencia científica y trabajo con comunidades, la Dirección de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB) busca mantener a las personas más sanas y fortalecer sus capacidades en sus diferentes entornos: donde las personas viven, estudian, trabajan y toman decisiones cotidianas.

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26 de julio de 2026 - 04:00 p. m.
Más de cinco décadas de trabajo en los territorios han permitido a la Fundación Santa Fe de Bogotá construir estrategias basadas en la evidencia científica y las necesidades de las comunidades. /FSFB
Más de cinco décadas de trabajo en los territorios han permitido a la Fundación Santa Fe de Bogotá construir estrategias basadas en la evidencia científica y las necesidades de las comunidades. /FSFB
Foto: Cristian Prieto Avila
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Martha Escobar, directora de Salud Poblacional de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), explica que quienes integran su equipo han aprendido, desde distintas experiencias, que involucrar a las comunidades desde el inicio del diseño de las estrategias es fundamental. Ese trabajo implica un proceso continuo de escucha y comprensión de los saberes, las necesidades y las prioridades de los diferentes actores. “Nosotros somos un grupo de personas al servicio de las necesidades de las comunidades”, entendió Escobar.

Desde su creación, la Fundación fue concebida con una visión que iba más allá de atender enfermedades: prevenirlas, promover la salud y restaurarla. Hoy ese propósito se articula bajo el enfoque de salud sostenible, que entiende que cuidar la vida implica mucho más que prestar servicios de salud. “Desde nuestro enfoque de salud sostenible, entendemos el componente social como la capacidad de generar un impacto positivo y duradero en las personas, las familias y las comunidades. A través de este componente buscamos contribuir al desarrollo social del país y a la construcción de un sistema de salud más equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”, afirma, en esa línea, Henry Gallardo, director general de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB),

El equipo trabaja bajo la premisa de que la salud no comienza cuando una persona llega a un servicio de urgencias ni termina cuando recibe el alta. Se construye a lo largo de toda la vida.

Escuchar para comprender apenas es el primer paso. Esto ayuda a consolidar una metodología que hoy atraviesa los más de 400 proyectos que la Dirección de Salud Poblacional ha desarrollado en sus más de cinco décadas de trabajo, en los 32 departamentos del país. Todo comienza entonces con la generación de conocimiento: estudiar la evidencia científica, analizar datos, recorrer los territorios y entender, junto con las comunidades, cuáles son los problemas y por qué ocurren. Solo después vienen las intervenciones, que pueden traducirse en estrategias innovadoras, educativas, herramientas digitales o cambios en la forma en que se organizan los servicios de salud.

El objetivo, explica entonces Escobar, es que esas acciones produzcan transformaciones duraderas y, cuando la evidencia lo permita, sirvan para impulsar políticas públicas.

“La salud es un continuo”

“Cuando uno habla de salud, tiene que entender que existe un continuo del cuidado”, dice Escobar. En otras palabras, la salud no comienza cuando una persona llega a un servicio de urgencias ni termina cuando recibe el alta médica. Es un proceso que atraviesa toda la vida e incluye la promoción de hábitos saludables, la prevención de enfermedades, la atención oportuna, la recuperación y la rehabilitación. “Todos nacemos con un grado de salud, mayor o menor. Todos nos vamos a enfermar en algún momento, eso hace parte de la vida. Lo ideal es que nos enfermemos lo menos posible de cosas que pueden evitarse y que, si eso ocurre, recibamos la mejor atención lo más rápido posible”, señala la directiva.

Desde esa lógica, la Dirección de Salud Poblacional no reemplaza el trabajo clínico de la Fundación Santa Fe de Bogotá, sino que lo complementa. Tanto en el interior como en el exterior del hospital se trabaja en el continuo del cuidado. Salud poblacional identifica riesgos, trabaja con las comunidades en sus diferentes entornos, desarrolla estrategias de prevención y promoción, y busca fortalecer las capacidades de las personas para cuidar su salud. Ese enfoque parte de una realidad respaldada por la ciencia: el bienestar de las personas no depende solo de la atención médica. “La salud también está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales, y actúa de manera articulada para contribuir a un sistema de salud más humano, equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”, dice Gallardo. En otras palabras, la forma en que las personas nacen,crecen, estudian, trabajan o envejecen influye de manera decisiva en su salud.

Por eso, muchas de las intervenciones ocurren en diferentes grupos poblacionales, donde esos factores terminan moldeando las decisiones cotidianas de las personas.

“Cada contribución nos permite innovar y fortalecer un modelo de atención integral, humano y centrado en las necesidades de las personas”, agrega Gallardo, director de la FSFB. “Nos brinda la posibilidad de ofrecer servicios de excelencia con la infraestructura, el talento humano y la tecnología necesarios para responder a los desafíos actuales y futuros en salud. Asimismo, impulsa la investigación científica como motor para generar conocimiento, desarrollar soluciones a los grandes retos de salud poblacional y extender nuestro impacto en diferentes regiones donde las necesidades son mayores”.

“Desde nuestro enfoque de Salud Sostenible, entendemos el componente social como la capacidad de generar un impacto positivo y duradero en las personas, las familias y las comunidades. A través de este componente, buscamos contribuir al desarrollo social del país y a la construcción de un sistema de salud más equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”.

Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

Un ejemplo ocurrió cuando el equipo buscaba promover hábitos de alimentación saludables en un grupo de escolares. Al principio la estrategia parecía evidente: enseñarles a los estudiantes qué alimentos eran más saludables y cuáles debían evitar. Sin embargo, el trabajo de campo volvió a mostrar que el problema era mucho más complejo. “Nos dimos cuenta de que podíamos hacer un gran esfuerzo por educar a los niños, pero cuando salían del colegio encontraban un entorno que iba en la dirección contraria”, recuerda Escobar.

En los alrededores de muchas instituciones educativas predominaban puestos y tiendas donde la oferta estaba compuesta, principalmente, por bebidas azucaradas y productos ultraprocesados. La decisión de un niño no dependía solo de lo que había aprendido en clase, sino también de aquello que tenía disponible a pocos metros de la salida. Ese hallazgo cambió la perspectiva del equipo. Ya no era suficiente trabajar con los estudiantes. También había que entender qué papel jugaban las familias, los comerciantes, los directivos de los colegios, las autoridades locales e, incluso, las normas que regulaban esos entornos.

“Entendimos que la salud no depende solo de la decisión individual; depende también del contexto en el que todos vivimos el día a día”, resume Escobar. A partir de esa experiencia, la intervención dejó de centrarse únicamente en cambiar comportamientos y pasó a preguntarse cómo modificar las condiciones que los hacían posibles. Con el tiempo, ese trabajo aportó evidencia para las discusiones sobre entornos alimentarios saludables en Colombia y mostró, una vez más, que la salud debe fortalecerse de manera integral.

Esa lógica ha guiado decenas de iniciativas impulsadas por la Dirección de Salud Poblacional durante las últimas cinco décadas. Hoy, esa visión toma forma en dos de sus principales apuestas: U.nidos y Sentido Pleno.

Cuando prevenir significa intervenir antes

Una adolescente que enfrenta un embarazo no planeado rara vez llega al hospital por un único motivo. Detrás suelen acumularse barreras para acceder a información y anticonceptivos, violencias normalizadas o servicios de salud que no lograron responder a tiempo. Algo similar ocurre con la salud mental: una crisis casi nunca aparece de un día para otro. Antes suelen existir señales de alerta y oportunidades para intervenir que pasan inadvertidas. Es en ese espacio es donde hoy existen dos de las principales apuestas de la Dirección de Salud Poblacional de la FSFB: U.nidos y Sentido Pleno.

En el caso del programa U.nidos, el objetivo es contribuir a reducir los embarazos en adolescentes, las complicaciones maternas graves y la mortalidad en mujeres menores de 19 años y mayores de 35. La necesidad es evidente. En 2025, la tasa de fecundidad entre niñas de 10 a 14 años fue de 1,6 nacimientos por cada 1.000 habitantes, según el DANE. Ese año la razón nacional de morbilidad materna extrema alcanzó los 83,9 casos por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que en algunos de los escenarios donde hoy trabaja la estrategia la cifra fue mayor: 115,9 en Kennedy y Ciudad Bolívar, 108 en Cartagena y 87 en Pereira. Sin embargo, Escobar insiste en que las cifras solas no explican el problema.

“El bienestar de las personas no depende exclusivamente de la atención médica. Esto implica reconocer que la salud también está determinada por las condiciones sociales, económicas y ambientales, y actuar de manera articulada para contribuir a un sistema de salud más humano, equitativo, resiliente y preparado para los desafíos del futuro”.

Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

Durante los dos primeros años del programa, el equipo inició con una etapa de caracterización e investigación. Se evaluaron los conocimientos, actitudes y prácticas sobre la sexualidad en 1.626 adolescentes y mujeres gestantes, se realizó un mapeo de 359 actores institucionales y comunitarios, se revisó la implementación de la ruta materno perinatal y la adherencia a guías de práctica clínica para la atención de complicaciones obstétricas en 15 instituciones prestadoras de servicios de salud y se caracterizaron 47 farmacias comunitarias. Ese trabajo dejó al descubierto barreras que difícilmente aparecen en los indicadores. “Encontramos, por ejemplo, grupos poblacionales jóvenes que normalizan la violencia y la violencia sexual, y muchas veces esos embarazos son producto de esa violencia”, recuerda Escobar. También identificaron dificultades para acceder a métodos anticonceptivos y fallas en la articulación entre los distintos actores del sistema.

En algunos lugares, incluso, persistía la idea de que los adolescentes no debían recibir anticoncepción sin el acompañamiento de su cuidador, a pesar de que la normatividad lo permite. Fue entonces cuando la estrategia dejó de centrarse exclusivamente en las adolescentes y amplió su mirada hacia todo el entorno que influye en sus decisiones.

Hoy el programa desarrolla educación sexual integral en 18 instituciones educativas, donde trabaja con estudiantes, docentes y familias; impulsa un modelo de farmacias amigables para facilitar el acceso oportuno a anticonceptivos y fortalecer la orientación a los jóvenes, y complementa ese trabajo con Sexperto, una plataforma digital que responde dudas sobre sexualidad con información basada en evidencia y lenguaje cercano.

La otra línea de acción se concentra en las mujeres con mayor riesgo durante el embarazo. Allí el énfasis está en identificar tempranamente a las gestantes en las comunidades, valorar su nivel de riesgo, ofrecer acompañamiento a profesionales de salud no especializados mediante teleorientación y teleexperticia, y fortalecer las capacidades del personal de salud para responder de forma más oportuna.

La apuesta, explica Escobar, no consiste en crear un sistema paralelo, sino en lograr que el que ya existe funcione de manera coordinada. “Nosotros no venimos a inventarnos la rueda. Lo que hacemos es entender qué acciones ya tiene el sistema de salud y cómo fortalecer su articulación para que las mujeres, en lo posible, no queden en embarazo en situaciones de riesgo y, si lo hacen, reciban la mejor atención posible”. Más que medir el éxito únicamente por el número de personas atendidas o involucradas, Escobar dice que el propósito es dejar capacidades instaladas en los lugares de acción. “Siempre pensamos las acciones para que generen transformación. De nada sirve desarrollar una estrategia que desaparezca cuando termina el proyecto”. Esa es la razón por la que buena parte del trabajo se concentra en fortalecer colegios, servicios de salud, plataformas digitales y redes comunitarias para que continúen funcionando incluso después de que el equipo se retire.

Si el programa U.nidos busca intervenir antes de que un embarazo se convierta en una situación de alto riesgo, Sentido Pleno parte de una pregunta similar: ¿por qué esperar a que una persona esté en crisis para hablar de salud mental? “Por estigma, cada vez que hablamos de salud mental, la gente inmediatamente piensa en enfermedad mental, pero no es correcto. Realmente todos tenemos un grado de salud mental”, explica Escobar. Ese cambio de perspectiva es el punto de partida de una estrategia que busca fortalecer el bienestar emocional antes de que aparezcan trastornos graves o una urgencia psiquiátrica.

En Colombia, más del 75 % de las personas con un trastorno mental no reciben ningún tipo de tratamiento. A ello se suma una disponibilidad limitada de especialistas: el país cuenta con cerca de 3,1 psiquiatras por cada 100.000 habitantes y apenas 0,22 psiquiatras infantiles por cada 100.000 menores.

Para Escobar, esas cifras muestran una falla estructural: el sistema suele intervenir cuando el problema ya escaló. “Hoy en día básicamente nos paramos en blanco y negro”, dice. “O la salud mental no existe en nuestras vidas o aparece cuando ya hay enfermedad. Y cuando hay enfermedad pasan tres cosas: o la ignoras, que es frecuente; o terminas en un servicio de urgencias, cuando tal vez no era necesario, o tienes que sacar dinero de tu bolsillo para pagar una consulta que muchas personas no pueden costear, dado que usualmente las citas con especialistas a través del sistema son demoradas”.

“Cada contribución nos permite innovar y fortalecer un modelo de atención integral, humano y centrado en las necesidades de las personas”

Henry Gallardo, Director General de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

La apuesta de Sentido Pleno consiste precisamente en construir ese espacio intermedio. La estrategia desarrolla herramientas para fortalecer la salud mental en distintos momentos del curso de vida. Una de ellas es Apega —también llamado Sentido Pleno Kids—, un programa que desarrolla habilidades socioemocionales en la infancia y que actualmente está siendo adaptado a una plataforma digital para llegar a instituciones educativas. También incluye Bienestar Joven, una herramienta que nació para acompañar a participantes de Jóvenes en Acción y que ahora se ajusta para responder a las necesidades de estudiantes universitarios; iniciativas enfocadas en los estresores del entorno laboral, y un modelo escalonado de atención construido junto con el hospital, que busca ofrecer alternativas antes de que una persona requiera una atención especializada.

“La atención no debería empezar de la nada y pasar al psicólogo o al psiquiatra“, resume Escobar. “Lo ideal sería que una persona aprendiera estrategias para gestionar sus emociones, que pudiera recibir orientación, tener consultas de acompañamiento y solo cuando realmente lo necesite llegar a un servicio de urgencias”. Ese enfoque también ha llevado al equipo a mirar un problema que, según Escobar, cobrará cada vez más importancia en Colombia: el envejecimiento. A medida que aumenta la población mayor, explica, la soledad emerge como uno de los principales factores de riesgo para múltiples problemas de salud física y mental. Por eso, una parte de Sentido Pleno también está orientada a desarrollar estrategias que fortalezcan el bienestar emocional de esta población antes de que el aislamiento termine traduciéndose en enfermedad.

Mantener estrategias de este tipo implica una apuesta que va más allá de la atención clínica y cuyos resultados suelen verse a mediano y largo plazo. Según Gallardo, buena parte de esa capacidad de actuar antes de que aparezca la enfermedad se sostiene en la filantropía, entendida no como beneficencia, sino como una inversión para generar conocimiento, fortalecer la investigación y desarrollar soluciones a los principales retos de salud poblacional. “Cada donación representa una oportunidad para generar un impacto real, medible y duradero en la vida de miles de personas, y contribuir a construir un sistema de salud más equitativo, innovador y sostenible para Colombia”, afirma.

Por eso, agrega el directivo, “apoyar a la Fundación Santa Fe de Bogotá es apostar por ideas transformadoras que contribuyen a redefinir el futuro del cuidado de la salud. Desde la Fundación buscamos convocar a más personas y organizaciones que compartan nuestra misión, nuestros valores y nuestro compromiso con la excelencia”.

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