
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Para Jairo, recibir un trasplante de hígado significó mucho más que una cirugía. “Ha sido volver a nacer. Es despertar cada día con la oportunidad de seguir escribiendo mi historia y de disfrutar esos pequeños momentos que antes pensaba que desaparecerían”, cuenta. A Adriana, su trasplante de pulmón le devolvió mucho más que la capacidad de respirar: “me devolvió la posibilidad de vivir plenamente y de cumplir sueños que pensé que no alcanzaría a ver realizados”, dice. Uno de ellos era convertirse en abuela y ver crecer a su nieta.
Para otros pacientes, recibir un trasplante ha significado volver al trabajo, retomar sus estudios, practicar algún deporte, cuidar de sus hijos o, simplemente, comer, caminar y respirar sin dificultad. Todos hablan de un renacer, de una segunda oportunidad e, incluso, de un “milagro”.
Llegar a un trasplante no es un proceso sencillo. Implica enfrentar una enfermedad que deteriora progresivamente la calidad de vida, ingresar a una lista de espera, encontrar un donante compatible, vivo o cadavérico, y, finalmente, esperar un llamado del que no hay certeza de cuándo pueda llegar. En Colombia, ese proceso es aún más complejo: el país registra apenas 7,4 donantes efectivos por cada millón de habitantes, una cifra que limita la disponibilidad de órganos y prolonga la espera de miles de pacientes. Actualmente, 4.170 colombianos permanecen en lista.
Para quienes finalmente reciben esa llamada, el trasplante significa mucho más que una cirugía para reemplazar un órgano que dejó de funcionar. Pacientes como Jairo y Adriana lo describen como la posibilidad de recuperar la calidad de vida y de retomar proyectos que una enfermedad había puesto en pausa.
“El trasplante no solo reemplaza un órgano; devuelve salud, esperanza y años de vida. El beneficio no es solo para el paciente y su familia, sino también para el sistema de salud y para el país, al recuperar personas activas, productivas e independientes que pueden reintegrarse plenamente a la sociedad”, explica el doctor Alonso Vera, cirujano de trasplante hepático y cirugía hepatobiliar, y jefe de Trasplantes de la Fundación Santa Fe de Bogotá.
Cada trasplante, añade Vera, “representa una nueva oportunidad”. Pero, como señala Jairo, la cirugía en sí no marca el final del proceso. Convivir con un órgano trasplantado implica asumir nuevos hábitos y responsabilidades que acompañarán a los pacientes durante el resto de su vida y que determinarán, en gran medida, el éxito o no del procedimiento.
Un compromiso de por vida
Si hay un factor que determina el éxito de un trasplante, es la adherencia al tratamiento inmunosupresor. Nataly Ramírez, cirujana de trasplantes de la Fundación Cardioinfaltil - LaCardio, explica que “es un órgano que, de cualquier manera, va a ser extraño para tu cuerpo y hay que aprender a cuidarlo para que el organismo lo tolere y lo acepte”. Por eso, considera que la efectividad de los medicamentos que se recetan de por vida, y que buscan evitar que el sistema inmunológico ataque al órgano trasplantado, es lo más importante.
La especialista advierte que suspender el medicamento puede tener consecuencias graves. “Si no se toma la medicación, las defensas se disparan, reconocen el órgano como extraño y lo atacan. Ese proceso genera lo que llamamos rechazo del injerto: una inflamación que, con el tiempo, puede terminar dañando el órgano trasplantado”.
Pero el cuidado no termina con la medicación. Los controles y exámenes periódicos también son fundamentales para vigilar el funcionamiento del órgano, ajustar las dosis de los inmunosupresores y detectar de manera temprana cualquier señal de rechazo o complicación. Durante los primeros meses postrasplante, el seguimiento suele ser mucho más frecuente (semanal, quincenal o mensual), pero, a medida que el paciente evoluciona, las consultas y los exámenes pueden espaciarse más nunca desaparecer.
Y aunque el objetivo es que el paciente retome lo antes posible sus actividades cotidianas, la recuperación también dependerá del tipo de trasplante. En la mayoría, según, Magda Castañeda, enfermera de enlace de trasplante de LaCardio, la recuperación inicial suele ser rápida y, en muchos casos, los resultados de la cirugía se evidencian en poco tiempo. En un trasplante de riñón, por ejemplo, “podemos saber si fue exitoso de manera inmediata. Una vez el paciente empieza a orinar, ya comprobamos que la función de eliminación está siendo efectiva. Al siguiente día, hacemos exámenes y verificamos que la función renal empiece a mejorar”, explica.
Pero un posoperatorio favorable no significa que el trabajo haya terminado. A partir de ese momento, empieza una nueva etapa en la vida de los pacientes, en la que más que nunca es importante incorporar hábitos diarios que ayuden a proteger el órgano trasplantado y a reducir el riesgo de complicaciones.
En la alimentación, por ejemplo, los especialistas recomiendan evitar alimentos crudos, consumir agua potable o embotellada, comer frutas sin cáscara o cocidas y limitar las comidas grasosas, fritas o muy condimentadas. “Una intoxicación alimentaria en un paciente que está tomando inmunosupresores puede convertirse en una infección severa e, incluso, requerir manejo en una unidad de cuidados intensivos”, advierte la doctora Ramírez.
A estas recomendaciones se suman medidas para disminuir la exposición a bacterias, infecciones y hongos, entre las que están mantener una buena higiene del hogar, evitar la acumulación de polvo y cuidar la salud sexual con el uso de preservativo. Castañeda, señala además que “muchas de las medidas de autocuidado que el mundo adoptó durante la pandemia del COVID-19, como el uso de tapabocas, el evitar las aglomeraciones y el lavado frecuente de manos, son cuidados clave para proteger a las personas trasplantadas”.
El ejercicio, una herramienta
Volver a moverse también hace parte del tratamiento después de un trasplante. La actividad física no solo representa el regreso a la cotidianidad, es una herramienta clave para recuperar las capacidades que muchos pacientes suelen perder durante meses o incluso años de enfermedad.
Como explica la doctora María Fernanda Osejo, médica especialista en medicina del deporte de la Fundación Santa Fe de Bogotá: “muchos pacientes llegan a la cirugía con desacondicionamiento, menor capacidad cardiorrespiratoria, pérdida de masa y fuerza muscular, fatiga, fragilidad y limitaciones para realizar actividades cotidianas. Por eso, recuperar el movimiento no es un objetivo secundario; es parte de la recuperación funcional y de la prevención de complicaciones a largo plazo”.
Esto no significa que el paciente pueda retomar el ejercicio por cuenta propia. La actividad física debe iniciarse de forma progresiva y bajo la orientación del equipo de salud, ya que el momento adecuado y el tipo de entrenamiento dependen de factores como el órgano trasplantado, la técnica quirúrgica empleada, la evolución clínica, las posibles complicaciones y las condiciones de salud de cada persona. “No se prescribe ejercicio únicamente para un órgano; se prescribe para una persona con un trasplante, una historia clínica, una capacidad física y unos objetivos concretos”, señala la especialista.
Una vez establecido ese plan de entrenamiento, mantener la constancia es fundamental para recuperar la fuerza, la resistencia y la independencia. Sin embargo, la doctora Osejo, advierte que existen señales de alarma que no se pueden pasar por alto, entre ellas, el dolor u opresión en el pecho, los desmayos, las palpitaciones persistentes, el dolor intenso o cambios en la herida quirúrgica, así como cualquier debilidad súbita o pérdida del equilibrio.
Todos estos cuidados tienen un mismo objetivo: hacer que esa segunda oportunidad, ese renacer y eso a lo que muchos pacientes llaman “milagro”, perdure en el tiempo. Recibir un trasplante no solo significa obtener un nuevo órgano, sino también asumir la responsabilidad de protegerlo cada día.
“Hoy siento una profunda responsabilidad de honrar el inmenso regalo que recibí. Lo hago cuidando mi salud y compartiendo mi experiencia para que quienes esperan un trasplante no pierdan la esperanza y para que más personas comprendan el valor de la donación de órganos”, afirma Adriana Rodríguez. Por su parte, Jairo Suaréz, lo resume en otra frase: “El trasplante marcó el comienzo de una nueva vida que hoy valoro y cuido con una profundidad que antes no conocía”. Y añade que para él “cada día, es un recordatorio del inmenso amor de quienes dicen ‘sí’ a la donación”.
Ese es justamente el mensaje que los especialistas buscan reforzar: la importancia de la donación de órganos. Como señala el doctor Alonso Vera, “cada trasplante representa una nueva oportunidad y nos recuerda que, incluso en medio de la pérdida, la solidaridad humana puede convertirse en esperanza para muchos otros”.
👩⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺
