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Lo que debe saber para tener un hígado saludable

Los expertos describen a este órgano, el segundo más grande del cuerpo después de la piel, como “generoso”, debido a la labor que realiza en su cuerpo y por su capacidad de resistir a agresiones por estilos de vida poco saludables. Le contamos lo que debe saber para cuidarlo.

Fernán Fortich

18 de abril de 2026 - 09:00 a. m.
Sala de urgencias generales y de Covid-19 de esta clínica.
Foto: Óscar Pérez

Justo debajo de sus costillas, en la parte superior derecha de su abdomen, se encuentra uno de los órganos más grandes del cuerpo humano: el hígado. Con forma de cono, es el encargado de más de 500 funciones vitales, que van desde su participación en los sistemas digestivo, endocrino —relacionado con la producción de hormonas—, así como el inmunitario.

Como dice Alonso Vera, jefe de trasplantes de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), el hígado puede ser descrito como el “laboratorio del cuerpo y es clave para su funcionamiento”. Este órgano tiene una alta capacidad de adaptación, lo que paradójicamente retrasa la aparición de síntomas de sus afecciones.

En esta misma línea, Cristina Torres, médico internista y especialista en hepatología de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), asegura que se trata de un órgano “supremamente generoso, tanto que, frecuentemente, cuando presenta una patología, no se registran síntomas hasta que se encuentra ya en una etapa crítica”.

Una cifra que ayuda a entender la forma silenciosa en la que avanzan estas enfermedades tiene que ver con aquellas relacionadas con causas virales. Según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en las Américas, de los diez millones de personas que viven con estas patologías, solo el 23 % ha sido diagnosticado.

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Y este es solo un grupo de las enfermedades hepáticas que incluyen desde la cirrosis hasta cánceres (en particular, uno conocido como hepatocarcinoma). En general, estas enfermedades hepáticas dejan cerca de dos millones de muertes por enfermedades del hígado, muchas de ellas sin haber presentado síntomas claros.

Pero, ¿qué están encontrando los médicos en sus prácticas médicas en Colombia? Según Fernando Ayala, hepatólogo clínico de la FSFB, “lo que estamos viendo es un aumento claro de las enfermedades metabólicas en el hígado, es decir, aquellas relacionadas con factores como la obesidad y la diabetes”.

El hígado graso ha dejado de ser una condición aislada para convertirse en una crisis de salud pública que hoy afecta a entre el 15 % y el 30 % de la población mundial, con un crecimiento acelerado en países de ingresos medios como Colombia. Y uno de los puntos de partida de las enfermedades hepáticas en general tiene que ver con el estilo de vida que llevamos.

¿Un cuerpo sano, un hígado sano?

Cuando se piensa en enfermedades metabólicas, que se refieren a trastornos del funcionamiento del organismo del cuerpo, estas están frecuentemente ligadas a nuestro estilo de vida.

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“Los hábitos de vida poco saludables como el consumo de alimentos ultraprocesados, de azúcar y la falta de ejercicio, en general, aumentan el riesgo de que se produzcan enfermedades hepáticas crónicas”, explica Ayala, de la FSFB.

Pero, ¿cómo una mejor nutrición y una actividad física inciden en una mejor salud hepática? “Esto se debe a que todo está interrelacionado, y a entender que todo lo que uno come, después de pasar por el intestino, llega al hígado. Por esto último será uno de los que más sufrirá los procesos de intoxicación del cuerpo”.

Según precisa Torres, con actividad física no se refiere necesariamente a que hay que ir al gimnasio ni hacer un cierto número de horas de deporte. Simplemente mantener el hábito de caminar es “superpositivo, y eso ya ayuda a que toda la salud hepática esté mejor. En cuanto a los hábitos de alimentación, hay que mantener una dieta balanceada.

Por su parte, Geovanny Hernández, especialista en hepatología de LaCardio, recuerda que en nuestra población hay una mayor susceptibilidad genética, al no estar acostumbrados a dietas hipercalóricas. “Tenemos una susceptibilidad genética los latinoamericanos de tener más compromiso hepático por estos temas metabólicos, en comparación con otras latitudes, por ejemplo Norteamérica y Europa”.

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Ayala de la FSFB recuerda la importancia de hacerse exámenes médicos periódicos para monitorear el nivel de ciertos indicadores, como puede ver en el recurso que acompaña estas páginas. “Algunos exámenes de sangre, como las transaminasas, y estudios como la ecografía abdominal pueden mostrar signos de acumulación de grasa en el hígado (hígado graso). Según los factores de riesgo, también puede ser necesario evaluar el grado de fibrosis de forma no invasiva mediante elastografías”, indica.

Entre los factores de riesgo que describe Ayala se encuentran tener conductas sexuales de riesgo, el consumo frecuente de alcohol, así como antecedentes familiares específicos de enfermedades hepáticas crónicas. En estos exámenes se busca detectar algunos marcadores de la inflamación hepática.

Frente a la vacunación, los expertos señalan que en Colombia se encuentra en el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) para el que se tienen disponibles para la población dosis para el virus de la hepatitis A y B, y específicamente en poblaciones de riesgo es fundamental tener la vacunación para evitar adquirir este tipo de virus, que en general es una causa muy importante de enfermedad hepática en el mundo.

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¿Qué rol juega el alcohol en la salud hepática?

Quizá uno de los factores de riesgo para la salud del hígado más escuchados por el público general tiene que ver con el consumo de alcohol, en particular de manera excesiva. Esto se ha asociado con el desarrollo de cirrosis y otras patologías que afectan su funcionamiento.

Como explica Torres, de la Fundación Cardioinfantil y especialista en hepatología, uno de los puntos de partida para entender esta relación es que esta sustancia no afecta a todas las personas por igual, ni todas las personas que la toman van a tener una enfermedad degenerativa.

“Lo que sí podemos decir es que hay conductas de riesgo. Aunque es complejo dar una dosis, las estimaciones indican que tomarse tres cervezas o tres copas de vino al día, que constituye alrededor de tres gramos de alcohol, ya constituye una conducta de riesgo”, asegura Torres.

El especialista señala que también debe tenerse en cuenta algo que se llama “binge drinking”, que se entiende como el consumo excesivo de alcohol en corto tiempo. Esto puede ocurrir cuando personas que no consumen alcohol durante la semana, en un día pueden consumir altas dosis. Esto también constituye una conducta de riesgo.

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Por estas dinámicas, que dependen de cada organismo, el doctor Geovanny Hernández, de LaCardio, asegura que no hay una dosis de alcohol segura para el organismo, por lo que se sugiere consumir lo menos posible. “En esto también incide tener antecedentes familiares, o si el paciente tiene obesidad o diabetes”, indica.

Los expertos consultados para este artículo aseguran, además, que uno de los principales riesgos tiene que ver con hábitos sociales en los que el consumo de alcohol está regularizado.

Algunas propuestas de tratamientos novedosos

Cuando las cosas con el hígado llegan a un punto de no retorno, que en términos médicos se denomina “estadio terminal”, una de las opciones que tienen los pacientes es el trasplante, que consiste en el reemplazo de un órgano por otro saludable, frecuentemente proveniente de un donante con muerte cerebral o, en ocasiones, por una persona que decida donar uno de sus órganos.

Como explica Alonso Vera, jefe de trasplantes de la Fundación Santa Fe, “el trasplante de hígado es probablemente la cirugía abdominal más compleja que existe en términos técnicos. La primera vez que se realizó esta cirugía en el mundo fue en 1967, y en Colombia se hizo el primer trasplante de hígado en 1979 en Medellín, mientras que el segundo ocurrió precisamente en la Fundación Santa Fe en 1988”.

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Se trata de un procedimiento al que acceden decenas de colombianos y que les ha permitido tener un mejor estilo de vida, y en total se han realizado más de 800 trasplantes de hígado. Además de esto, en respuesta al panorama actual, la Fundación Santa Fe de Bogotá ha fortalecido un modelo integral de atención que articula diagnóstico especializado, seguimiento clínico y acceso a procedimientos de alta complejidad, como el trasplante hepático. Este enfoque ha permitido mejorar de manera significativa el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes, especialmente en casos avanzados.

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Por su parte, el cambio que están teniendo las enfermedades que se presentan en los colombianos también ha implicado cambios y una reconfiguración de la práctica médica. Uno de los ejemplos de esto es lo que viene adelantando en LaCardio con el Centro de Excelencia en hepatocarcinoma.

Según cuentan sus investigadores, se trata de un esfuerzo de todo un grupo para estandarizar un tratamiento para pacientes que tienen un tumor específico que se llama hepatocarcinoma. Más o menos el 30 % de los pacientes que tienen cirrosis pueden llegar a desarrollar hepatocarcinoma.

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“Los pacientes hepáticos son supremamente dinámicos. Por eso, en el centro trabajamos de la mano con los hepatólogos, con los cirujanos, con los radiólogos, con los oncólogos y con nuestras enfermeras en educar al paciente”, precisa Torres, de LaCardio.

Como explica Hernández, el objetivo es acompañar a pacientes identificando “lesiones más tempranas y ofrece siempre proporcionalmente tratamiento. Esto es tan importante porque no solo se enfocan en acompañar al paciente, sino en educarlo, que es fundamental”.

Uno de los llamados que hacen los equipos médicos es la diferencia que puede tener la salud preventiva para evitar llegar a etapas tempranas y aumentar la presión en el sistema de salud y en las familias.

“Lo clave es comunicarle a la población que tenemos límites”, añade Hernández. “Incluso si contamos con un órgano tan generoso, pues puede dañarse si adoptamos conductas inadecuadas”.

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Por Fernán Fortich

Periodista con enfoque en temas ambientales, posthumanistas y sociales.@fernanfortichrffortich@elespectador.com
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