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Florence Nightingale no era precisamente una mujer a la que la historia deparara muchas emociones. Hija de una familia adinerada, nació el 12 de mayo de 1820 en Florencia, Italia, y estaba destinada, como muchas de sus compares, a una vida consagrada al matrimonio. Su madre, Fanny Nightingale (de soltera Smith), es descrita como una mujer dominante preocupada por la búsqueda de un buen marido para su hija. Por eso, cuando Nightingale cumplió 23 años, y dijo que quería ser enfermera, se encontró con una sólida oposición de sus padres.
No era por aquel entonces un oficio muy respetado. Se asociaba con mujeres de clase trabajadora y era denostado por los médicos, preocupados porque eso pudiera significar un ataque a su profesionalismo. Casi contra todo, Nightingale completó su formación en enfermería en Alemania en 1851 y, conmovida años después por los relatos que llegaban de la Guerra de Crimea, viajó a Constantinopla (hoy Estambul) a cambiar la historia.
“La llamaban la dama de la lámpara porque pasaba con una lámpara en las noches mirando que los enfermos estuvieran bien”, cuenta Sandra Marcela Cortés Gómez, directora de enfermería de la Fundación Santa Fe de Bogotá. “En ese momento consistía en tocar, hablar, indagar si había cambios en el comportamiento o en los signos que se podían evaluar para ese entonces de los pacientes. Ella, por ejemplo, casi que masificó el lavado de manos para prevenir las infecciones”. Nightingale fue, ante todo, una estadista brillante. Ella fue quien documentó que la gran mayoría de los soldados no morían por heridas de combate, sino por enfermedades prevenibles causadas por las condiciones del hospital.
Cuando la Comisión Sanitaria de Reino Unido la escuchó, limpió las cloacas y mejoró la ventilación, y Nightingale implementó sus estrictos protocolos de higiene (lavado de manos, sábanas limpias, entre otros), los resultados fueron asombrosos: la mortalidad se desplomó. “Con ella nació la enfermería morderna, pero hoy esta es una profesión más compleja, que tiene la capacidad de influir en los resultados de la salud global”, dice Cortés. “Esta es una profesión que transforma: hecha para cuidar, educar e investigar”.
“Con el tiempo, ha pasado de ocupar un rol centrado principalmente en la atención directa al lado del paciente, a convertirse también en un actor clave en la transformación de los sistemas de salud”, agrega Yudy Andrea Rojas, directora de Enfermería de la Fundación Cardioinfantil LaCardio. “Hoy la enfermería está presente en todos los entornos del cuidado. Desde el conocimiento de lo que ocurre en la base asistencial, transforma procesos, lidera equipos e impulsa cambios dentro de las instituciones”.
“La enfermera capta las necesidades del paciente y es capaz de gestionarlas en diferentes niveles”, resume Martha Cecilia Yepes Calderón, coordinadora de educación y gestión del conocimiento de enfermería de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB). Es difícil imaginarlo de otra manera distinta al de un eje articulador: gran parte de los procesos clínicos, investigativos y humanos que sostienen a un hospital pasan por la enfermería.
Detrás de una cirugía hay enfermeras en el quirófano, vigilando signos vitales y coordinando el cuidado posoperatorio; hay enfermeras educando y acompañando a las familias; hay enfermeras detrás de la investigación, construcción e implementación de las guías clínicas, los programas de seguridad del paciente y los protocolos para prevenir infecciones; hay enfermeras liderando procesos administrativos, gestionando servicios hospitalarios y coordinando equipos multidisciplinarios, y hay enfermeras participando en investigación, producción de evidencia y transformación de los modelos de atención.
“Cada profesional de la salud puede ver una parte del proceso del paciente: el médico ve el tratamiento; el nutricionista, la alimentación, y el fisioterapeuta, la terapia, pero la enfermería es capaz de conectar todas esas piezas y de observar al paciente de manera integral”, explica Johanna Rendón, jefa de Enfermería de la Fundación Valle del Lili, en Cali. En la práctica, eso le da a esta profesión una especie de visión 360 del cuidado dentro de cualquier institución.
Por eso, organizaciones como la Fundación Santa Fe de Bogotá y LaCardio fueron pioneras en impulsar direcciones de enfermería con un papel mucho más transversal dentro de la toma de decisiones clínicas y administrativas. Otras instituciones, como el San Vicente Fundación, en Medellín, o la Fundación Valle del Lili, en Cali, avanzaron en esa misma dirección.
Y hay razones de peso para ese camino. Numerosa evidencia indica que los resultados para los pacientes son más favorables en hospitales con una mayor disponibilidad de enfermeras. En 2021, por ejemplo, un artículo publicado en “The Lancet”, una de las revistas científicas más respetadas, encontró que mejorar la dotación de personal de enfermería se asociaba con reducciones cercanas al 7 % en la mortalidad hospitalaria y los reingresos. En la base, como ocurría hace más de 200 años con Florence Nightingale, sigue existiendo una mezcla de vocación, cuidado y sentido de servicio. Quienes se dedican a la enfermería en Colombia tienen historias atravesadas por el deseo genuino de acompañar, aliviar y estar presentes en los momentos más vulnerables de la vida de otras personas.
Una historia de dedicación
Quienes llegan a la enfermería profesional rara vez pueden hablar de ella sin pasión. Muchos recuerdan haberse sentido atraídos desde la infancia, en escenas aparentemente pequeñas y cotidianas: la enfermera que atendía una caída en el colegio, una visita al hospital o la sensación de calma que alguien fue capaz de transmitir en medio de una emergencia. “Había algo que me parecía muy valioso en eso: esa persona tendía la mano y el otro sentía que no estaba solo, que había alguien ahí para ayudarlo”, recuerda Cortés. “Creo que me marcó esa idea de acompañar a alguien en medio del miedo o el dolor”.
En otros casos, la inspiración llegó desde el ejemplo familiar. Yuly Andrea Santa Mejía, directora de Enfermería del Hospital San Vicente Fundación, recuerda acompañar a su mamá cuando ayudaba a vecinos del barrio con curaciones o inyecciones . “Veía en los rostros de las personas esa sensación de gratitud. Recuerdo que pensaba: ‘Qué bonito debe ser poder servirle a alguien así’”, cuenta. “Y creo que esa experiencia me fue acercando a la enfermería. Para mí, la enfermería siempre ha significado servicio”.
“En mi casa, aunque mi abuelo era médico, la perspectiva que había era que todas las situaciones de salud eran abordadas por mi abuela”, recuerda también John Lombana Cortés, coordinador de formación de la dirección de Enfermería de LaCardio. “Ella era la que tomaba el liderazgo para brindar todo el cuidado. Ella fue enfermera y estuvo muy presente en toda mi crianza y educación en la infancia, así como en la adolescencia. Tenía muy arraigada la vocación y quería tener una familia entera constituida por enfermeros”.
Los días para todos ellos comienzan temprano. “Llegamos a la UCI neonatal a alrededor de las 6:30 de la mañana, y lo primero que hacemos es lo que llamamos la transferencia del cuidado del paciente”, dice Carolina Revollo Baena, enfermera especialista en cuidados intensivos y líder del comité de prevención de infecciones del hospital Serena del Mar de la FSFB, en Cartagena. Se refiere a un proceso en el que el equipo de enfermería revisa el estado de los pacientes: diagnósticos, tratamientos, medicamentos, horarios, antecedentes, resultados de laboratorio y cualquier cambio ocurrido durante la noche o jornada anterior.
No es una entrega de turno cualquiera, porque no ocurre lejos del paciente ni de su familia. La enfermera no se aparta con el médico a conversar en un pasillo o detrás de una puerta. Se hace frente al paciente y sus familiares, incorporándolos a la conversación y teniendo en cuenta aspectos que van mucho más allá de lo clínico: a qué hora le gusta comer, cómo prefiere bañarse, si practica alguna religión, quién suele acompañarlo o qué cosas le generan tranquilidad o incomodidad durante la hospitalización. “Ese tipo de cosas hacen que el paciente y su familia tengan un espacio en el que se les cuida”, afirma Revollo.
En el área de cirugía cardiovascular de LaCardio también se empieza muy temprano, y el flujo de pacientes suele ser alto. “Aquí tratamos la enfermedad coronaria, que es una de las patologías por la que más se mueren personas en Colombia y el mundo”, señala Julieth González Cerón, enfermera especialista clínica y administrativa. “Mi día a día empieza entonces identificando a los pacientes a quienes se les define la necesidad de una revascularización miocárdica”, explica, un procedimiento que busca restaurar el flujo sanguíneo hacia el corazón cuando las arterias coronarias están obstruidas o estrechas.
“Desde ese momento comienza todo un trabajo multidisciplinario para acompañar al paciente desde la indicación de la cirugía hasta meses después del procedimiento”, explica.
Muy cerca de allí, ya no se trata de restaurar el flujo sanguíneo hacia el corazón, sino de acompañar a pacientes que esperan un nuevo órgano. LaCardio es hoy una de las instituciones que más trasplantes realiza al año en Colombia. Allí está Paola Gonzalo Rayo. “Las enfermeras de trasplante manejamos muchas fases del paciente trasplantado”, asevera. Todo comienza con una consulta inicial en la que se determina si el paciente es apto para ingresar a estudio pretrasplante. Después viene la coordinación de exámenes, el análisis de resultados, la preparación de casos para juntas médicas y el seguimiento de pacientes que permanecen en lista de espera. “Nosotras somos las encargadas de mantener a esos pacientes actualizados para que, cuando llegue el momento del trasplante, tengamos los exámenes y todo el análisis de resultados de una manera acorde”, asegura.
Después del procedimiento, el trabajo continúa con consultas de enfermería enfocadas tanto en el paciente como en su familia. “A nosotras nos llegan las cosas positivas, pero también todos los problemas de los pacientes: las demoras administrativas, las dificultades para acceder a un medicamento o casos en los que, de pronto, no tienen a un familiar que los cuide”, reconoce González. “Somos quienes orientan a los pacientes en un sistema de salud donde a veces es posible que sientan que están muy solos”.
Las jornadas avanzan así, entre procedimientos complejos, llamadas a familiares, seguimientos clínicos, trámites administrativos, educación al paciente y decisiones que muchas veces deben tomarse en cuestión de minutos. Todo bajo la mirada de personas como Cortés o Judy Andrea Rojas, quienes desde las direcciones de enfermería pueden observar cómo todos esos pequeños procesos cotidianos terminan conectándose entre sí.
Los retos hacia el futuro
“El primer día que entré a la Facultad de Enfermería llegué al salón de clase y solo había mujeres. De pronto ese fue el único momento de mi vida en que me pregunté sobre el camino que había elegido”, recuerda Lombana, coordinador de formación de la Dirección de Enfermería de LaCardio. “A medida que pasaron las horas fueron llegando más hombres. No éramos muchos, pero llegamos a ser alrededor de cinco. Creo que ese sigue siendo un sesgo que hay que cambiar: que la enfermería solo la practican mujeres. También para responder al deficit que hoy esta viviendo no solo Colombia, sino todo el mundo”.
Al planeta le faltan enfermeras y enfermeros. El informe sobre la situación de la enfermería en el mundo 2025 de la OMS estima que hay un faltante de 5,8 millones. Pero los países de ingresos bajo y mediano la tienen más dificil. “Datos de la OCDE estiman que Colombia registra 1,6 enfermeras por cada 1.000 habitantes, cuando el promedio de la Organizacion es de 8,8”, recuerda Wilson Cañón Montañez, enfermero y presidente de la Asociación Colombiana de Facultades y Escuelas de Enfermería (Acofaen). Superar ese déficit será clave, advierte la OMS, para que el mundo pueda acercarse a los objetivos de cobertura universal en salud y responder al envejecimiento creciente de la población.
No es fácil señalar una sola causa, pero la preparación de las enfermeras y enfermeros colombianos los ha convertido en un talento cada vez más demandado fuera del país, donde pueden encontrar mejores salarios y condiciones laborales más competitivas. La excelencia de la enfermería colombiana no es solo una percepción. La FSFB obtuvo la certificación Magnet, otorgada por el American Nurses Credentialing Center, considerado el mayor reconocimiento global a la excelencia en enfermería. La institución fue la primera en Colombia y la segunda en Suramérica en recibir esa distinción. Y buena parte de los profesionales consultados para esta nota tienen especializaciones, maestrías y trayectorias altamente técnicas en áreas críticas del cuidado.
Marcela Parra, por ejemplo, es enfermera líder del Programa de Accesos Vasculares de LaCardio y es parte también del Comité Científico Global en accesos vasculares, uno de los escenarios académicos más relevantes en ese campo a nivel internacional. “Por todo eso, hay que seguir visibilizando este trabajo y diferenciarlo del rol del auxiliar de enfermería, que también es importante, pero tiene funciones y niveles de formación distintos”, explica Parra.
“Las enfermeras profesionales son las que están a cargo de los auxiliares de enfermería, y esos auxiliares de enfermería son personal técnico con formación técnica laboral o técnica profesional realizada en uno o dos años. Ellos tienen un rol operativo orientado a cuidados básicos y confort del paciente. Sin autonomía clínica, actúan por delegación, no toman decisiones clínicas”, agrega Cañón. En el país hay 75 programas que están habilitados para ofertar la carrera profesional de enfermería y anualmente se gradúan en promedio unos 4.000 nuevos profesionales. Entender la diferencia entre uno y otro también ayuda a dimensionar mejor el lugar que ocupa hoy la enfermería profesional en Colombia.
Para todos, sin embargo, el espacio ganado por la enfermería en Colombia durante las últimas décadas ha sido enorme, y las oportunidades hacia el futuro parecen todavía mayores. “Me quiero imaginar una enfermería más inquieta, mucho más articulada con la academia. Necesitamos construir un propósito común”, dice Cortés, de la Fundación Santa Fe de Bogotá. “Hoy hemos avanzado muchísimo, pero necesitamos seguir fortaleciendo la investigación, la innovación y la generación de nuevo conocimiento para la disciplina. Hay que avanzar hacia la enfermería de práctica avanzada”, agrega, en la misma línea, Rojas, jefa del Departamento de Enfermería de LaCardio.
Como ella, Adriana Cristina Jurado Jiménez, directora de enfermería de la Unidad Infantil del San Vicente Fundación, cree que la enfermería de práctica avanzada “es nuestro próximo escalón. Ya es un hecho en los países europeos y en Norteamérica, en donde la enfermería se consolida como una profesión que amplía su quehacer y su autonomía para el cuidado y la atención de los pacientes”. En la práctica avanzada, las enfermeras adquieren una formación clínica más especializada y asumen nuevas tareas como liderar consultas, participar de manera más autónoma en decisiones clínicas, hacer seguimiento especializado de pacientes crónicos y convertirse en piezas aún más importantes en los hospitales.
Las enfermeras y los enfermeros colombianos se posicionan entonces como científicos, líderes administrativos, docentes académicos, coordinadores de equipos e investigadores del más alto nivel. Todo eso sin abandonar la vocación de cuidado que está en su esencia.
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