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Durante muchos años, la consulta pediátrica se ha asociado principalmente con el control del crecimiento, la vacunación y el manejo de enfermedades.
Sin embargo, hoy sabemos que el verdadero impacto del pediatra va mucho más allá del diagnóstico y el tratamiento. Comienza mucho antes: en la prevención y la construcción de hábitos saludables que acompañarán al niño durante toda su vida.
En un contexto donde el sedentarismo, el exceso de tiempo frente a pantallas, los espacios de vivienda más reducidos, la disminución de la actividad física en los currículos escolares y el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados están cada vez más presentes, las enfermedades crónicas empiezan a aparecer a edades más tempranas.
Por eso, el rol del pediatra cobra una relevancia aún mayor. La actividad física en la infancia no debe verse solo como una recomendación general. Es una herramienta clínica que, cuando se prescribe de forma adecuada, puede influir en la salud cardiovascular, metabólica y mental de los niños a lo largo de su vida.
La actividad física como herramienta clínica
El pediatra tiene una ventaja única frente a muchas otras especialidades: una relación longitudinal con el niño y su familia.
Este vínculo permite acompañar el desarrollo del niño durante años y facilita promover estrategias de prevención y detección temprana de factores de riesgo, tanto modificables como no modificables.
Entre ellos se encuentran:
- Obesidad infantil
- Trastornos alimentarios
- Enfermedades crónicas
- Comorbilidades relacionadas con el estilo de vida
Sin embargo, es importante entender que no es lo mismo recomendar actividad física que prescribirla. La prescripción de actividad física debe ser una intervención clínica estructurada, en la que el profesional de salud indique de manera individualizada:
- La frecuencia
- La intensidad
- El tipo de actividad
- La duración del ejercicio
Estas recomendaciones deben adaptarse a la edad, el desarrollo, las capacidades físicas, las condiciones médicas y el entorno del niño o adolescente.
La evidencia científica demuestra que la actividad física regular genera múltiples beneficios en la población pediátrica:
- Mejora la salud cardiovascular
- Favorece el metabolismo
- Fortalece el sistema musculoesquelético
- Estimula el desarrollo cognitivo
- Promueve el bienestar emocional y social
Estos beneficios también aplican para niños con discapacidad o con enfermedades crónicas.
El concepto de alfabetización física
Durante mucho tiempo se asumió que los niños son activos por naturaleza.
Sin embargo, la evidencia actual muestra que, en los entornos modernos, muchos niños no desarrollan adecuadamente las habilidades básicas para el movimiento.
De esta necesidad surge el concepto de alfabetización física.
El Instituto Aspen la define como “la capacidad, la confianza y el deseo de estar físicamente activo durante toda la vida”.
Este concepto se construye a partir de tres componentes principales.
Capacidad
Hace referencia a la competencia en habilidades fundamentales del movimiento, como:
- Lanzar
- Atrapar
- Saltar
- Correr
- Patear
- Golpear
- Mantener el equilibrio
- Coordinar movimientos
Competencia
La competencia en estas habilidades es un fuerte predictor de los niveles actuales y futuros de actividad física, así como de la aptitud cardiovascular, el índice de masa corporal (IMC) y el riesgo de sobrepeso u obesidad.
Confianza y deseo
La confianza se desarrolla a partir de experiencias positivas tempranas con el movimiento y el juego físico.
El deseo, por su parte, refleja el interés y el disfrute por la actividad física, aspectos que se fortalecen cuando los niños participan en entornos deportivos inclusivos y estimulantes.
Este enfoque cambia completamente la perspectiva.
Ya no se trata simplemente de decir “haga ejercicio”, sino de lograr que el niño:
- Sepa moverse
- Se sienta capaz de hacerlo
- Quiera mantenerse activo
Porque los niños activos no nacen activos: se forman.
Actividad física y salud a largo plazo
Los niños que desarrollan hábitos de movimiento desde edades tempranas tienen mayor probabilidad de:
- Mantener actividad física en la adultez
- Presentar mejor salud cardiovascular
- Desarrollar mayor bienestar mental
- Adoptar estilos de vida saludables a largo plazo
Pero quizá uno de los aspectos más fascinantes y menos conocidos es que la actividad física en la infancia también puede modificar la expresión de ciertos genes.
Este fenómeno se conoce como epigenética.
La actividad física puede influir en genes relacionados con:
- El metabolismo
- Los procesos inflamatorios
- La respuesta al estrés
- La función cerebral
Estos cambios epigenéticos podrían tener efectos protectores a largo plazo e incluso influir en la salud de futuras generaciones.
En otras palabras, promover la actividad física desde la pediatría no solo previene enfermedades, también interviene en cómo el organismo se desarrolla y se adapta a lo largo del tiempo.
La actividad física como quinto signo vital
Aunque parece evidente, muchas veces se olvida una idea fundamental: la actividad física es una necesidad biológica, no una opción.
Por eso, cada vez más expertos consideran que debe evaluarse como el quinto signo vital.
Esto significa que debe ser:
- Evaluada en consulta
- Prescrita de manera individualizada
- Acompañada y monitoreada con rigor clínico
En la infancia, este enfoque cobra aún más relevancia, porque los hábitos que se construyen en los primeros años suelen determinar la salud en la vida adulta.
El pediatra como arquitecto de la salud futura
En este contexto, el pediatra deja de ser únicamente un profesional que trata enfermedades. Se convierte en un verdadero arquitecto de la salud a largo plazo.
Cada recomendación, cada orientación y cada intervención durante la infancia tiene el potencial de influir en la salud de una persona durante décadas.
Cada salto, cada carrera y cada juego activo representan una inversión silenciosa en el futuro. Promover una infancia activa no es solo una decisión individual. También es una apuesta por la salud pública y el bienestar de las próximas generaciones.
Carol Susana Trujillo Sandoval es pediatra de LaCardio.
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