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¿Qué tiene que ver el cambio climático con la salud cerebral? Más de lo que creemos

Científicos advierten que variables como el calor extremo, el frío y la humedad están cada vez más asociadas al riesgo de accidente cerebrovascular, especialmente en poblaciones vulnerables.

Redacción Salud

30 de abril de 2026 - 02:34 p. m.
Temperaturas extremas, variaciones bruscas del clima y eventos como incendios forestales se relacionan con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, según una revisión reciente de la World Stroke Organization.
Foto: Getty Images

El cambio climático podría estar amplificando su impacto sobre la salud más allá de lo que se conocía hasta ahora. A los efectos ya conocidos de la contaminación del aire, como el aumento de enfermedades respiratorias, se suman nuevas evidencias sobre su influencia en el cerebro. La World Stroke Organization acaba de publicar un compendio de evidencia que advierte que este fenómeno se perfila como una amenaza creciente para la salud cerebral a nivel global.

Los científicos revisaron estudios que analizaron la relación entre accidentes cerebrovasculares y variables ambientales asociadas al cambio climático. Entre ellas, por ejemplo, temperaturas extremas, cambios de temperatura, humedad, presión atmosférica, incendios forestales, tormentas de polvo y arena, y combinaciones de eventos meteorológicos. Dos revisores evaluaron los estudios y luego se revisaron en detalle aspectos como diseño, tamaño de muestra, ubicación y solidez de la evidencia. También se tuvo en cuenta el impacto en poblaciones vulnerables cuando había datos disponibles. Hay un detalle importante: la contaminación del aire (que no fuera por incendios forestales) se dejó para otro análisis.

Los resultados muestran que la mayoría de los estudios eran de tipo ecológico y que factores como el frío, la variabilidad de la temperatura y los eventos térmicos extremos se asocian de forma más consistente con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Aunque el frío presenta efectos más fuertes, el impacto del calor ha ido aumentando con el tiempo. También se encontraron asociaciones con presión barométrica baja o variable, cambios rápidos de humedad y exposición al humo de incendios forestales, polvo y tormentas de arena, especialmente en adultos mayores y en personas de países de ingresos bajos y medios.

Cuando estos factores ocurren de manera simultánea, sus efectos pueden sumarse o potenciarse, dice la organización. Aunque la evidencia muestra asociaciones y no causalidad directa, los hallazgos son consistentes y plausibles desde el punto de vista biológico.

Hay que recordar que el ictus sigue siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, con una carga particularmente alta en los países de ingresos bajos y medios, donde se concentra la gran mayoría de los casos (de hecho, la World Stroke Organization estima que alrededor del 89 %). Dentro de este panorama, el ictus isquémico es el tipo más frecuente: se produce cuando un coágulo de sangre obstruye una arteria cerebral y representa la mayoría de los eventos frente a otras formas, como el ictus hemorrágico.

La profesora Anna Ranta, autora principal del estudio y perteneciente al Departamento de Medicina de la Universidad de Otago, en Wellington, Nueva Zelanda, y miembro de la Junta Directiva de la Organización Mundial del Ictus, afirma que un clima inestable aumenta el riesgo tanto de sufrir un ictus como de que los pacientes mueran como consecuencia de ello. Las temperaturas extremas y las fluctuaciones rápidas de temperatura, humedad y presión atmosférica tienen un efecto fisiológico en el cuerpo humano. Las altas temperaturas pueden provocar deshidratación, espesando la sangre y aumentando el riesgo de obstrucción de los vasos sanguíneos, mientras que los cambios en la humedad y la presión atmosférica pueden elevar la presión arterial, una causa importante de accidente cerebrovascular.

“Los cambios absolutos de temperatura y las variaciones de temperatura, presión barométrica y humedad, patrones que se están intensificando como consecuencia del cambio climático, influyen en el riesgo de sufrir un derrame cerebral”, explica Ranta en una nota de prensa.

Frente a esto, la organización plantea que hay que avanzar en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, ya que limitar el cambio climático disminuye los factores ambientales que influyen en el riesgo de accidente cerebrovascular y protege la salud cerebral a largo plazo. También subraya la necesidad de integrar la conciencia sobre el riesgo climático en la prevención y atención, incluyendo educación al paciente y sistemas de alerta temprana.

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Entre las prioridades se destacan la protección de grupos vulnerables, el desarrollo de métricas estandarizadas, el seguimiento longitudinal, la ampliación de la investigación en regiones subrepresentadas y el fortalecimiento de la colaboración global, con el fin de hacer más resilientes los sistemas de atención y reducir tanto la carga de enfermedad como los impactos más amplios en la salud.

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