¿Se ha preguntado alguna vez qué significa estar sano o estar enfermo? Cuando en una casa empieza a rondar una gripe de esas molestas y comunes es posible que alguien termine diciendo con tono práctico: “Eso es un virus que está dando”. Y tiene algo de razón.
La enfermedad es un hecho biológico: una bacteria, un virus o un hongo se multiplican en el cuerpo, activan las defensas y provocan la fiebre, el dolor o el malestar. ¿Pero es posible que no sea solo eso? En 1946, la Organización Mundial de la Salud se hizo esa pregunta.
La gente se enferma, pero no se enferma igual. No es lo mismo pasar una gripe en una cama cálida y con descanso que tener que salir a trabajar bajo la lluvia todos los días. Dos personas pueden contagiarse del mismo virus y, sin embargo, vivir experiencias muy distintas de enfermedad y de recuperación. Importa dónde se vive, el tipo de empleo, el acceso a servicios médicos, la alimentación e incluso el tiempo disponible para cuidarse.
La salud no es solo un hecho biológico, concluyó la OMS, sino es también algo psicológico y algo social. Es eso lo que explica por qué, en países como Colombia, muchas personas siguen muriendo de enfermedades que en otros lugares son prevenibles. No porque el virus o la bacteria sea distinto, sino porque las condiciones que rodean al cuerpo importan.
Los médicos llaman esa comprensión de la salud “integralidad”. Nosotros la vamos a llamar “Salud Consciencia”. El Espectador presenta a sus lectores, con el apoyo de La Cardio y la Fundación Santa Fe de Bogotá, un nuevo espacio editorial para entender la salud en todas sus dimensiones: desde la evidencia científica hasta los factores sociales que la atraviesan, desde la prevención y el tratamiento hasta las preguntas cotidianas que todos nos hacemos sobre el cuidado, la enfermedad y el bienestar.
Un espacio para conversar, con información rigurosa, voces expertas, contexto y calma, sobre las transformaciones que está viviendo la salud en Colombia y el mundo.
Un país que cambia
La salud en Colombia está atravesando profundos cambios. Algunos son coyunturales: debates sobre reformas, tensiones financieras, ajustes en la organización del sistema, dificultades en el acceso a medicamentos y discusiones públicas sobre cómo debe garantizarse el derecho a la atención. Son transformaciones visibles, que ocupan titulares y generan conversación y preguntas entre pacientes, profesionales de la salud y académicos.
Otros cambios son más silenciosos y de largo aliento. La población colombiana está envejeciendo. Nacen menos niños y, al mismo tiempo, vivimos más años. Según el DANE, el país transita la etapa final del llamado “bono demográfico”, ese período en el que la proporción de personas en edad de trabajar es mayor que la de niños y adultos mayores. Ese escenario, que durante décadas fue una gran oportunidad, comienza a terminar.
El ritmo de envejecimiento supera ya el ritmo de nacimientos. Las proyecciones del DANE indican que, hacia 2050, más del 24 % de la población podría tener 60 años o incluso más.
Pero el envejecimiento no es un problema, “per se”. En 2024, Alexandre Kalache, quien dirigió el programa de la Organización Mundial de la Salud sobre Envejecimiento y Ciclo de Vida, tenía 77 años y se declaraba un “activista del envejecimiento”: “Yo soy la muestra de la mayor revolución que ha vivido nuestra sociedad en los últimos 100 años: la revolución de la longevidad”, le decía, orgulloso, a El Espectador. Por supuesto, que podamos envejecer es un triunfo de la salud: significa que las vacunas funcionan, que los antibióticos salvan millones de vidas día a día, que mejora el saneamiento, la nutrición y las condiciones de vida. Significa que más personas llegan a edades que antes eran excepcionales.
“¿Cómo no va a ser eso una gran revolución?”, se preguntaba Kalache. “Pero la gran conquista que fue envejecer en los últimos 100 años es el desafío del siglo XXI”, advertía.
Porque importa cómo envejecemos. Salud Consciencia es un espacio para preguntarnos cómo queremos vivir, qué decisiones públicas y privadas pueden mejorar la calidad de vida, y cómo la evidencia científica puede ayudarnos a anticiparnos y a preparar el sistema de salud para esos retos, que no son una cosa del mañana. Hoy, el 21,7 % de las personas con alguna discapacidad en Colombia son mayores, y de ellas alrededor del 73 % reporta limitaciones de tipo físico, detalla el Ministerio de Salud. Hoy, más del 45 % de quienes han sido diagnosticados con una enfermedad crónica en el país tienen 60 años o más.
El cáncer, la diabetes, los problemas del corazón y los distintos tipos de demencia son parte de un profundo cambio en el perfil epidemiológico del país. Son enfermedades que requieren seguimiento prolongado, tratamientos continuos y redes de cuidado más sólidas.
Y en ese escenario la salud mental aparece de manera natural. Convivir con una enfermedad crónica puede traer preocupaciones, cambios en la rutina e incertidumbre. La depresión, la ansiedad o el aislamiento no son asuntos separados, sino experiencias que pueden entrelazarse con el diagnóstico y el tratamiento. Y también pueden estar presentes antes, influyendo en los hábitos y en la forma en que cada persona cuida su salud. Hoy muchos colombianos consultan no solo por un dolor físico, sino porque no están durmiendo bien, porque se sienten agotados y depresivos sin razón clara, o porque les cuesta concentrarse o mantener el ánimo. Son señales cotidianas que hablan de algo más amplio.
Para atender el hoy, entonces, necesitamos un sistema de salud que llegue a tiempo, consolide rutas de atención y garantice continuidad en los tratamientos integrales. Un sistema que no solo responda cuando la enfermedad se complica, sino que acompañe antes, durante y después del diagnóstico. Salud Consciencia es un espacio para entender que ese proceso se construye todos los días: con políticas públicas, con un conocimiento médico sobre tecnologías y tratamientos que avanzan con rapidez y certeza, y con hábitos.
Porque muchas de estas enfermedades pueden prevenirse si se actúa ya.
La nutrición diaria, el consumo de sal y azúcar, la actividad física, el tabaquismo, el alcohol, las horas de sueño y el manejo del estrés importan. No es una intuición, sino lo que muestran décadas de investigación en salud pública y epidemiología. Sabemos, por ejemplo, que reducir el consumo de sodio ayuda a controlar la presión arterial, que la actividad física regular disminuye el riesgo cardiovascular, que mantener un peso saludable reduce la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y que la estimulación cognitiva y las redes sociales activas pueden contribuir enormemente a preservar funciones mentales.
Salud Consciencia nació para traducir esa evidencia en conversaciones claras y con un impacto en el día a día. Es una invitación a entender la salud como un proceso respaldado por la ciencia médica, pero también moldeado por decisiones individuales y colectivas.
Son tiempos difíciles
Consejos milagrosos, curas rápidas, cadenas virales y videos sin sustento científico circulan todos los días. Basta abrir el celular para encontrarse con dietas “definitivas”, suplementos que prometen revertir enfermedades en semanas o testimonios que parecen más convincentes que cualquier estudio clínico serio. Son tiempos difíciles para la información en salud. Nunca habíamos tenido tanto acceso a los datos, investigaciones y voces expertas y, al mismo tiempo, tanta desinformación compitiendo por la atención.
Los mitos sin ningún sustento alrededor de los trasplantes muestran cómo, incluso en temas regulados y respaldados por décadas de evidencia, pueden instalarse dudas, temores y narrativas falsas. Que “los médicos no harán todo lo posible por salvar a un paciente si es donante”, o que existe un mercado oculto y generalizado de órganos que decide quién vive y quién no son bulos que reaparecen de cuando en cuando y se reproducen con facilidad.
El problema no es solo que sean falsos. Es el efecto que producen. Estas versiones erosionan la confianza y pueden desalentar decisiones que salvan vidas, como la donación.
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), más de 4.000 colombianos están en lista de espera para un trasplante, y el riñón es el órgano más demandado. Detrás de esa cifra hay personas que organizan su vida alrededor de una llamada que puede llegar en cualquier momento. Hay quienes pasan varias veces por semana conectados a una máquina de diálisis, esperando una oportunidad. Hay familias que aprenden palabras nuevas (como “compatibilidad”, “rechazo” o “lista activa”), mientras intentan sostener la rutina.
También hay una ciencia que no se detiene: avances en inmunología, mejores técnicas quirúrgicas, medicamentos que permiten que un órgano trasplantado permita una vida plena. Y hay equipos médicos que coordinan cada paso con precisión, desde la donación hasta el control posterior. Por eso, hablar de salud hoy exige algo más que repetir titulares.
Exige contexto, explicación y rigor. Salud Consciencia nació en ese escenario: como un espacio para frenar un momento, desmontar falsedades, revisar qué se sabe realmente, qué está en discusión y qué es todavía incierto. En salud, la desinformación no es inocua. Retrasa diagnósticos, dificulta tratamientos o siembra dudas donde debería haber claridad.
Con su larga tradición en el periodismo científico y de salud, y con el apoyo de aliados como la La Cardio y la Fundación Santa Fe, El Espectador abre este nuevo capítulo editorial. Salud Consciencia es una apuesta por explicar sin simplificar, por preguntar antes de afirmar y por poner la evidencia en el centro de la conversación. Un espacio para entender cómo funciona el sistema de salud, qué avances trae la ciencia y cómo las decisiones cotidianas, personales y colectivas influyen en el bienestar.
En tiempos de cambios profundos y sobreinformación la salud merece contexto, rigor y calma. Ese es nuestro propósito: acompañar a los lectores, con información clara para entender mejor el presente y anticipar, con conocimiento, los retos que vienen.
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