14 May 2021 - 6:09 p. m.

Se aplaza debate sobre la ley de Comida Chatarra

Por falta de quorum no se debatió en la Comisión Séptima del Senado el proyecto de Ley de Comida Chatarra, que pretende adoptar el etiquetado frontal de alimentos ultraprocesados como medida de salud.
América Latina es la región que reporta el mayor consumo de bebidas azucaradas y grasas trans.
América Latina es la región que reporta el mayor consumo de bebidas azucaradas y grasas trans.
Foto: Pixabay

El proyecto de ley conocido como “Ley de Comida Chatarra” tiene como objetivo la adopción de medidas para el fomento de entornos alimentarios saludables y prevenir enfermedades no transmisibles. Iniciativas similares se han presentado en el pasado y, a juicio de varios sectores del Congreso y de la sociedad civil, ha contado en su contra con un fuerte lobby desde el sector alimenticio que no le había permitido avanzar.

Precisamente este jueves 13 de mayo la Comisión Séptima del Senado tendrá la oportunidad de aprobar el proyecto de Ley 347 de 2020 en su tercer debate, con lo cual estaba más cerca de hacerse realidad. Pero la discusión fue aplazada.

En junio del año pasado, la Comisión Séptima hundió el proyecto de ley porque el entonces presidente, Jairo Cristancho, anuló la sesión por la presencia de Jesús Santrich (entonces congresista). En esta ocasión, la senadora Milla Romero, del Centro Democrático, propuso ciertas modificaciones que, una vez más, le quitarían “dientes” al proyecto que se volvió a presentar y a poner en discusión. (Se hundió el proyecto de ley que pedía etiquetas más claras en comida chatarra)

El artículo 5 dice que todos los alimentos envasados que superen los umbrales de advertencias establecidas por el Ministerio de Salud. También esta cartera deberá “implementar un etiquetado frontal donde se incorpore un sello de advertencia, que deberá ser de alto impacto preventivo, claro, visible, legible, de fácil identificación y comprensión para los consumidores, con mensajes inequívocos que adviertan al consumidor de los contenidos excesivos de nutrientes críticos”. El nodo del asunto es que antes no se refería solo a alimentos envasados, sino a “todos los productos comestibles o bebibles clasificados como ultra procesados de acuerdo a nivel de procesamiento con cantidad excesiva de nutrientes críticos”.

También se pretende eliminar este párrafo: “El sello de advertencia deberá ir en la parte frontal del producto cuando los nutrientes críticos se encuentren por encima de los valores máximos establecidos por el Gobierno Nacional, de acuerdo con la mayor evidencia científica disponible avalada por el Ministerio de Salud y Protección Social, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)”. (Avanzó proyecto de ley de etiquetado en la Cámara, ¿de qué se trata la iniciativa?)

Sobre el etiquetado frontal también hay cambios. En el borrador de proyecto anterior se determinaba que la forma, color, tamaño y contenido del sello de advertencia se haría con base en la “evidencia científica disponible, libre de conflicto intereses, avalado por el Minsalud. Tambié dice que “se podrá tener en cuenta al evidencia científica e la OMS la OPS y el Codex Alimentario, entre otros”. Como va el proyecto, se elimina el aval del Ministerio de Salud, y la revisión de evidencia científica de entidades internacionales no gana obligatoriedad. También se elimina la necesidad de que el sello de advertencia vaya en la parte frontal del producto “cuando los nutrientes críticos se encuentren por encima de los valores máximos establecidos por el Gobierno Nacional”.

El párrafo 2 dice que Minsalud reglamentará los criterios aplicables sobre “declaraciones nutricionales o declaraciones de salud en la etiqueta de los productos que deban adoptar los sellos de advertencia”. Se eliminó el párrafo que decía que el etiquetado frontal no podrá incorporar declaraciones nutricionales o de salud.

Este es uno de los puntos más álgidos Allí es donde viene uno de los puntos más gruesos y polémicos, y precisamente el que ha tenido más resistencia por parte de la industria de alimentos: el etiquetado. El artículo ocho de la iniciativa señala que, dentro de los 12 meses siguientes a la entrada en vigencia de la ley, dicha mesa técnica deberá establecer varias cosas, como el contenido de azúcar, azúcares libres, y demás edulcorantes, sodio, grasas saturadas, grasas trans, y/o grasas totales en los productos alimenticios y los aditivos que cumplan o no función tecnológica en el producto, tal como está definida en la normatividad nacional.

La verificación de los contenidos reportados por los fabricantes para la realización del etiquetado quedaría en manos del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima). Ahora, la información para el fomento de entornos saludables no se quedaría solamente en el papel de las etiquetas, sino que se deberá fomentar, a través de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, la emisión de contenidos para la promoción de esta política en franja infantil y familiar en horario triple A en televisión.

El Ministerio de Salud y Protección Social, en un plazo máximo de un año contado a partir de la promulgación de la presente ley, reglamentará los sellos de advertencia.

La Organización Panamericana de la Salud había ratificado su apoyo al proyecto de ley diciendo que se encontraba alineado con sus políticas contra la obesidad infantil y otras formas de malnutrición. Según el Ministerio de Salud, en Colombia hay 23 millones de personas con sobrepeso y uno de cada cinco niños colombianos sufre de obesidad. (Etiquetas de los alimentos sí reducen su consumo)

El etiquetado claro de los productos altos en sodio o grasa ha probado ser eficaz para reducir su consumo. Una revisión sistemática de ‘Food-PRICE’ y un metanálisis de estudios intervencionistas, dirigido por investigadores de la Escuela de Ciencia y Políticas de Nutrición de Friedman en la Universidad de Tufts, Estados Unidos, evaluó la efectividad de múltiples tipos de etiquetas en los alimentos. Encotraron que el etiquetado reducía la ingesta de los consumidores de calorías en un 6,6 por ciento; de grasa total en un 10,6 por ciento y otras opciones de alimentos poco saludables en un 13 por ciento. El etiquetado también aumentó el consumo de verduras de los consumidores en un 13,5 por ciento.

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