La comunidad científica internacional está trabajando contra reloj para intentar contener el brote de ébola causado por el virus Bundibugyo, que afecta actualmente a la República Democrática del Congo y Uganda. A diferencia de otras formas del virus del ébola, para este no existen vacunas ni tratamientos específicamente aprobados, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a movilizar a expertos de distintos países para identificar las opciones más prometedoras. En las últimas semanas, la OMS reunió a varios de sus grupos asesores científicos para revisar toda la evidencia disponible sobre vacunas y medicamentos experimentales que podrían utilizarse tanto para prevenir como para tratar la enfermedad.
El objetivo fue determinar cuáles de estas herramientas tienen suficiente potencial para ser evaluadas rápidamente en ensayos clínicos durante el actual brote. Por ahora, los expertos coinciden en que no existe una solución definitiva. Sin embargo, sí se han identificado varios candidatos que se consideran lo suficientemente prometedores como para acelerar su investigación. Las recomendaciones fueron anunciadas esta semana oficialmente.
Para los pacientes ya infectados, los científicos recomendaron priorizar el estudio de dos terapias basadas en anticuerpos monoclonales, MBP134 y Maftivimab, así como del antiviral remdesivir. También sugirieron evaluar combinaciones entre estos tratamientos para determinar si pueden mejorar la supervivencia de los pacientes. En paralelo, la OMS está evaluando varias vacunas experimentales dirigidas específicamente contra el virus Bundibugyo. La que actualmente genera mayores expectativas es una vacuna de dosis única desarrollada por la Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el Sida (IAVI), aunque los investigadores estiman que aún necesitará entre siete y nueve meses de desarrollo antes de poder probarse en estudios de eficacia. Otra candidata, desarrollada por la Universidad de Oxford y el Serum Institute of India, podría estar lista para entrar en ensayos clínicos en un plazo más corto.
Los expertos también analizaron si podría utilizarse Ervebo, la única vacuna contra el ébola actualmente autorizada en el mundo. Sin embargo, aunque ha demostrado eficacia, no está aprobada para el virus Bundibugyo y la evidencia sobre una posible protección cruzada sigue siendo limitada. Por esa razón, la OMS considera que, por ahora, solo debería utilizarse dentro de estudios científicos diseñados que permitan determinar si realmente ofrece algún beneficio.
En medio de todas esas opciones, hay una que ha concentrado especialmente la atención de los científicos. Se trata de una estrategia que busca detener la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas y evitar que el virus siga propagándose entre las personas expuestas.
Prevención del ébola con una píldora
Uno de los candidatos que más interés ha despertado entre los expertos es el antiviral oral conocido como obeldesivir. La idea es administrarlo a familiares, cuidadores y otras personas que hayan tenido un contacto reciente y de alto riesgo con un paciente infectado para comprobar si puede impedir que desarrollen la enfermedad. Esta estrategia se conoce como profilaxis posexposición, un enfoque que consiste en suministrar un medicamento después de una posible exposición al virus, pero antes de que aparezcan los síntomas, con el objetivo de bloquear la infección o reducir significativamente el riesgo de enfermar.
Según las recomendaciones de los grupos asesores de la Organización Mundial de la Salud, obeldesivir es actualmente uno de los candidatos prioritarios para ser evaluado en esta estrategia. Los expertos consultados por el organismo consideran que podría convertirse en una herramienta muy valiosa para contener brotes como el actual, especialmente entre personas que han tenido contacto directo con casos confirmados o probables de ébola. De hecho, la OMS y varios grupos de investigación ya trabajan en el diseño de un par de estudios clínicos que permitan comprobar si esta aproximación funciona en condiciones reales de brote.
El interés por este medicamento no surgió de la nada. Obeldesivir es un antiviral desarrollado a partir del remdesivir y ha mostrado actividad en estudios de laboratorio y en animales frente a varios filovirus, incluido el virus del ébola Zaire, el virus Sudán y el virus de Marburgo. Aunque todavía no existen datos específicos frente al virus Bundibugyo, los investigadores consideran que la evidencia acumulada es suficiente para justificar su evaluación prioritaria.
Además, el fármaco ya cuenta con información de seguridad obtenida en ensayos clínicos realizados para otras enfermedades virales, entre ellas el covid-19. Según los documentos revisados por los expertos de la OMS y publicados por el organismo, también ha sido evaluado en estudios de fases tempranas sin que se hayan identificado señales adversas importantes de seguridad. Incluso, un protocolo para utilizar obeldesivir como profilaxis posexposición durante un brote de Marburgo ya había recibido aprobación ética en Ruanda, lo que demuestra, dicen los expertos, que esta estrategia venía siendo considerada antes del actual brote de Bundibugyo.
Los ensayos que se están diseñando contemplan administrar el medicamento a personas que hayan tenido un contacto de alto riesgo durante los cinco días posteriores a la exposición. Entre ellas se encuentran quienes convivieron con pacientes infectados, tuvieron contacto con fluidos corporales, manipularon cadáveres de víctimas del ébola o sufrieron accidentes con material contaminado. Posteriormente, los investigadores compararían cuántas personas desarrollan la enfermedad frente a grupos que reciban otras estrategias preventivas.
El atractivo de obeldesivir también radica en su forma de administración. A diferencia de otros tratamientos que requieren hospitalización o infusiones intravenosas, se trata de una píldora que puede tomarse por vía oral, una ventaja considerable en regiones donde los brotes suelen ocurrir en zonas remotas y con recursos sanitarios limitados. Si demuestra eficacia, podría convertirse en una de las herramientas más prácticas para proteger a las personas expuestas y ayudar a cortar las cadenas de transmisión antes de que se conviertan en epidemias.
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