15 Jul 2021 - 3:00 a. m.

Tercera dosis de la vacuna de Pfizer, una propuesta muy polémica y apresurada

Hace poco la multinacional aseguró que empezaría los trámites para que en EE. UU. se autorizara una tercera dosis de refuerzo. Israel, además, comenzó a aplicarla a unos grupos específicos. Pero a los ojos de muchos expertos, esta es una decisión excesivamente apresurada para la que se necesita mucha más evidencia.

Hace algunos días la multinacional estadounidense Pfizer publicó un comunicado de prensa que fue replicado en todo el mundo. En él anunciaba que estaba preparada para solicitar a las agencias de Estados Unidos y de Europa una autorización para una tercera dosis de su vacuna contra el COVID-19. Un “refuerzo”. (Lea Las razones por las que en Colombia se amplió el tiempo entre dosis de Pfizer)

La idea empezó a tomar forma, al menos en EE. UU. esta semana. El lunes, el director científico de la compañía se reunió en privado con los líderes de las agencias sanitarias de ese país. El encuentro duró una hora, pero sus conclusiones fueron inciertas y no despejaron la gran duda que había sembrado la empresa en todo el planeta: ¿realmente se requiere una tercera dosis? (Lea La vacuna china es mala y otras mentiras sobre Sinovac)

Se trata de una pregunta que los científicos se han hecho desde que empezó la vacunación, con la esperanza de que la respuesta sea negativa. Pero ahora, después de más de un semestre de haber empezado ese proceso en los países más ricos, Pfizer dice tener indicios de que sí es necesaria. Sin embargo, hay varios problemas en su propuesta. El principal, para decirlo de manera breve, es que no ha hecho públicos los datos que le servirían como sustento y la evidencia con la que soporta su intención parece ser aún muy pobre.

De hecho, apenas hizo esa sugerencia la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. se apresuraron a publicar otro comunicado en conjunto rechazándola. “Los estadounidenses que han sido completamente vacunados no necesitan una vacuna de refuerzo en este momento. Estamos preparados para las dosis de refuerzo siempre y cuando la ciencia demuestre que son necesarias”, apuntaron. Lo mismo hizo la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

El popular Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU., se lo resumió a medios locales este lunes tras la reunión con la multinacional: “Ellos compartieron sus datos, pero no hubo nada parecido a una decisión. Esta es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande”.

Las principales “piezas” que, según Pfizer, sustentarían la decisión son varias. Una tiene que ver con que “seis meses después de la vacunación la eficacia disminuiría” y por ello sería necesaria otra dosis de refuerzo. Otra está relacionada con un estudio que está realizando la empresa y cuyos resultados (no publicados) sugieren que un refuerzo administrado seis meses después de la segunda dosis incrementó la “potencia” de los anticuerpos. Una pieza más se refiera nueva versión de su vacuna que está en desarrollo y que está dirigida a la variante delta, que hoy predomina en varios países causando gran preocupación.

Pero son puntos que hay que ver con mucho más detalle antes de pensar en buscar un tercer pinchazo. Sobre el primero no parece haber ninguna certeza, como lo dijo la FDA y los CDC. “En este momento no hay pruebas sólidas de que la inmunidad de las personas deba completarse con un refuerzo”, escribió hace unos días en The Conversation Sheena Cruickshank, profesora de ciencias biomédicas de la Universidad de Manchester.

Andrew Pollard, director del Grupo de Vacunas de la U. de Oxford, dijo algo similar apenas Pfizer lanzó su polémica propuesta. “Hoy no hay indicios de que necesitemos refuerzos. Es algo en lo que debemos seguir mirando los datos y tomar decisiones a medida que pasan los meses”.

El segundo argumento que se ha popularizado (el aumento de anticuerpos) ha dejado un sinsabor entre los científicos. El motivo lo han tratado de explicar a lo largo de estos meses: medir los anticuerpos no es el único camino para “medir” la protección inmunológica de una persona. “Ha habido varios estudios que sugieren que estas vacunas también estimulan la inmunidad de las células B y T, por lo que incluso si no hay tantos anticuerpos, eso no significa que alguien no esté protegido”, le aclaró al diario The New York Times Leana S. Wen, excomisionada de salud de Baltimore.

En palabras del infectólogo Carlos Álvarez, una buena analogía para comprender el sistema inmune es asimilarlo con las fuerzas armadas de un país. Hay fuerza aérea, infantería y fuerza naval. Los anticuerpos solo representan una de esas piezas. “Los anticuerpos neutralizantes son importantes para una respuesta inmune, pero no son el único marcador de una respuesta inmune”, añade la farmacoepidemióloga Claudia Vaca.

La otra razón que ha cobrado fuerza para pensar en una tercera dosis es la preocupación que causa la variante Delta. Sin embargo, ya se han publicado algunas pistas que muestran que las dos dosis de Pfizer protegen contra esta variante. La semana pasada, de hecho, un artículo en Nature indicaba que ese esquema de vacunación y el de AstraZeneca generan una buena respuesta inmune ante esa variante. Datos preliminares del Public Health England también apuntan a una conclusión similar: las dos dosis de Pfizer son altamente (96%) para prevenir hospitalización.

Pese a eso, Reino Unido también ha planteado la posibilidad (muy criticada) y este lunes Israel empezó a administrar la tercera dosis a adultos gravemente inmunodeprimidos,con la esperanza de que los datos que generen le sean útiles a Pfizer para tomar decisiones en otros países, basados en mejores pruebas y no tanto en intuiciones y comunicados de prensa.

“Las dosis de refuerzo en Israel nos ayudarán a responder algunas preguntas, pero al final del día no estoy de acuerdo con lo que están haciendo. Creo que es terriblemente prematuro “, aseguró a The New York Times Carlos del Río, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad Emory en Atlanta.

El gran desacuerdo está relacionado con un punto más que no puede aislarse de esta discusión. ¿Por qué mientras aún hay millones de personas sin vacunar la empresa piensa en poner una tercera dosis en algunos países? “Creo que muestra una insensibilidad ante la realidad de otros lugares donde hay una cobertura muy baja”, dice Vaca. Mientras tanto, advierte, se buscan estrategias para reducir la inequidad en la distribución: que países ricos hagan donaciones o que, como el caso colombiano, se extienda el tiempo entre la primera y segunda dosis.

Como dijo la profesora Cruickshan en The Conversation, en el fondo el problema de esta propuesta es que no tiene en cuenta que una mala cobertura permite que el virus prospere e infecte a muchas personas. Eso le da la oportunidad de mutar, lo cual podría conducir a la aparición de nuevas variantes. “Hasta que tengamos una alta cobertura de vacunas en todo el mundo”, añadía, “nunca podremos realmente esperar escapar de esta pandemia”.

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