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30 Jul 2021 - 8:48 p. m.

¿Tercera dosis de la vacuna de Sinovac en Colombia? Le aclaramos el enredo

En los últimos días ha circulado información confusa en algunos medios sobre la “necesidad” de una tercera dosis en el país basada en algunos estudios no revisados por pares y en declaraciones no oficiales. Pero le explicamos por qué no debería apresurarse.
Sergio Silva Numa

Sergio Silva Numa

Editor Salud - Medio Ambiente - Ciencia - Educación
Aún no hay certeza sobre la necesidad de que se requiera una tercera dosis.
Aún no hay certeza sobre la necesidad de que se requiera una tercera dosis.
Foto: AFP - SILVIO AVILA

Esta semana varios medios colombianos han publicado artículos que insinúan que en Colombia se aplicaría (y se necesitaría) una tercera dosis de las vacunas de Sinovac o de Pfizer. Sus titulares han sido muy sugerentes: “Vacuna Sinovac: las razones por las que sería necesaria una tercera dosis”, “Tercera dosis de la vacuna: por qué habría que ponerla en Colombia” o “Colombia aplicaría una tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus en 2022”.

Es normal que, ante esa cantidad de publicaciones, algunos piensen que necesitarán otro pinchazo en los próximos meses o tengan incertidumbre sobre la inmunidad que han desarrollado tras recibir las vacunas. Pero, antes de inquietarse, hay varios puntos que deben ser aclarados sobre esa información y su origen. Alguna no ha sido bien interpretada y otra ha sido expresada de forma apresurada por algunos funcionarios del Gobierno. De hecho, ha causado más de un disgusto porque lo cierto es que el Ministerio de Salud aún no ha tomado ninguna decisión.

Otra dosis de Sinovac, ¿sí o no?

La base de la mayoría de artículos que han sugerido que será necesaria una nueva dosis de la vacuna de Sinovac están basados en el “borrador” de una investigación publicado a inicios de esta semana. Ese pre-print, como suelen llamarlo, aún no ha sido revisado por pares, algo indispensable en el mundo de la ciencia. Sus autores son de China y el grupo está encabezado por Hongxing Pan, del Chinese Center for Disease Control and Prevention.

Dejando eso claro, el artículo, como replicaron algunos medios, dice, efectivamente, que una tercera dosis de la vacuna de Sinovac genera un incremento de anticuerpos al administrarse 6 meses después de la segunda dosis. También señala que hubo un grupo de personas en quienes disminuyó el “nivel” de anticuerpos luego de un semestre de haber recibido su esquema completo. En total, participaron 540 pacientes a los que se les aplicó al azar la vacuna en diferentes momentos (28 días o 6 meses).

¿Quiere decir eso que luego de ese tiempo se pierde la inmunidad generada por la vacuna de Sinovac y que se necesita una tercera dosis? No. Como lo habíamos explicado con más detalle en este artículo, para hablar de inmunidad no basta con referirse únicamente a los anticuerpos. Si bien “medirlos” puede dar alguna pista de la protección que genera una vacuna, el sistema inmune es mucho más complejo que eso.

Para explicarlo los inmunólogos suelen utilizar una metáfora: hay que imaginar que el sistema inmune equivale a todas las fuerzas militares de un país. Los anticuerpos son solo un grupo de soldados, pero hay otros muy importantes, aunque difíciles de observar: los que genera la inmunidad celular (los linfocitos t, CD4, CD8). El problema es que medir a estos últimos “patrulleros especializados” es difícil y costoso. Aunque sí son analizados al evaluar la eficacia de las vacunas, realizar pruebas masivas para detectarlos es aún un sueño lejos de cumplirse. El estudio de los investigadores chinos, por ejemplo, solo “midió” anticuerpos neutralizantes, pero no la inmunidad celular.

El otro problema al hablar de medición de anticuerpos es que, a diferencia de lo que sucede con otras enfermedades (como la hepatitis B), con el COVID-19 aún no está claro cuál es el llamado “correlato de protección” que indica a partir de cuál “valor” alguien vacunado pierde inmunidad. En el caso de la hepatitis B, alguien con menos de 10 unidades internacionales (UI) necesita un refuerzo de la vacuna. Con el coronavirus aún no sabemos cuál es ese punto de corte, como nos había señalado el inmunólogo y profesor de la U. de Los Andes John González.

“En otras palabras”, reitera el inmunólogo Jorge Gómez Marín, médico, Ph. D. en ciencias biomédicas y profesor de la Universidad del Quindío, “medir los anticuerpos no es la única manera de saber si existe protección o no. Lo prudente, para hablar de una tercera dosis, es esperar porque llevamos vacunados muy poco tiempo”. Además, anota, eso dependerá también del comportamiento en la transmisión. “Una vez se estabilice la circulación, podremos tener más claridad sobre los períodos de refuerzo”.

Hay otro punto más que vale la pena destacar del pre-print de los autores chinos y que algunos medios prefirieron pasar por alto. En él advierten que aplicar una tercera dosis también muestra que el esquema de dos dosis genera una muy buena memoria inmunológica. Eso, explica el doctor Gómez, es una gran noticia porque hay infecciones en las que eso no sucede, pero este es un indicio de que con la vacuna de Sinovac eso sí pasa.

Dicho de otra manera, incrementar los niveles de anticuerpos tras un tercer pinchazo es una muestra de que quienes recibimos las dos dosis de la vacuna china podemos haber desarrollado una buena “memoria inmunológica”.

Ahora, es posible que esta gran cantidad de información publicada esta semana también haya generado muchas inquietudes sobre la efectividad del biológico de Sinovac. Sin embargo, hay muchas razones para confiar en él. La principal es que reduce en un gran porcentaje el riesgo de padecer COVID-19 severo y de morir por la enfermedad. Hay varias pruebas que sustentan esos datos, pero eso ya lo explicamos con más detalle en este artículo, en el que desmentimos varios mitos que han ayudado a crear algunos “líderes de opinión” sobre esa vacuna.

¿Habrá o no una tercera dosis en Colombia?

Luego de que se publicó el pre-print de los investigadores chinos, la discusión sobre una tercera dosis a quienes recibieron la vacuna de Sinovac empezó a darse de manera más intensa en Colombia. El presidente Iván Duque fue el primero en aclarar que era un asunto que estaba siendo estudiado por el equipo del Gobierno. Si la evidencia mostraba que era necesario, evaluarían esa consideración, dijo. No aseguró, sin embargo, que se tratara de un hecho, como también lo sugirieron varias publicaciones en medios.

A sus palabras se sumó ayer el director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, Víctor Muñoz que reveló que el país estaba negociando compra de terceras dosis con algunas farmacéuticas. “Desde hace ya cerca de seis semanas venimos con el equipo negociador teniendo conversaciones con las diferentes farmacéuticas, pensando en una posible tercera dosis, dependiendo de la información científica que hay al respecto”, aseguró.

Pero su anuncio, como le contaron dos personas del Ministerio de Salud a ese diario, no cayó nada bien entre los funcionarios de esa cartera porque, advierten, nadie ha tomado ninguna decisión sobre comprar terceras dosis y lo que dijo Muñoz no representa la posición oficial del Gobierno. “Como muchos países, lo estamos evaluando, claro, pero estamos a la espera de que se publique más evidencia porque no hay nada concluyente”, dice un funcionario que prefiere no ser citado.

“Estuvimos revisando la evidencia a ese respecto; es un tema muy incierto. Todavía no hay evidencia y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha especificado: no hay evidencia completa sobre la pérdida de inmunidad”, había dicho el ministro Fernando Ruiz hace unos días. También afirmó que es posible que se necesite un refuerzo en 2022 y que están evaluando el presupuesto que necesitarían.

El gran problema es que, como sucedió a finales de 2020, quienes están al frente de la negociación han empezado a enfrentarse a un dilema: comprar terceras dosis en un mercado en el que los laboratorios ya empezaron a negociar vacunas con algunos países (Uruguay e Israel, por ejemplo), así la evidencia de un refuerzo no sea lo suficientemente robusta. “Es posible que si nos demoramos dentro de uno o dos meses sea más difícil hacer compras. Será una decisión que, probablemente, deba ser resuelta en dos o tres semanas”, dijo una fuente del Minsalud a El Espectador.

En medio de ese escenario hay una larga lista de preguntas que aún no han sido resueltas porque no hay suficientes datos y tampoco se conoce con precisión el “correlato de protección”. ¿A qué grupos habría que aplicar esa nueva dosis? ¿Cada cuánto tiempo se debe aplicar? ¿Qué marca de vacuna se debe usar?

Por ahora, esos interrogantes no tienen respuestas claras. Las primeras pistas podrían indicar que el grupo de mayores de 60 años sería uno de los primeros candidatos para un nuevo pinchazo, pues, como nos había dicho el profesor González, presentan un envejecimiento del sistema inmune. Personas trasplantadas e inmunosuprimidas podrían entrar en ese listado. Después de todo, una de las hipótesis que siempre ha estado en la baraja de los inmunólogos es que este coronavirus se comporte como la influenza y que cada cierto tiempo se requiera un refuerzo. ¿Cuándo? “Es imposible saberlo ahora. No llevamos ni un año de haber sido vacunados; eso es un tiempo muy corto”, anota el doctor Gómez.

Es cierto que Israel empezó a aplicar una tercera dosis de Pfizer a adultos inmunodeprimidos y a mayores de 60 años y su decisión, en parte, como contamos en este artículo, ayudará a resolver muchas inquietudes sobre la protección generada por otro pinchazo. Pero es una medida que ha recibido innumerables críticas, en un país donde la mortalidad no ha incrementado pese al aumento de contagios.

“Las dosis de refuerzo en Israel nos ayudarán a responder algunas preguntas, pero al final del día no estoy de acuerdo con lo que están haciendo. Creo que es terriblemente prematuro “, había dicho hace un par de semanas a The New York Times Carlos del Río, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad Emory en Atlanta, EE.UU.

En el fondo, el problema de esta propuesta, también puesta sobre la mesa en EE.UU., es que no tiene en cuenta que hay muchos países rezagados en sus procesos de vacunación y que, como escribía en The Conversation, Sheena Cruickshank, profesora de ciencias biomédicas de la Universidad de Manchester, va a ser muy difícil escapar de esta pandemia hasta que no haya una alta cobertura.

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