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25 Apr 2021 - 2:00 a. m.

¿Vamos bien con la vacunación en Colombia? Primero hay que resolver otra pregunta

Saber con precisión cómo va la vacunación en el país es muy difícil. La falta de información no ha permitido sacar conclusiones certeras que muestren cuál es el panorama. Mientras tanto, la disponibilidad global de vacunas se está convirtiendo en una pesadilla.

Sergio Silva Numa

Editor Salud - Medio Ambiente - Ciencia - Educación

@SergioSilva03

Uno de los principales inconvenientes a resolver es la disponibilidad global de vacunas.
Uno de los principales inconvenientes a resolver es la disponibilidad global de vacunas.
Foto: NATALIA PEDRAZA BRAVO

La pregunta inicial de la que partió este texto me la formuló alguien de la redacción de El Espectador hace un par de semanas: “¿Cómo va la vacunación en Colombia?”. Como muchos, su percepción era que el país estaba rezagado luego de que quedara en evidencia los retrasos en la llegada de vacunas. Los casos de personas que no clasificaron para las segundas dosis, justo cuando las unidades de cuidado intensivo colapsaban, estaban poniendo nerviosos a los familiares de personas mayores. “A un día de la segunda dosis, hoy llamaron a mi mamá para cancelarle su cita; no para darle nueva fecha: para cancelarla”, anotó en Twitter el astrofísico Rafael Martínez Galarza. “Estoy, como imaginarán, muy frustrado. Esta vacuna en particular tiene baja protección con una sola dosis. Mi mamá seguro no es la única”.

Varias EPS (Sánitas, Compensar y Famisanar) también confesaron que tuvieron que cancelar algunas citas porque se habían agotado las dosis de Sinovac. En la otra cara de la moneda, algunos habíamos corrido con suerte. En mi familia, al menos, ya hay cinco personas con el esquema completo y otros, en las últimas dos semanas, fueron llamados para recibir el primer pinchazo. Unos están en Bogotá; otros en municipios mucho más pequeños.

Entonces, ¿cómo va la vacunación en Colombia? Aunque es difícil alejarse de las percepciones y hay que valorar las experiencias personales, tal vez, como dijeron varios entrevistados para este artículo, haya dos caminos para resolver esa duda. El primero es el más sencillo: comparar la vacunación a los países más cercanos. Las gráficas 1, 2 y 3 es la mejor manera de hacerse una idea.

Al observar el número de dosis administradas por cada cien habitantes la delantera la lleva Chile —el gran ejemplo latinoamericano—, con 71,78. Colombia, al 21 de abril, había aplicado 8,12 dosis por cada cien personas, muy por abajo de Brasil (16) y Argentina (14,4), pero adelante de Perú (4), Bolivia (5,1) y Ecuador (3,4). El porcentaje de nuestra población que ha sido vacunada (ver gráfica 3) es del 2,5 %, aproximadamente. Chile, en un extremo, ya ha logrado el 30 %; Ecuador, en el otro, solo el 1,02 %.

Esos números dan pistas, pero no resuelven la inquietud principal. La otra ruta para contestarla es mirar con más detalle lo que está sucediendo en nuestros departamentos y municipios. Más allá de la velocidad con la que están aplicando las dosis que les llegan del Ministerio de Salud (un dato sobre el que volveremos), hay puntos claves que ayudan a encontrar una respuesta: ¿qué porcentaje de la población priorizada ha sido vacunada? ¿Qué porcentaje del personal de salud hace falta por recibir las dos dosis? ¿Cuánto tiempo ha pasado entre la administración de la primera y la segunda, según la marca del biológico? ¿Qué municipios lo están haciendo bien y cuáles necesitan respaldo?

La mala noticia es que este artículo no puede responder esas preguntas por una razón muy simple. Como dice Pilar Sáenz, integrante de la Fundación Karisma, en Colombia hay una gran sequía de información sobre vacunación. Ella ha hecho el esfuerzo de compilar los datos que comparte el Gobierno día a día en Twitter y en el programa televisivo del presidente Duque, pero se ha encontrado con un pequeño problema: “Esos números no nos permiten hacer un seguimiento a la vacunación en el país. No tenemos el costo de compra ni el costo de la distribución de las dosis. Tampoco hay un cronograma claro de la llegada de vacunas y mucho menos información discriminada por municipio. Solo tenemos el tablero digital, supremamente básico, que lanzaron hace una semana”.

“En ese tablero ni siquiera hay información por grupos poblaciones”, complementa el ingeniero Vicente Calvo, otra de las personas que, en un ejercicio de veeduría ciudadana, ha recopilado los datos sobre la pandemia y la vacunación. “No sabemos nada sobre en qué municipio pusieron una vacuna de Pfizer o Sinovac, ni la fecha precisa en la que se pusieron las primeras y segundas dosis. Ni siquiera la tenemos discriminada por sexo”.

A diferencia de la información que han encontrado sobre el número de casos de COVID-19 en el portal del Instituto Nacional de Salud (INS), con las vacunas aún tienen unos enormes vacíos por llenar. “No puedo responder su pregunta principal porque simplemente no tengo cómo hacerlo. Con los datos que se están publicando solo puedo especular. Lo ideal es medir cómo va la ejecución del Plan Nacional de Vacunación, pero no tenemos información para hacerlo”, dice Calvo. “Aquí lo que tenemos es un serio problema de transparencia. La gran pregunta es por qué no hacen públicos esos datos. Hasta hemos tenido que copiar una por una las resoluciones en las que el Minsalud asigna las vacunas”, complementa Sáenz.

La epidemióloga Silvana Zapata, que también creó un tablero público para detallar el ritmo de la vacunación, concuerda con ellos: “Necesitamos información. Por ahora, todos estamos haciendo cálculos intuitivos”. “Si hubo cambios en las entregas cambios en las entregas, está bien, pero cuéntenos. ¿Nos toca esperar más? No pasa nada, pero queremos transparencia. Sabemos que hay serios problemas de suministro en todo el mundo, pero no ser transparentes afecta la vacunación”, añade, Claudia Vaca, química farmacéutica y directora del Centro de Pensamiento Medicamentos Información y Poder de la U. Nacional.

Al cierre de esta edición, el ministerio de Salud no nos había ayudado a entender las razones por las que aún esos datos no son públicos, pero uno de sus funcionarios que ha trabajado en la pandemia asegura que han hecho todo lo posible por hacerlo y hay varias personas haciendo un esfuerzo por lograr esa petición, pero los datos que recopilan de los departamentos no tienen buena calidad. “Hasta que no haya certeza de que esos datos no tienen errores, es muy difícil publicarlos”, dice. “Sería inaceptable salir con un tablero de completa calidad”.

Dejando claro que es imposible llenar esa zona gris por el momento, hay algunas pistas que permiten reducir la especulación. Todo, por supuesto, depende de un factor primordial que se le sale de las manos a cualquier país y de cualquier Gobierno: la disponibilidad global de vacunas. En Europa, por ejemplo, Corporate Europe Observatory (CEO) advirtió hace unos días que las grandes casas farmacéuticas estaban incumpliendo su compromiso de garantizar la producción y distribución.

Colombia: ¿quiénes van bien, quiénes mal?

Gerson Bermont es una de las personas que ha estado al frente del Plan Nacional de Vacunación en el Ministerio de Salud. En una grabación en la que responde un breve cuestionario que le enviamos, confiesa que una de las dificultades a las que se ha enfrentado estos meses tiene que ver con la incertidumbre en la llegada de las vacunas. “Todo depende de esos flujos internacionales”, dice.

El siguiente gráfico resume esa incertidumbre. Desde que, a finales del año pasado, el Gobierno presentó la proyección de adquisición de dosis (sin incluir la negociación con Sinovac), ha tenido que modificar sus cálculos. Mientras que en marzo esperaban tener en sus manos casi ocho millones de dosis, hoy han llegado 5’615.184. De hecho, en más de una oportunidad han variado las proyecciones de las próximas semanas. En este momento es claro que este domingo llegan 912.000 dosis de AstraZeneca; el martes, un millón de Sinovac, y el miércoles, 540.000 de Pfizer. Sobre los planes de mayo no hay certeza absoluta.

Si ese mercado global marchara como todos esperamos, Bermont cree que Colombia podría acelerar la velocidad de vacunación, que es otro de los puntos fundamentales para calificar el desempeño del país. Por ahora, el número más alto que hemos alcanzado es de 156.476 dosis diarias administradas, pero él confía en que llegaremos fácilmente a las 250.000. Su meta es que cada cuatro días sean inyectadas un millón de personas. “Con eso alcanzaremos inmunidad de rebaño”, apunta.

Pero no todos confían en esas cuentas, como Luis Jorge Hernández, salubrista de la U. de los Andes, pues el ritmo no siempre ha sido constante. La gran pregunta es si todos los territorios pueden seguir el paso. Aunque el Minsalud es el que debe asegurarnos de que haya vacunas y de distribuirlas a esos territorios, lo cierto es que no es el completo responsable de la vacunación: los gobernadores y alcaldes deben asegurar que todo marche bien y rápido. En otras palabras, cargan sobre sus hombros gran parte de la compleja logística que hay tras la vacunación. Para usar los términos de Bermont, “se trata de 37 “países” diferentes.

Sobre los municipios muy poco se sabe (no hay información pública consolidada). Sobre los departamentos (32) y los distritos (5) el Gobierno dio unas pistas en su tablero preliminar. Respetando el principio de equidad que guiaba el Plan Nacional de Vacunación, a todos les han entregado una determinada cantidad dependiendo de su población. Cundinamarca es el que tiene el porcentaje más alto de aplicación (ha variado entre del 96 % al 98 %). Otros, como Cauca y Buenaventura, van un poco rezagados. El primero no ha sobrepasado el 65 % y el segundo ha oscilado los últimos días del 65 % al 69 %.

Es difícil saber los motivos por los que eso sucede y, por ahora, con los datos disponibles, como dice Silvana Zapata, solo se pueden tener intuiciones. Cundinamarca, por otro lado, ha encontrado la fórmula del éxito al haber logrado —dice Diego García, gerente departamental para COVID-19— un buen engranaje entre la Gobernación y los alcaldes municipales. Cuenta que, a diferencia de otros lugares, unificaron la red de prestadores públicos y privados y crearon una base de datos maestra con todas las EPS, que les permite vacunar en todos los municipios de forma constante.

“Hasta ahora hemos administrado 15.000 dosis por día, pero podemos llegar fácilmente a las 30.000”, relata García, que antes de llegar a ese cargo fue por varios años el encargado del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) en Colombia. En su caso, dispone de 22 carros para que, apenas el Minsalud los llame, recoja las vacunas y las distribuya. Claro, dice Bermont, hay lugares como el Catatumbo o el Cauca en donde hay una gran complejidad geográfica y de orden público.

El jueves 22 de abril, el Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder de la U. Nacional publicó un comunicado donde señalaba otras inquietudes que les estaba generando el plan de vacunación. En uno de sus puntos pedían más claridad al Gobierno, pues algunos de sus mensajes, como el tiempo entre las primeras y segundas dosis, habían confundido a la gente.

Pedro Amariles, Ph. D. en Farmacia y profesor de la Universidad de Antioquia, también cree que en algunos casos ha habido episodios confusos, pero intuye que la mejor manera de resolver las inquietudes es brindando toda la información posible. Cuando le pregunto su percepción de la vacunación, dice que es que debemos reconocer que hay gente haciendo un esfuerzo muy grande y que, a pesar de los inconvenientes y la poca disponibilidad de vacunas, él siempre prefiere ver “el vaso medio lleno; así tenga unas gotitas”.

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