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Doña Fanny no abandona al Quindío

A sus 72 años dice que cambiaría cualquier cosa, menos el amor por su Deportes Quindío. Aunque no va al estadio hace año y medio, por enfermedad, añora las tardes en el Centenario y espera ver a su equipo de regreso en la A.

María Fanny Valencia Castrillón sigue adelante por su Deportes Quindío. / Alejandro Calderón

Su habitación es un santuario futbolero lleno de color. Un espacio único y respetado que solo ocupan ella y las miles de fotos, afiches, pendones, recortes de periódicos, cuadros y demás elementos verdes, amarillos y blancos que explican su amor incondicional por el equipo de fútbol de su tierra: “el glorioso Deportes Quindío”, así como lo llama María Fanny Valencia Castrillón.

Nacida el 23 de abril de 1947, recuerda que desde joven empezó a enamorarse de los colores del equipo cafetero y que ir al estadio se convirtió en un ritual que, incluso ya casada con Evelio García, le causó problemas. “A él nunca le gustó el fútbol y peleábamos mucho, porque cogía a mis hijos todos los domingos y sagradamente me los llevaba para el estadio San José a ver al Quindío”.

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Considerada una de las hinchas más fieles del club cafetero, no pierde la ilusión de ver a su equipo nuevamente en la primera división del fútbol colombiano y, aunque muchos aficionados de la antigua y de la nueva camada han abandonado el barco por las decepciones de los últimos seis años, ella asegura que seguirá apoyando con la fe intacta.

“Comencé a ir al San José desde hace más de 48 años y recuerdo mucho la fiesta y el ánimo del momento. Ser hincha del Quindío me motiva, porque aunque es considerado chico, siempre lo apoyo, en las buenas y en las malas, y nunca he pensado en dejarlo, es el equipo de mi tierra y lo amaré por siempre”, asegura, mientras en su mano empuña un escudo del club, que cuelga en su pecho como si fuera un crucifijo.

La historia de Fanny es, en síntesis, el reflejo de miles de hinchas quindianos que, pese a las frustraciones vividas, especialmente desde que el equipo fue adquirido por el empresario vallecaucano Hernando Ángel Montaño en 2000, siguen creyendo que su escuadra puede renacer y volver a los lugares que, para ellos, merece por sus 68 años de historia.

“Soy hincha del equipo milagroso desde que estaba muy joven y he vivido alegrías y tristezas, pero todos sabemos que desde que está el dueño actual, el equipo es solo una vitrina para mostrar y vender jugadores. Él nunca se anima para conseguirnos refuerzos buenos, va a ser difícil llegar a la A, pero no pierdo la esperanza de volver a donde el equipo y su hinchada se merecen”, admite la aficionada con la fe que ya no muchos tienen en Armenia.

Y es que desde que el conjunto quindiano fue campeón en 1956, la única estrella de su historia, los hinchas han tenido que vivir más derrotas que victorias. “Alegrías no son muchas, pero esos momentos en los que ha sido protagonista del fútbol colombiano, como en 1990 con Óscar Córdoba y el Patrón Bermúdez, en 1997 con Quintabani y en 2010 con Pecoso Castro, esos tiempos fueron de mucha felicidad”, recuerda doña Fanny con una risa de par en par.

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Mientras mira al cielo anhelando que su equipo regrese a la A este año, sentada en su cama llena de escudos del Quindío, la hincha fiel comenta que estar en la B la hace sufrir mucho, pero pese al dolor no deja de apoyar. “Muchas veces he llorado por el Quindío, pero también he vivido momentos felices, cuando el equipo iba bien y les ganaba a los grandes de Colombia era celebración pura”.

Para Fanny esos momentos son inolvidables, tanto como los extensos viajes que hizo por todo el país para ver a su equipo. “Hasta hace unos seis años viajaba a ver al equipo a todos los estadios de Colombia. Al único lugar al que no pude asistir fue al Metropolitano de Barranquilla, pero siempre apoyé y seguiré apoyando hasta el último día de mi vida, así me toque desde el radio o el televisor”.

En medio de la charla, doña Fanny miró sus fotos con los jugadores y evocó con gusto esos momentos emocionantes, pues hace ya 18 meses no va al estadio por una bronquitis que le ha impedido seguir su vida con normalidad. Sin embargo, dice que sus 47 años de aliento constante en la cancha le permiten hacer una exigencia, una que seguro el club no escuchará, y es que su equipo, al que lleva en el corazón, sea campeón antes de que la muerte toque su puerta. “Le estoy pidiendo a Dios que este año volvamos a la A”.

Despidiéndose se mostró contraria a las voces de aquellos que no alientan. “Es el equipo de los amores, el de nuestra tierra y hay que apoyarlo en las buenas y en las malas”. Para ella es triste que los aficionados de toda la vida se alejen y, además, les recordó que un hincha fiel nunca abandona a su primer amor, al único de la vida.