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El rocoso camino de Sebastián, un niño colombiano, hasta ser adoptado en California

La adopción de Sebastián, de 11 años, por parte de una familia estadounidense estuvo a punto de frustrarse. Amanda y Joben Barkey decidieron crear una compaña online para recoger recursos y poder pagar los trámites del proceso. Hoy el niño colombiano vive en EE. UU.

Sebastián (centro) posa junto a Joben y Amanda Barkey, sus padres adoptivos, acompañado de sus hermanos.Cortesía Joben Barkey

Amanda y Joben Barkey supieron que querían adoptar a Sebastián, un niño colombiano de 11 años, cuando lo recibieron en su casa en el pasado verano. La pareja estadounidense, con residencia en California, recibió al niño con la intención de darle unas vacaciones inolvidables, pero terminaron ofreciéndole una familia.

Sebastián nació en Manizales hace 11 años y no tenía familia en Colombia. Joben y Amanda supieron de su historia a través de la organización caritativa Kidsave, que, a través de un vínculo con el Instituto de Bienestar Familiar, trae a niños que pueden ser adoptados a Estados Unidos con la esperanza de encontrar los padres adecuados para ellos. De acuerdo con la fundación, el 50 % de los menores que viajan son adoptados.

Durante los dos meses que Sebastián estuvo con la familia Barkey tuvieron innumerables aventuras. Desde caminar por las montañas rocosas de California hasta dar un paseo en bote e ir a un juego de béisbol. En pocas semanas, Joben y Amanda le mostraron al niño colombiano una idea de cómo podría ser vivir en Estados Unidos y, mejor aún, cómo se sentía ser parte de una familia.

“Mis hijos lo adoraban. En el tiempo que estuvo con nosotros lo presentaron con sus amigos como si fuera uno más de la familia y eso fue algo muy conmovedor para nosotros”, recuerda Joben Barkey a El Espectador.

 

Los cuatro niños Barkey crearon un vínculo especial con Sebastián. Se hicieron muy amigos de inmediato, a pesar de la barrera del idioma. Crearon un lazo con el niño como si lo hubieran conocido toda la vida. Amanda Barkey, madre, dice que durante ese mes estaba claro que Sebastián encajaba con su clan familiar sin ningún esfuerzo. Fue allí cuando se plantearon que la estadía del niño colombiano en su casa podría ser permanente.

Joben y su esposa se contactaron entonces con Kidsave, que los vinculó con el Bienestar Familiar y la fundación que estaba a cargo de Sebastián en Colombia. La pareja estadounidense preguntó sobre el proceso de adopción y les dijeron que era viable. Aunque no podían decírselo, para no generarle falsas expectativas, cuando el niño viajó de nuevo para Bogotá la pareja norteamericana ya había tomado la decisión de hacerlo parte de su familia.

“Despedirnos de Sebastián fue triste, pero lo fue más sabiendo que ya estábamos llevando un proceso para adoptarlo”, cuenta Joben Barkey a El Espectador. “En el fondo sabíamos que lo volveríamos a ver algún día”.

Tiempo después del viaje de Sebastián, Amanda y Joben publicaron un video en internet en el que se ve cómo sentaron a sus hijos en el sofá de su casa e hicieron una llamada a Colombia. Los niños Barkey ya habían sido informados por sus padres de las intenciones de adoptar a su pequeño amigo colombiano. Lo único que faltaba era hacérselo saber a Sebastián.

Los Barkey se prepararon para el video chat con carteles en español, que luego se turnaron para que Sebastián los viera. En cada signo habían escrito la palabra en español para hermano, hermana, mamá y papá. En Colombia el niño se puso a llorar cuando Amanda y Joben leyeron el mensaje completo y le preguntaron si quería ser parte de la familia. Sebastián dice que sí entre lágrimas.

El caso de los Barkey se hizo conocido en Estados Unidos. Los padres fueron invitados a diferentes programas de televisión y radio para hablar de Sebastián y el video, e incluso crearon una campaña online para recoger recursos y costear los documentos y trámites del proceso de adopción. Sin embargo, después de la euforia que provocó el caso, las autoridades colombianas les llamaron la atención. Si seguían exponiendo públicamente su caso podían estropearlo todo. Decidieron entonces no conceder más entrevistas y seguir, sigilosamente, las instrucciones del ICBF.

Lo que vino, según cuentan Amanda y Joben, fue bastante silencioso. Mientras que el proceso de adopción con el Bienestar Familiar se adelantaba, Sebastián estudiaba inglés y estaba en permanente comunicación con sus futuros padres. “Estaba todo dado para que se realizara”, recuerda Amanda. Finalmente, en diciembre, las autoridades colombianas dieron el aval a los Barkey de adoptar al niño. 

Tres meses después de haberlo recogido en Bogotá, y de haber conocido Colombia junto con su familia y sus hijos, Joben Barkey cuenta que la adopción ha salido como la esperaban. En pocos meses, Sebastián ha viajado a Canadá, ha conocido el Gran Cañón y forma parte de un equipo de fútbol, en donde juega con la camiseta de la selección de Colombia. 

“La parte más difícil no es la de tener un hijo más, sino la de ser padre en dos idiomas”, cuenta Joben Barkey, quien creció durante su adolescencia en Perú y habla español. “Tengo muchos recuerdos lindos de mi adolescencia y siempre supe que, en algún momento, quería estar vinculado otra vez con Latinoamérica”, afirma.

Tras el éxito de la adopción, la familia Barkey se ha convertido en un ejemplo para sus vecinos. Muchos de ellos viven encantados con Sebastián, a quien han hecho parte de su comunidad, y les preguntan por el proceso para hospedar a niños colombianos. Los Barkey responden que, aunque no siempre se pueda adoptarlos, por diferentes circunstancias, el recibir a niños en condiciones de vulnerabilidad es una de las mejores experiencias que han hecho. El mejor ejemplo es que hoy tienen un nuevo miembro, colombiano, en su familia.

 

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