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Con el comienzo de año llegan los cambios. Hay quienes se mudan, otros aprovechan para remodelar y muchos ven en estas semanas la excusa perfecta para actualizar los electrodomésticos de la casa. El problema es que, en medio de promociones y el afán por estrenar, la decisión termina guiándose solo por el precio. Y ahí es donde empiezan los dolores de cabeza. Un electrodoméstico no se cambia todos los días y por eso una mala elección puede sentirse en la factura de energía, en el desempeño y, sobre todo, en la rutina diaria.
Según Eduardo Triana, gerente de producto de Electrolux para la Región Andina, elegir bien implica mirar más allá de la etiqueta y el descuento. De acuerdo con Triana, la compra debe pensarse en función del uso cotidiano, del impacto ambiental y de qué tan bien se integra el equipo a la dinámica de cada hogar.
La marca Electrolux, fabricante sueco especializado en el desarrollo de soluciones para el hogar, identifica varios desaciertos que se repiten con frecuencia al momento de comprar.
1. Comprar mirando solo el precio y no el valor real
Es normal que el precio sea uno de los primeros filtros. A todos les atrae una buena oferta. El problema aparece cuando la decisión se toma únicamente por lo que cuesta en el momento y no por lo que representa a largo plazo.
Un electrodoméstico más económico puede parecer un ahorro inicial, pero si su vida útil es corta, consume más energía o no cuenta con buen respaldo técnico, ese “ahorro” termina saliendo caro. Reparaciones frecuentes, dificultad para conseguir repuestos o bajo desempeño son situaciones que afectan la experiencia y el bolsillo.
2. Pasar por alto el consumo energético
Otro desacierto frecuente es no revisar la etiqueta de eficiencia energética. Este detalle, que muchos ignoran, tiene impacto directo en la factura mensual.
Elegir equipos con mejor clasificación energética y tecnologías que optimicen el consumo puede representar una diferencia significativa en el largo plazo, especialmente en electrodomésticos de uso constante como la nevera o la lavadora.
Hoy el mercado ofrece opciones con sistemas de ahorro, modos eco y motores más eficientes.
3. Comprar sin medir el espacio disponible
Puede sonar obvio, pero sucede. Se elige la nevera, la lavadora o el horno porque gustó el diseño o porque estaba en promoción, y al llegar a casa el comprador se da cuenta que no cabe, queda demasiado ajustado o no permite abrir bien las puertas.
Algunos electrodomésticos necesitan centímetros adicionales en la parte trasera o lateral para disipar el calor correctamente. Si se instalan demasiado ajustados, pueden perder eficiencia y reducir su vida útil.
Antes de comprar, es importante medir ancho, alto y profundidad del lugar donde irá el equipo, revisar si hay enchufes cercanos, puntos de agua o desagüe cuando aplique, y confirmar que las puertas o cajones puedan abrirse sin obstáculos.
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4. Dejar en segundo plano la garantía y el servicio técnico
Muchos consumidores se enfocan en las características del producto, pero olvidan preguntar por la garantía, la disponibilidad de repuestos y la red de servicio técnico.
En algún momento puede requerir mantenimiento o reparación, y ahí es donde se nota la diferencia entre contar con soporte confiable o no tener a quién acudir. La trayectoria de la marca, la cobertura en distintas ciudades y la facilidad para acceder a repuestos originales son aspectos que pesan más de lo que parece.
5. No informarse sobre las nuevas tecnologías
El mercado de electrodomésticos no es el mismo de hace cinco o diez años. Hoy muchos equipos incorporan sensores inteligentes, programas automáticos, conectividad, motores más eficientes y funciones diseñadas para simplificar tareas que antes requerían más tiempo y esfuerzo.
El problema es que, por falta de información o por ir directo a lo conocido, muchas personas terminan comprando un modelo básico sin revisar qué otras opciones existen dentro de su presupuesto. Y ahí se pierden oportunidades importantes.
Investigar un poco más puede traducirse en mayor eficiencia energética, mejor desempeño y ahorro en el largo plazo. Por ejemplo, tecnologías que ajustan el consumo de agua o energía según la carga, sistemas que optimizan los ciclos de lavado o refrigeración, o funciones que prolongan la conservación de los alimentos. No se trata de elegir el último modelo, sino de entender qué innovaciones realmente aportan valor a la rutina del hogar.