22 Mar 2017 - 4:00 a. m.

¿La tecnología puede transformar un país?

El vicepresidente de Google y uno de los padres de internet reflexiona acerca de las posibilidades de la red: tanto en oportunidades de progreso, como en transgresiones sociales. El único límite para esta revolución es la imaginación humana, argumenta.

Vinton G. Cerf

Cerf es uno de los vicepresidentes de Google, así como el evangelista de internet de la compañía. / Archivo - El Espectador
Cerf es uno de los vicepresidentes de Google, así como el evangelista de internet de la compañía. / Archivo - El Espectador

Esta es una pregunta oportuna, pero que ha sido contestada afirmativamente y en repetidas ocasiones durante los últimos 200 años (o más). Sólo mirando la Revolución Industrial se puede ver su impacto en Inglaterra, Europa, Estados Unidos y demás lugares del mundo en el siglo XIX. El telégrafo unió los continentes primero con el cable y después con la radio, y los automóviles condujeron al desarrollo de las carreteras. En Estados Unidos, el sistema de autopistas interestatales fue construido en los años 50, produciendo un “boom” económico en la fabricación de automóviles y la construcción de viviendas suburbanas. La electrificación condujo a nuevas industrias y productos. Los motores de potencia fraccional nos permitieron agregar “poder muscular” dondequiera que lo necesitábamos y en la cantidad requerida.

El transistor nos condujo a los computadores, que a su vez nos llevaron a internet. La World Wide Web transformó internet y los teléfonos móviles dieron paso a los teléfonos inteligentes, que han transformado la cara de la red.

Creo que los lectores pueden crear sus propios escenarios, incluyendo televisión y radio, aviones, radares (y hornos de microondas). La lista es larga y continúa alargándose. Ahora estamos viendo los esbozos del “Internet de las Cosas” emergiendo del sistema cada vez más global de internet.

La avalancha de páginas web, “streaming” de video y fotos fijas, aplicaciones móviles, motores de búsqueda, por no hablar de las enormes cantidades de correo electrónico, tuits y mensajes de texto, ha logrado empaparnos a todos.

Como respuesta, estamos creando nuevas empresas, productos y servicios. Al mismo tiempo, esta gama interminable de tecnologías de comunicación ha despertado a los “spammers”, “trolls”, “bullies”, proveedores de noticias falsas, productores de “malware”, pastores de “botnet” y “hackers” de todo tipo alrededor de la red.

Pero también vemos el enorme poder del intercambio de información en manos de usuarios que obtienen una gran satisfacción al saber que el conocimiento que comparten puede generar una diferencia de gran impacto para quienes se benefician del acceso a él. Los rápidos avances en ciencia, medicina, manufactura y negocios son atribuibles en parte a la producción, descubrimiento y acceso a la información mundial.

Es justo decir que internet, de libre acceso, con sus protocolos abiertos y considerable apertura de software, permite una amplia gama de actividades, negocios y comportamientos y no estaría en desacuerdo con eso. El hecho de que algunos comportamientos sean juzgados como inaceptables en algunas sociedades es un efecto secundario ineludible de las libertades que ofrece internet. Los humanos son lo que son y hacen lo que hacen. Inventamos sociedades y contratos sociales como un medio para reducir algunos de los peores comportamientos y mejorar algunos de los mejores y más innovadores. También inventamos maneras nuevas y creativas de aprovechar la informática y la comunicación en una serie interminable de nuevas aplicaciones.

El mundo artificial de internet puede reclamar propiedades de transformación similares, algunas de las cuales no pudimos predecir y tuvimos que vivir a la vez que nos encontramos con comportamientos emergentes. La tecnología informática sigue evolucionando junto con una frontera sin fin de artefactos de software. La inteligencia artificial está experimentando un renacimiento junto con mejoras dramáticas en la tecnología robótica. Uno tiene que mirar solamente la fábrica de producción de Tesla en Fremont, California, para ver el poder notable de la tecnología para eliminar algunos trabajos y crear muchos otros.

Entre los efectos más impactantes y positivos de la tecnología se pueden resaltar algunos en la historia de Singapur. Hace 50 años, esta ciudad-estado tenía un PIB per cápita de alrededor de US$500. Hoy en día, ¡está cerca de US$56.000! Con pocos recursos naturales, Singapur tuvo que inventarse a sí mismo desde cero, utilizando tecnologías financieras y de producción; es decir, algo similar a lo que hizo Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. Por fortuna, Alemania tenía recursos naturales y universidades y acudió a la mano de obra importada para convertirse en una potencia económica. En cualquier medida, estos ejemplos deben considerarse transformadores.

Me parece que la cuestión no es si la tecnología puede transformar un país, sino si puede transformar el mundo y creo que los ejemplos anteriores demuestran que esto no sólo es cierto, sino que también puede ser inevitable.

Los nuevos conocimientos son replicables y compartibles y conducen a nuevas ideas que, por sí mismas, producen efectos cambiantes en la civilización. Es un proceso siempre en evolución y siempre sorprendente, limitado sólo por la imaginación de la mente humana.

¿Quién es Vinton Cerf?

Vinton Cerf, junto con Robert Kahn, diseñaron el TCP/IP, que es una especie de lenguaje electrónico para que una cantidad ilimitada de computadores pudieran comunicarse entre ellos y funcionar como una sola red. Esta creación es la columna vertebral de internet.

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