4 Apr 2021 - 10:54 p. m.

¿Por qué las personas creen en las teorías de conspiración?

Más allá de reproducir información falsa, las teorías conspirativas pueden afectar el progreso científico, económico y social, y reforzar en el individuo conductas extremistas y dicotómicas.

Juan Felipe Velez Rojas - Agencia Anadolu

Según Jan‐Willem van Prooijen, las personas con menores niveles de educación son más propensas a creer en las teorías conspirativas.
Según Jan‐Willem van Prooijen, las personas con menores niveles de educación son más propensas a creer en las teorías conspirativas.

La tierra es plana, el hombre nunca llegó a la Luna, Adolf Hitler sobrevivió y se exilió en Latinoamérica, el calentamiento global no existe y la pandemia fue inventada por los chinos para dominar el mundo son algunas de las teorías de conspiración que siguen existiendo en pleno siglo XXI y siguen siendo creídas por miles de personas, pese a la existencia de evidencia veraz que las desmiente.

Y es que las teorías de conspiración se remontan a tiempos antiguos como en la era del Imperio Romano o Alejandro Magno y se han prolongado en diferentes regiones y culturas a lo largo del mundo.

Lea también: Los datos filtrados de Facebook y otras noticias tecnológicas de la semana

Marvin Zonis y Craig M. Joseph, en su artículo de investigación Conspiracy Thinking in the Middle East (Pensamiento conspirativo en el Medio Oriente), definen las teorías de conspiración como suposiciones de la existencia de un grupo de actores reunidos en un acuerdo secreto para perseguir objetivos que son ampliamente vistos como malvados.

Estas teorías, según Zonis y Joseph, implican grupos poderosos como Gobiernos, empresas o grupos étnicos (cristianos, musulmanes y judíos).

¿Qué lleva a las personas a creerlas? ¿Qué efectos tienen en la sociedad y en el individuo? Son algunas de las preguntas que varios expertos han investigado a lo largo de los años.

Para Carlos Andrés Gantiva, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Los Andes, las historias de conspiración son más sencillas de entender y son más asequibles. Según el académico, las personas tenemos una tendencia a creer las cosas que están en correspondencia con lo que previamente creíamos.

“Esa correspondencia de lo que yo creía previamente y lo que veo posteriormente es una de las razones más fuertes por las que las personas creen cosas que a veces no tienen la suficiente evidencia”, explica Gantiva.

Para la argentina Ailin Tomio, especialista en ciencias del comportamiento y directora ejecutiva de la firma DESPa Method, los seres humanos tenemos tres necesidades psicológicas, las cuales nos hacen tener una tendencia a creer en ciertas cosas.

La primera, según la experta, es la epistémica o de conocimiento: “Todos necesitamos sentir que sabemos lo que ocurre a nuestro alrededor”. La segunda necesidad es la de control, tener seguridad, “porque el control de nuestro entorno nos da sensación de estar seguros y de que vamos a sobrevivir”. Y la última es la necesidad de ser parte de grupos, la cual es una necesidad social.

Le puede interesar: Tramposos de “Call of Duty: Warzone”, nuevo objetivo de los ciberdelincuentes

Según estudios, las personas tienden a creer que las versiones más simples de un hecho son las correctas. Siguen el principio filosófico-lógico de la ‘navaja de Ockham’, es decir, “la explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”.

“Lo más probable es que las teorías ofrezcan un estado conocido como de facilidad cognitiva. Un proceso de pensamiento donde no se debe hacer mucho esfuerzo para llegar a conclusiones (…), estas teorías tienden a ser muy rápidas, muy fáciles de comprender”, señala Gantiva.

Según el psicólogo, esta facilidad cognitiva genera un estado de tranquilidad, pues la teoría conspirativa no solo ratifica las creencias previas del sujeto, sino que además no le genera un esfuerzo mental, de modo que este no debe reelaborar sus pensamientos y creencias previas.

A esto se le suma, según Ailin Tomio, la oportunidad de pertenecer a un grupo, una necesidad que atrae mucho a los seres humanos y que, según la experta, nos hace sentir protegidos, especiales y únicos. La oportunidad de tener información única y estar frente a una verdad casi exclusiva.

“Esa sensación de tener el control, de tener el poder, porque tienes información que otros no tienen, es muy tentador (..). Pero sí sabemos que una vez alguien cae en una teoría de conspiración es muy difícil sacarla”, señala la directora ejecutiva de la firma DESPa Method.

Al hacer hincapié en la sensación de control, Tomio señala la existencia de personas quienes necesitan sentir que poseen el conocimiento de las cosas, pues esto los hace sentir seguros.

“Son personas que tienen mucha aversión al riesgo y también necesidad de cierre (need for closure), necesidad de cerrar la historia, de cerrar las ideas para decir ‘ok, esto es donde yo me muevo, este es mi contexto’.

Efectos en la sociedad y el individuo

Desde el inicio de la pandemia y en medio de la incertidumbre sobre cuándo terminará, han surgido varias teorías de conspiración. Algunas afirman que el coronavirus fue creado por China para controlar el mundo, otras aseguran que algunas vacunas contra el virus implantan microchips para ejercer el control de población. Y aunque parezcan irrisorias para muchos, para una gran mayoría no lo son, lo cual puede tener repercusiones más fuertes de lo contemplado.

Más allá de generar información falsa o ‘fake news’, las teorías de conspiración pueden ir contra el progreso científico, social y económico, pueden afectar la convivencia social, según Tomio.

Varios sectores de la sociedad, siguiendo algunas de estas teorías, ya han expresado su negativa a recibir la vacuna y se han unido a movimientos antivacunas que, según expertos en salud, pueden afectar la lucha contra el coronavirus y permitir que la pandemia se extienda mucho más de lo esperado, generando graves repercusiones económicas, sociales y culturales.

“Se puede generar polarización o generar un pensamiento muy dicotómico: de allá están los malos, acá están los buenos; allá están las personas quienes crearon el virus, acá están las víctimas”, destaca Gantiva, para quien esta polarización puede llegar a generar problemas a nivel social muy grandes como segregación, agresión y xenofobia.

Le sugerimos leer: Vivir en la era de la posverdad

A nivel individual, las teorías pueden generar un cierto punto de paranoia, desconfianza y ansiedad, destaca el académico de Los Andes. Tomio, por su parte, señala que las teorías pueden volver a las personas más extremistas en ciertas características y llevar al individuo a replegarse en grupos que siguen la misma línea de pensamiento y creencias.

Según Jan‐Willem van Prooijen, autor del estudio “Why Education Predicts Decreased Belief in Conspiracy Theories” (”Por qué la educación predice una disminución de las creencias en las teorías de la conspiración”), las personas con menores niveles de educación son más propensas a creer en las teorías conspirativas.

Para el autor, el pensamiento analítico “disminuye la creencia en las teorías de la conspiración mientas el pensamiento intuitivo, un estilo de procesamiento de información basado en heurísticas” aumenta las creencias en estas.

Van Prooijen explica que es más probable que las personas crean en teorías de conspiración en respuesta a eventos sociales angustiantes (como la pandemia) que no pueden controlar. Por ello, el experto recomienda “enseñar a los niños habilidades de pensamiento analítico, crítico, junto con la percepción de que los problemas sociales a menudo no tienen soluciones simples”.

A ello, los expertos consultados por la Agencia Anadolu agregan dos opciones más: repetir y la forma como se expone la información que sí es verídica. En la primera, el Gobierno, los medios de comunicación y las mismas instituciones educativas deben repetir constantemente la información veraz. En la segunda, los medios deben hacer que la información verídica sea lo más atractiva posible, apelando a la emoción y la simplicidad.

Comparte: