¿Puede un computador crear literatura?

La respuesta rápida es no, pero eso no quiere decir que el camino hacia la creación asistida por máquinas no sea interesante: desde procesadores de texto más inteligentes, hasta sistemas que aprenden improvisación por medio del jazz.

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¿Puede una máquina escribir un texto de ficción, inventar una novela: puede un computador crear? La respuesta unánime entre científicos y artistas es que no, al menos no ahora y probablemente nunca. Ahora bien, ¿puede ayudar en el proceso? Claramente sí.

Quizá una de las herramientas más confiables y usadas en este campo sea el procesador de palabras, un producto que no ha cambiado mayor cosa en 20 años, bien sea porque es un diseño perfecto o porque nadie espera mayor cosa de un programa que sirve para una tarea específica, aunque apreciada.

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Uno de los campos más importantes en la investigación relacionada con la inteligencia artificial es el reconocimiento de texto y el procesamiento del lenguaje. En otras palabras, son términos que se utilizan para denominar las técnicas que buscan que un computador pueda entender el lenguaje natural, que sepan qué significado tienen las palabras de un texto y, eventualmente, puedan responder.

Una meta compleja y de dudoso alcance que, sin embargo, está en el corazón de tecnologías ubicuas como el motor de búsqueda o incluso en algunas herramientas para procesar texto. Entonces, aparte de lidiar con las palabras (en la forma en que Word lo hace, por ejemplo), ¿una máquina cómo puede ayudar a escribir?

Por un lado, puede asistir en la recopilación de todos los datos relacionados con un personaje, como lugares de aparición, nombres asociados a su línea narrativa, línea de tiempo dentro de una historia… Todos elementos que bien pueden ayudar a construir sagas de literatura fantástica y, en general, universos complejos en desarrollo de la trama (con rupturas en el espacio-tiempo de la historia, por ejemplo), pero también poblados de oportunidades para cometer errores de continuidad.

Es el caso de Granthika, una aplicación que promete entregar herramientas necesarias para que un creador lidie con grandes flujos de trabajo y datos. Este es un desarrollo de Vikram Chandra, un reconocido autor de literatura fantástica que piensa este producto como la piedra angular (desde el lado tecnológico) para crear las bases de universos narrativos complejos, según le dijo el autor a la revista Wired en una entrevista reciente.

La promesa de Granthika es ser un asistente para organizar la información, pero sin tener que pasar por el pequeño escollo de entender el lenguaje: la herramienta conecta nodos de información, un personaje con otro, cruza línea de tiempo, superpone arcos narrativos. En últimas, se luce en computar información y entrega patrones o resultados.

Mediante su enfoque, Chandra pareciera hacerle el quite por completo a la idea de que una máquina pueda participar activamente en el proceso creativo mediante el reconocimiento del lenguaje y, muy al final del camino, la proposición de ideas o sugerencias. Lo que no quiere decir que otros no lo hayan intentado.

Hasta hace unos años había por lo menos un bot dedicado a sugerir nuevas escenas y cursos narrativos para Hamlet (y tuiteaba sus resultados). La base de datos de la cual partía era, claro, el texto original, pero también los escritos de lectores de Shakespeare, comentarios de foros de discusión en Reddit y hasta algunos estudios académicos de la obra. En uno de los posibles giros narrativos, Dinamarca se había trasladado a una parte de la Luna por cuenta del cambio climático en la Tierra. Para citar una canción: te lo agradezco, pero no.

En 2015, Darpa (la agencia de investigación de los militares de EE.UU. y una de las precursoras de internet) anunció un proyecto para explorar la posibilidad de que una máquina pudiera improvisar: esto es tomar una vasta cantidad de información y proponer un curso de acción.

Y el camino de investigación de este proyecto pasaba por la utilización del jazz como vehículo para navegar la improvisación. En pocas palabras, la metodología del proyecto consistía en alimentar el sistema con una base de datos con las partituras de artistas como Miles Davis, Louis Armstrong y Charlie Parker. Después de esto, como sucede con un músico humano, se espera que el sistema deduzca reglas y parámetros de operación, entienda el lenguaje que designa los tiempos, la intensidad y los momentos de la música. La esperanza es que, al igual que lo haría una persona, este conocimiento se traduzca en la capacidad de improvisar, de producir una nueva solución en un instante determinado.

Aunque nadie espera que próximamente emerja una suerte de nuevo organismo de las entrañas de un computador, algunas de las preguntas fundamentales en el campo de la inteligencia artificial tienen que ver con la forma como se puede definir, a partir del silicio, asuntos como la ética, el bien, el mal, el mal menor.

La creación asistida por computador, mediada por un bot incluso, puede llegar a ser una premisa interesante en tiempos futuros, aunque resulte inútil para algunos autores actuales.

Son famosas las entrevistas en las que George R.R. Martin (el cerebro detrás de “Juego de Tronos”) cuenta cómo escribe en Wordstar (un procesador de palabras con más de 20 años de creación, que no tiene soporte en ninguna máquina posterior al reinado del DOS): “No necesito que un computador me corrija ni que me sugiera. No se imaginan lo molesto que es cuando una máquina trata de corregirme la gramática de un mundo que sólo existe en mi cabeza”.

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Redacción Tecnología.

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