Hay sabores que tienen el poder de transportar a un lugar con el primer bocado. En Colombia, pocos lo logran como la achira: un bizcocho dorado, de textura ligera y crujiente, que durante generaciones ha acompañado reuniones familiares, viajes por carretera y las tradicionales onces. Para muchos, abrir un paquete de achiras es reencontrarse con los paisajes del Huila y con una de las recetas más representativas del país.
Y aunque hoy puede encontrarse en supermercados, aeropuertos y tiendas de todo el país, quienes desean descubrir su auténtico origen deben emprender el viaje hasta uno de los municipios donde esta tradición sigue viva: Altamira, en el Huila, una tierra donde la elaboración artesanal de las achiras continúa siendo motivo de orgullo y un legado que se conserva entre familias y hornos que mantienen vivo el sabor de la historia.
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¿Por qué se destaca este municipio?
Hablar de las achiras es hablar de Altamira. Aunque este tradicional bizcocho se elabora en distintos municipios del Huila, es este municipio el que se ha ganado el título de “Reino de la Achira”, gracias a una tradición que ha pasado de generación en generación y que lo convirtió en el principal referente de uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía colombiana.
Hoy, las achiras cuentan con denominación de origen y son consideradas un símbolo de identidad, historia y patrimonio culinario del país.
Pero su origen en el Huila tiene una explicación que va también en la tierra. Aunque pocos lo saben, detrás de este bizcocho dorado y crujiente existe una planta ancestral: el sagú o achira (Canna indica), cuyo almidón ha sido aprovechado durante siglos por las comunidades del sur de Colombia y que ha dado origen a una amplia variedad de preparaciones tradicionales, desde panes, bizcochos y rosquitas hasta coladas, arepas y bebidas.
De acuerdo con Colombia Travel, las achiras elaboradas en este municipio son reconocidas por su sabor característico, resultado de una receta tradicional preparada con cuajada y cocinada en hornos de leña, una técnica que muchas familias continúan conservando.
Los antecedentes de esta tradición se remontan al siglo XVIII. Investigaciones sobre la historia de la achira recogen los testimonios de habitantes del valle del río Suaza, quienes recuerdan cómo sus abuelos cultivaban la planta en las huertas familiares, extraían el almidón y preparaban bizcochos y coladas para el consumo del hogar. Sin embargo, fue Altamira la que llevó este producto más allá de las cocinas domésticas.
Además, su ubicación estratégica, en la intersección de los antiguos caminos que comunicaban a Garzón y Neiva con Timaná, Pitalito, Tarqui, La Plata y Popayán, convirtió al municipio en un punto de paso obligado para arrieros y viajeros. En las fondas que bordeaban estas rutas comenzaron a venderse los bizcochos de achira recién horneados, consolidando una tradición comercial que con el tiempo hizo de Altamira el principal referente de este amasijo.
Hoy, las mujeres bizcocheras y numerosas familias del municipio mantienen viva esta herencia, elaborando las achiras de manera artesanal y preservando una receta que ha pasado de generación en generación.
¿Qué hacer en Altamira?
Altamira es mucho más que la cuna de las achiras. Este municipio del sur del Huila combina tradición gastronómica, paisajes naturales y experiencias para quienes desean conocer de cerca una de las poblaciones con mayor identidad cultural del departamento.
Entre los imperdibles se encuentran:
- Probar las auténticas achiras huilenses: el recorrido comienza con el producto que hizo famoso al municipio. A lo largo de la Ruta 45 y en distintos establecimientos tradicionales es posible degustar los bizcochos recién horneados, preparados con recetas que han pasado de generación en generación.
- Visitar la Casa del Chocolate de Mamá Susana: este emprendimiento artesanal se ha convertido en uno de los lugares más representativos de Altamira. Además de sus reconocidas achiras, ofrece chocolates, postres y otras preparaciones elaboradas con ingredientes locales, rescatando los sabores tradicionales de la región.
- Recorrer la Laguna de Altamira: ubicada junto a la vía nacional, este humedal de origen lacustre supera los 100 metros de longitud y constituye un importante refugio para aves y otras especies de fauna. Además de su riqueza ambiental, es un lugar ideal para caminar, contemplar el paisaje y disfrutar de la tranquilidad del municipio.
- Conocer la iglesia de San Roque: situada frente al parque principal, este templo hace parte del patrimonio arquitectónico y religioso de Altamira y es uno de los puntos de encuentro más importantes para la comunidad.
- Explorar el Cañón del Pericongo: localizado en la vereda La Guaira, sobre la vía entre Altamira y Timaná, este escenario natural ofrece paisajes montañosos y una fuerte carga histórica, al haber sido escenario de importantes episodios durante la independencia de Colombia.
Adicionalmente, en la vía que comunica a Altamira con Garzón se encuentra Huilaland, un parque que ofrece actividades recreativas y de aventura para visitantes de todas las edades.
¿Cómo llegar?
Altamira se encuentra en el sur del Huila, sobre la Ruta Nacional 45. Desde Bogotá, el recorrido por carretera toma cerca de nueve horas, pasando por municipios como Neiva, Campoalegre, Hobo, Gigante y Garzón.
También es posible viajar en autobús desde la Terminal de Transporte de Bogotá en rutas con destino a Pitalito o Florencia, que atraviesan el municipio.
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