En la búsqueda por los municipios más curiosos de Colombia, hay un hilo conductor que aparece una y otra vez: la tierra y sus frutos. En un país donde el clima cambia en cuestión de kilómetros y los suelos se transforman entre montañas, valles y llanuras, las frutas no solo alimentan, también cuentan historias, sostienen economías y definen identidades.
En ese mapa dulce aparece Lebrija, en Santander, un municipio donde la piña no es solo un cultivo, sino el corazón de su dinámica productiva y social. Allí, entre extensos sembrados, esta fruta se convirtió en el pilar de la economía local, marcando el ritmo del trabajo rural y consolidando a la región como referente nacional en su producción.
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¿Por qué es capital de la piña?
Para entender por qué Lebrija es reconocida como la capital piñera del país, primero hay que mirar a la protagonista de esta historia: la piña, una bromelia cuyo nombre en guaraní —avakachi— revela su profundo arraigo suramericano. Originaria de las regiones tropicales de tierras bajas de este lado del continente, especialmente de la cuenca amazónica, esta planta se adaptó con éxito a climas cálidos y templados, donde encontró las condiciones ideales para prosperar.
De porte bajo y hojas largas, que pueden alcanzar hasta un metro, la planta fructifica una sola vez al año y produce un fruto único, fragante y dulce, ampliamente apreciado en la gastronomía.
En Lebrija, las labores agropecuarias son la columna vertebral de la economía. Aunque también destacan los cultivos de cítricos, guanábana, cacao, maracuyá y habichuela, así como la avicultura y la ganadería, aun así, nada tiene el peso simbólico y productivo que tiene la piña. Basta recorrer durante unos minutos sus calles para comprenderlo: el fruto hace parte del escudo municipal, aparece en esculturas, murales y escaleras que conducen a los barrios altos; además, nombres de tiendas, empresas de transporte y emisoras evocan con orgullo su identidad piñera.
Al salir del casco urbano, el paisaje confirma esa vocación. Hectáreas y hectáreas de cultivo cubren las montañas lebrijenses, donde se producen miles de toneladas de piña al año, consolidando al municipio como uno de los principales referentes nacionales en su producción.
Según la Alcaldía Municipal de Lebrija, la piña no es solo un renglón económico ni un elemento del paisaje: es una expresión viva de identidad, tradición y encuentro. En torno a este cultivo se han tejido experiencias que hoy fortalecen la oferta turística del municipio, permitiendo a propios y visitantes comprender de cerca el valor social y cultural que tiene esta fruta en la vida cotidiana de la región.
Esa conexión se celebra cada año en la Feria Nacional de la Piña, considerada la festividad más importante del municipio y realizada comúnmente a comienzos de octubre. Durante esos días, la piña se convierte en el eje de desfiles, muestras gastronómicas, actividades culturales y espacios académicos que exaltan el trabajo del campo y consolidan el orgullo piñero que distingue a Lebrija en el panorama agrícola del país.
¿Qué hacer en el municipio?
Lebrija combina paisaje rural, memoria histórica y naturaleza viva. Algunas actividades recomendadas por la alcaldía son:
Ruta de la piña:
Como capital piñera del país, la experiencia comienza en los cultivos.
- Recorrer sembrados y conocer la floración de la planta.
- Entender el proceso de siembra, cosecha y recolección (incluida la tradicional carga en catabras).
- Aprender a pelarla y transformarla en dulces, mermeladas, jugos y cocteles como la piña colada.
Ruinas de Cantabria
A solo 10 minutos del casco urbano se encuentran las Ruinas de Cantabria, vestigios de lo que fue un antiguo asentamiento indígena guane y luego poblado colonial. Allí permanecen fragmentos de calles, casonas de tapia pisada y restos de la iglesia, como la pila bautismal.
Fue un lugar de gran relevancia religiosa en el siglo XIX, especialmente por las celebraciones de San Antonio de Padua y el tradicional Pozo de San Antonio. Hoy es un espacio ideal para caminatas, ciclismo rural y recorridos históricos en medio de cultivos de cítricos y guanábana.
Pozos y cascadas
Lebrija es también territorio de agua y senderos naturales:
- Pozos Azules (vereda El Conchal): tres refrescantes pozos que en verano adquieren tonalidades azules intensas.
- Cascadas Las Margaritas (vereda San Gabriel): caída de agua permanente, rodeada de bosques y temperatura promedio de 20 °C.
- Pozos Canoas (vereda Panorama): más de diez cascadas y pozos bajo exuberante vegetación, con opciones de camping y turismo rural.
- Pozo de la Dicha: formaciones rocosas en un pequeño cañón a solo 20 minutos del casco urbano.
- Cascadas de San Pacho: unión de dos quebradas que forman caídas de agua en una región agrícola.
- Pico del Águila: reserva hídrica natural, visitada por aventureros, aunque requiere precaución por sus profundidades y condiciones del terreno.
Cerro de la Aurora y aviturismo
En el corredor ecológico entre la Serranía de los Yariguíes y el Magdalena Medio, el Cerro de la Aurora se ha consolidado como destino para el avistamiento de aves. Con más de 200 especies registradas, es un espacio liderado por comunidades que promueven la conservación y el turismo responsable.
Templo San Pedro Apóstol
El templo principal, iniciado en 1897 y culminado en 1947, es uno de los más imponentes del departamento. Su arquitectura de influencia árabe-española, sus murales coloridos y su altar mayor lo convierten en punto de encuentro y símbolo urbano.
¿Cómo llegar al municipio?
Lebrija se encuentra estratégicamente ubicada a solo 15 kilómetros de Bucaramanga, capital de Santander, a menos de 3 kilómetros del Aeropuerto Internacional Palonegro y a menos de 500 kilómetros de Bogotá. Su cercanía con estos puntos clave la convierte en un destino de fácil acceso tanto por vía aérea como terrestre.
Desde Bucaramanga (en vehículo particular)
El trayecto toma aproximadamente de 25 a 30 minutos. La ruta es directa y permite disfrutar del paisaje montañoso característico de la región:
- Inicie en la Carrera 27 y continúe hasta la Calle 70.
- Cruce el Intercambiador Vial El Palenque.
- Pase por el peaje Aeropuerto Lebrija–Girón y continúe sin desvíos.
- Siga derecho y llegará a Lebrija, la tierra de la piña.
Desde el Aeropuerto Internacional Palonegro
Debido a la cercanía —menos de 3 kilómetros—, tomar un taxi desde el aeropuerto hasta el casco urbano es la opción más rápida y práctica. El recorrido dura apenas unos minutos.
Desde Bogotá
- Avión: vuelos directos hacia el Aeropuerto Internacional Palonegro. Es la opción más rápida y suele ofrecer tarifas accesibles si se compra con anticipación.
- Autobús: servicios directos desde la terminal de Bogotá con una duración aproximada de 9 a 10 horas, atravesando paisajes andinos.
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