26 Dec 2010 - 1:56 a. m.

La desarticulación del cartel de carteles

La investigación de más de un año contra la mafia que terminó salpicando hasta el equipo de fútbol independiente santa fe.

Ana Margarita Durán * / Especial para El Espectador

Todo empezó cuando tras varios meses de investigación por parte de un fiscal de la Unidad Antimafia, de mi propio despacho y la Dijín de la Policía, se escuchó a quien se pensaba que era uno de los grandes jefes del narcotráfico en Colombia, Daniel El Loco Barrera, decirle a uno de sus interlocutores “patrón”. Esta situación fue nueva para nosotros, porque hasta ese momento se pensaba que él era el máximo cabecilla de su grupo criminal. La comunicación se produjo luego de la incautación de cerca de US$28 millones en Buenaventura y US$13 millones en Puerto de Manzanillo (México) en 2009. Empezamos a investigar, y con la ayuda de las agencias estadounidenses ICE, FBI y CIA, así como la misma Dijín, pudimos verificar que efectivamente no sólo por encima de El Loco Barrera, sino también de los narcotraficantes Javier Antonio y Luis Enrique Calle Serna, alias Los Hermanos Comba, había unas personas más poderosas que querían mantener un perfil bajo.

La razón era que la mayoría de ellos trabajaron como funcionarios en organismos de seguridad, como el DAS o el CTI de la Fiscalía. Eso les había permitido tener una red de contactos con integrantes de la Fuerza Pública en servicio activo y funcionarios de la administración de justicia que les suministraban información sobre investigaciones y procesos, o les colaboraban con sus actividades ilegales. Fue así como en la pasada Semana Santa fueron capturadas varias personas (entre ellas el capitán Carlos Alberto Flórez, quien ya fue extraditado). Por eso nunca aparecieron en incautaciones de droga. La organización criminal era tan compartimentada, al punto que el líder no sabía qué hacía el del siguiente nivel y menos el del último, aunque tenía claro el rol de cada uno de los miembros del grupo criminal. Por ejemplo, no sabía quién era el sicario encargado de asesinar a quienes entregaban información a las autoridades, pero sí conocía quién era el encargado de coordinar esa función. Igual sucedía con los de bajo nivel, que en algunas ocasiones ni siquiera conocían el nombre de sus superiores, sino que se referían a ellos por sus alias. Por eso era tan difícil que los organismos de investigación pudieran permear directamente ese grupo criminal. Pero a medida que fue avanzando la investigación, fue quedando claro que había enviado 960 toneladas de cocaína al exterior durante seis años a Europa y EE.UU., así como que lavó más de US$10,5 billones en todo el mundo. Su radio de influencia se extendía desde México y gran parte de Centro y Norteamérica, hasta Europa y Marruecos (África). A medida que íbamos desentrañando la estructura de la organización, le fuimos propinando varios golpes como la incautación de un semisumergible en México. Pero es importante resaltar que para conseguir los resultados, que al final obtuvimos, fue necesario utilizar unas técnicas especiales de investigación que, por razones de seguridad, no puedo revelar y el trabajo mancomunado de diferentes autoridades. Lo importante es que fueron contundentes y llegamos al corazón mismo del organigrama criminal.

Tanto que comenzamos a ser tan eficaces en la búsqueda y recolección de evidencia, que muchos se sintieron acorralados y salieron fuera del país, donde finalmente terminamos capturándolos. En Argentina, en abril pasado, cayó Luis Agustín Caicedo Velandia, alias Lucho (ex investigador de CTI), el primero al mando de la organización. Luego en Puerto Gaitán, Meta, en virtud de la ‘Operación Cuenca del Pacífico’, fue detenido (el también ex investigador de CTI) Claudio Javier Silva Otálora, alias El Patrón, y en Bogotá (el ex detective del DAS) Franklin Alaín Gaitán Marentes, alias El señor de la silla (extraditado la semana pasada). En Miami fue sorprendido Ricardo Villarraga Franco, conocido como El Profesional (quien según las agencias internacionales, era el encargado de obstruir a la justicia).

Como consecuencia de las investigaciones, en los meses siguientes incautamos varias caletas con US$103 millones y 17 millones de euros en Colombia, así como otros dineros adicionales en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, faltaba otro de los jefes: Julio Alberto Lozano Pirateque, a quien se le inició una investigación por vínculos con el club de fútbol Independiente Santa Fe, a donde habría llegado dinero de esta organización. De todos modos la estructura es muy grande y seguimos trabajando en desarticularla totalmente, por eso vamos a continuar con las capturas cuando tengamos las pruebas suficientes. También con la extinción de dominio de los bienes a nombre de los detenidos o sus testaferros. En cuanto a Independiente Santa Fe, vamos a ver qué nos arrojan las evidencias que estamos recolectando. Pero la conclusión es la misma de siempre: los delincuentes más temprano que tarde caen. Y más en Colombia, donde aún somos más los que amamos este país buscando un mejor futuro para las generaciones venideras y más frente a un flagelo como el narcotráfico, que tan fuerte nos ha golpeado durante décadas.

 * Fiscal Jefe de la Unidad Antimafia (Unaim) de la Fiscalía General de la Nación

 

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