Si tiene el sueño de caminar por un nevado, conocer el páramo o visitar una ciudad ubicada a gran altura, hay algo que no debería pasar por alto: su cuerpo también tiene que prepararse para el viaje. A medida que aumenta la altitud, el aire contiene menos oxígeno y pueden aparecer síntomas que conviertan una aventura esperada en una experiencia bastante incómoda.
¿Cómo identificar sus síntomas y qué hacer si aparecen? Aquí se lo contamos.
¿Qué es?
El mal de altura, también conocido como soroche o mal agudo de montaña, aparece cuando una persona asciende rápidamente a lugares donde hay menos oxígeno disponible en el aire. Suele presentarse a partir de los 2.400 metros sobre el nivel del mar y afecta principalmente a quienes no están acostumbrados a vivir en zonas de gran elevación.
Por eso, una persona que vive habitualmente en una zona baja puede experimentar síntomas al viajar rápidamente a destinos como Bogotá, ubicada a unos 2.600 metros de altitud, o a regiones montañosas de países como Perú, Bolivia o Nepal. La intensidad depende de factores como la rapidez del ascenso y el grado de aclimatación de cada persona.
¿Qué síntomas hay?
Para reconocer el mal de altura rápidamente, es importante prestar atención a cómo evoluciona el cuerpo después de llegar a una zona elevada.
1. Mal de altura leve
Es la forma más frecuente y suele aparecer entre 6 y 12 horas después de llegar a una altitud elevada. Los síntomas más comunes son:
- Dolor de cabeza, generalmente el primero en aparecer.
- Náuseas o vómitos.
- Mareo y cansancio inusual.
- Pérdida de apetito.
- Dificultad para dormir.
En muchos casos, estos síntomas mejoran en 12 a 48 horas si la persona deja de ascender y permite que su cuerpo se aclimate.
2. Mal de altura moderado
El mal de altura puede volverse más serio cuando el dolor de cabeza se hace intenso y persistente, los vómitos aumentan o el cansancio llega al punto de dificultar las actividades habituales. Uno de los principales signos de alarma es la ataxia, es decir, la pérdida de coordinación o dificultad para caminar correctamente.
Si aparecen estos síntomas, no se debe continuar ascendiendo. La persona necesita ser evaluada y, dependiendo de la gravedad, puede ser necesario descender a una menor altitud.
3. Mal de altura severo
En los casos más graves pueden aparecer complicaciones potencialmente mortales, principalmente el edema cerebral de gran altitud y el edema pulmonar de gran altitud.
El edema cerebral puede manifestarse mediante:
- Confusión o cambios en el comportamiento.
- Dificultad para caminar o mantener el equilibrio.
- Alteración del estado de conciencia, que puede progresar hasta la pérdida de conocimiento.
Mientras tanto, el edema pulmonar puede provocar:
- Dificultad para respirar incluso estando en reposo.
- Tos persistente, que puede acompañarse de expectoración espumosa o rosada.
- Debilidad extrema e incapacidad para realizar esfuerzos.
Estos signos son una emergencia médica. Ante su aparición, es necesario buscar atención inmediata y descender a una menor altitud lo antes posible; el oxígeno suplementario puede ser necesario como parte del tratamiento.
¿Hay condiciones preexistentes?
El mal de altura puede afectar incluso a personas saludables y con buena condición física, especialmente cuando ascienden rápidamente desde zonas de baja altitud. Sin embargo, algunas enfermedades preexistentes pueden hacer que una persona tenga mayores dificultades para adaptarse a la altura o que una eventual descompensación sea más complicada.
Entre las condiciones que requieren especial atención se encuentran:
- Diabetes.
- Enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión.
- Enfermedades respiratorias, entre ellas la EPOC y la apnea obstructiva del sueño.
- Enfermedades hematológicas, como la anemia.
Por eso, quienes tienen alguna de estas condiciones deberían consultar con su médico antes de viajar a destinos de gran altitud. Una valoración previa permite conocer el estado de salud, identificar posibles riesgos y recibir recomendaciones específicas para evitar complicaciones durante el viaje.
También es importante prestar especial atención a los niños que viven habitualmente en zonas de baja altitud, particularmente los menores de 14 años, ya que pueden ser más susceptibles al mal de altura. En estos casos, es fundamental observar cualquier cambio en su estado de salud después del ascenso y actuar ante la aparición de síntomas.
¿Cómo evitarlo y, si le da, identificarlo?
No existe una forma de prevenirlo por completo, pero ascender de manera gradual y permitir que el cuerpo se aclimate puede reducir el riesgo. Para ello:
- Descanse bien: evite esfuerzos intensos durante las primeras 24 a 48 horas.
- Hidrátese: la altura aumenta la pérdida de agua a través de la respiración. Evite tanto la deshidratación como beber agua en exceso.
- Evite el alcohol: puede favorecer la deshidratación y dificultar el descanso.
- Coma adecuadamente: prefiera alimentos que aporten energía y evite comidas muy grasosas o que le provoquen malestar digestivo.
- Protéjase del clima: use ropa adecuada y protector solar.
Si tiene más dudas, puede consultar esta infografía donde explicamos con más detalle el soroche: Soroche bajo control: consejos prácticos para saber cómo tratarlo
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