27 Jan 2016 - 4:19 a. m.

Suramérica en moto

A sus 25 años, Mateo del Río se aventuró a recorrer la región por carretera, en compañía de una moto prestada y con cuatro millones de pesos en el bolsillo.

Marcela Díaz Sandoval

Lo que había visto lo dejó sin palabras, pero lo que vino después le quitó el aliento. Un letrero que decía “El camino de la muerte”, en Bolivia, le hizo entender que lo que estaba viviendo iba más allá de un sueño. Guiado por la adrenalina, les bajó la presión a las llantas y se preparó mentalmente para los 80 kilómetros siguientes. Esta ruta es considerada el camino más peligroso del mundo. Los nervios se aplacaron con la presencia de aves que lo llenaron de tranquilidad.

Cuatro millones de pesos, una Vespa GTS 300 prestada, casco, chaqueta, pantalón, botas, guantes profesionales y dos maletas livianas eran todo el equipaje de Mateo del Río, un bogotano de 25 años que, motivado por su espíritu viajero, un día decidió encender motores y recorrer Suramérica en 48 días. Era el primer viaje que hacía en moto. No tenía rutas ni contactos, pues pensar con detalle en todo lo que implicaba el recorrido lo hubiera hecho todavía más complicado.

Aventurarse a viajar por el mundo es más sencillo para quienes son independientes, pero no es su caso. Trabaja en el área de ventas del grupo Piaggio y al solicitar el permiso tenía la certeza de que si no se lo daban, renunciaría. Contó con suerte. No sólo se lo otorgaron, sino que la compañía le prestó la moto y le patrocinó la indumentaria. “Les mostré la página que creé —alinfinitoymasalla.com—, en la que la gente me ayudaba con una tanqueada de gasolina, y se convencieron”.

4 de enero de 2015. En Ecuador le dio la bienvenida Quito, desde donde se dirigió a Santo Domingo de los Tsáchilas, ciudad que conecta el interior con la costa. Un club de motos lo recibió y le brindó hospedaje. Nada mal para ser el inicio del recorrido.

Al día siguiente el plan fue cruzar la Ruta del Sol hasta Guayaquil y atravesar la frontera con Perú. Del país inca conoció las líneas de Nazca, el cañón del Pato, el desierto de Ica y tropezó con la cadena de montañas nevadas que forman la cordillera Blanca. “En un punto el frío era tan terrible que sentí que se me congelaban los huesos. Me dio el llamado soroche, con dolor de cabeza y mareo incluidos”.

Ya habían pasado los 30 días programados. Mateo se bajó de la moto y tomó un descanso. Se acercaba el último destino. Mientras tanto, la imagen del salar de Uyuni no abandonaba su mente. “Siempre quise conocerlo, porque me parece que es de los lugares más impresionantes de América Latina. Fue espectacular sentir su infinidad, es tan grande que alcanzas a ver que la tierra es redonda”.

De Argentina, lo que más le llamó la atención fue la cultura alrededor de la motocicleta. Recuerda que lo paraban en las calles para pedirle fotos y hacerle preguntas. Incluso, le ofrecieron hospedaje en varias ocasiones y siempre lo guiaron durante el camino. Tiene grabadas en su memoria las imágenes del cerro de los Siete Colores, las raíces indígenas que aún conservan los habitantes de la zona norte, la ruta del vino de Salta y el camino de los Siete Lagos.

En total fueron 12.000 kilómetros en los que viendo un mapa, preguntando y guiado por el instinto, recorrió Suramérica sin gastar mucho dinero, quedándose siempre en hostales y comiendo solo dos veces al día. Su travesía terminó el 21 de febrero. Mateo del Río era otro, luego de haber confiado en extraños, perdido de vista todo lo que le resultaba familiar y disfrutado lo único que sentía como propio: el aire, el cielo, el tiempo y el mar.

 

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