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En medio de una economía mundial en la que el dinero (o plástico) es el único facilitador en la obtención de bienes y servicios, surgen modelos de economía solidaria y sostenible, donde priman la colectividad, la reciprocidad y la construcción.
Así nace el Banco del Tiempo (BDT), idea pionera en países como España, Estados Unidos, Francia y hace dos años en Colombia, con puntos en Yopal, Barranquilla y Medellín. Funciona como economía alternativa, donde las personas reciben y ofrecen beneficios. La única moneda que existe en este servicio es su tiempo.
A principios de 2016, gracias a la gestión y el profundo interés social de Maribel Moreno y Atisah Villalba, se realizó el lanzamiento de BDT Bogotá, con la presentación del documental Time as Money, que muestra cómo el conocimiento puede contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los involucrados, acercando a las personas de manera igualitaria en torno a intereses comunes y diversos, encontrando en sí mismos y en los otros valiosos saberes y servicios que se intercambian de manera horizontal, libre y gratuita.
Esta comunidad se encarga de hacer posible el intercambio de habilidades entre sus miembros. Por ejemplo, si usted habla un segundo idioma y desea aprender el manejo de herramientas de madera, puede ofrecer sus servicios y a cambio recibirá otros aprendizajes.
Si bien este servicio no exige dinero, según Moreno, es necesario el ejercicio de divulgación del banco, porque es un esquema no conocido en Colombia: “Hemos crecido en una sociedad de soluciones individuales de las necesidades y no se ha pensado en construcción de reciprocidad y solidaridad”.
Durante años, la única forma de negocio era el trueque o la permuta de mercancía y alimentos. No existía el papel moneda y con esta modalidad se originó el comercio. Ahora bien, por qué no regresar a esos métodos y hacer posible en estos días tecnológicos el renacimiento de esta red de apoyo.
¿Cómo está funcionando esta iniciativa en Colombia?
A partir de su lanzamiento se han intercambiado cerca de 1.400 horas. El banco cuenta con 126 personas inscritas, una bolsa de ofertas y demandas que superan los 300 servicios, como clases de piano, inglés, AutoCAD, matemáticas, francés, técnicas de fotografía, coaching, talleres de culinaria, entre otras. Asimismo, cada usuario será titular de una cuenta virtual a través de Timeoverflow, plataforma informática online que permite el registro y los intercambios, verificando los saldos de tiempo de cada beneficiario. Es gratuita y de código abierto, siendo coherentes con los principios de la economía solidaria.
Esta red de interacción va más allá de ocupar a las personas. Es una herramienta, incluso. Un banco del tiempo es para intercambiar habilidades entre sus miembros sin utilizar dinero. Atisah Villalba, gestora de la comunidad en Bogotá, considera que el tiempo como moneda permite tejer redes sociales y cocrea cultura bajo la premisa de que “todos necesitamos algo y todos tenemos muchas cosas para ofrecer”. Con la diferencia de que no se ve el dinero y todos reciben un beneficio común.
A través de la Asociación para el Desarrollo de los Bancos del Tiempo (ADBDT) se han diseñado múltiples herramientas que apoyan la difusión y consolidación de esta propuesta en diferentes lugares del mundo. Esta organización sin ánimo de lucro apoya a todos los BDT para mejorar su funcionamiento.
“Es una estrategia de economía solidaria —señala Maribel Moreno —, que busca fortalecer los lazos entre las personas y reducir los índices de consumo económico: que no se tenga que pagar por servicios que se pueden proveer a partir de una relación de confianza y solidaridad”.
¿Cómo empezar a dar y recibir tiempo?
El primer paso para ser miembro de un BDT es comunicarse con la comunidad. Ellos realizan una socialización con el interesado, contándole en qué consiste y cómo opera, y luego hacen una entrevista. Se diligencia el formulario de inscripción y finalmente se activa en la plataforma para comenzar con los intercambios. Es importante definir y aclarar la disponibilidad de su tiempo.
En Bogotá, este sistema está particularmente interesado en dinamizar los servicios, para que este año los usuarios nuevos y antiguos hayan hecho al menos cinco canjes de horas hacia diciembre de 2018. Su objetivo a largo plazo es sectorizar la iniciativa por localidades, para que la cercanía facilite el ejercicio, fortaleciendo el sentido de cooperación.
“Los eventos que realizamos son gratificantes porque las personas siempre se llevan un aprendizaje, reflexión, información, conocimientos y nuevas perspectivas ”, argumentó Atisah al agregar que, por ser eventos de entrada libre, se considera un triunfo: “Estamos en un medio donde muchas cosas no son posibles si no hay una transacción económica”.
Para estas dos gestoras de cultura, conocimiento y economía, el más grato aprendizaje hasta ahora es que “sí se puede, siempre hay alguien dispuesto a ayudar, hay que buscar e insistir hasta encontrar a esas personas, y todos debemos estar siempre prestos a hacerlo. Tomar cada oportunidad para ayudar es saldo positivo en la cuenta de la vida”.
Siempre está el impulso de aprender un nuevo idioma, una nueva receta, un nuevo programa,
pero el factor dinero se convierte en un atenuante significativo para posponer esa intención.
Cualquier persona que esté dispuesta a formar parte de esta red solidaria sólo debe contar con alguna habilidad, conocimiento o experiencia, y todo el interés de aprender algo nuevo. Ya no hay excusa para aplazar la clase de piano que dejó pendiente o el inglés que falta reforzar. Es hora de utilizar el tiempo.
Si quiere hacer parte del BDT puede escribir a bancodeltiempocolombia@gmail.com o bancosdetiempo@googlegroups.com, https://www.facebook.com/bdtcolombia/.