Usted piensa en Gustavo Petro como un aliado para la agenda de transición energética que impulsa su país, Dinamarca. ¿Por qué lo considera como tal?
No hay duda de que el presidente y su gobierno están entre los líderes de la agenda verde global. Es una administración, en mi opinión, que muestra una gran ambición y actividad en el escenario internacional. Por su lado, Dinamarca ha sido líder en el tema de transición energética durante décadas: hemos logrado reducir nuestras emisiones de los gases efecto invernadero desde 1990 en casi un 50 %, mientras hemos duplicado el tamaño de nuestra economía. El enfoque que tenemos de una sociedad más verde, donde queremos además cuidar la biodiversidad, implica emprender acciones que no lleven hacia más inequidad o daños a los empleos, y ese es un enfoque que nuestros países comparten.
¿Qué potencial tiene Colombia en esto?
La razón por la cual estoy de visita en Bogotá es para firmar una serie de acuerdos de cara a una cooperación en el futuro. Dinamarca tiene competencias en lo relacionado con la eficiencia energética y energías renovables, especialmente en energía eólica. De hecho, nosotros fuimos el primer país en construir una finca de energía eólica y ahora Colombia está considerando hacer lo mismo. En ese sentido, tenemos varias áreas en las que las técnicas y la experiencia danesa pueden ayudarlos a ustedes.
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Usted ha dicho que considera a Colombia como un modelo líder en la región en materia de agenda climática. ¿Cómo ve este liderazgo y las posibilidades de cooperación climática, teniendo en cuenta que para ello se necesitan voluntad política y recursos económicos?
Lo más importante en esto es hacerse escuchar a nivel internacional. Tanto su presidente como la ministra de Ambiente, con quien me reuní hace poco, son voces reconocidas dentro de la agenda mundial relacionada con estos temas. Igual de importante a eso es que sean voces creíbles. Por eso, la decisión de Colombia de unirse a BOGA (Beyond Oil and Gas Alliance), que se firmó hace poco, es algo notable, ya que ustedes dependen en gran medida de los combustibles fósiles. Ahora bien, aceptar que eso tiene que cambiar en el futuro requiere de un importante liderazgo. Eso, seguramente, lo aplaudirán líderes verdes y diferentes gobiernos en el mundo.
Recientemente, visitó Brasil, donde el presidente Lula da Silva está tratando de impulsar una agenda de cooperación para la conservación de la selva amazónica. ¿Cómo ve a la región latinoamericana en materia de acción climática? ¿Cuál es la perspectiva que tiene de esto con sus visitas a Colombia y Brasil?
La Amazonía es importante para todo el planeta: tenemos que frenar la deforestación allí para salvar el clima y preservar la biodiversidad, respetando las comunidades indígenas que viven allí. El Gobierno danés acaba de lanzar una colaboración con Brasil y donaremos 20 millones de euros para eso. Este asunto no es solo responsabilidad de los países que albergan el Amazonas, sino también del resto de Estados.
¿Por qué Dinamarca está mirando hacia Latinoamérica?
La región y los países que están activos en AILAC, grupo de negociaciones climáticas a nivel internacional, son una voz importante. Necesitamos países en desarrollo que sean ambiciosos y que compartan una misma visión de combatir el cambio climático. Esto tiene que suceder de una forma justa, sin hacer que los más pobres paguen ‘la cuenta’. Por eso vemos a este grupo de países como nuestros aliados y esperamos que sigan jugando un rol importante en las negociaciones internacionales. En parte, eso nos motivó a lanzar una donación a la secretaría del grupo de países.
Usted ha mencionado BOGA y AILAC, ¿por qué es importante tener este tipo de iniciativas, teniendo en cuenta, además, que en este momento transcurre la guerra en Ucrania, que ha hecho del tema de la transición energética algo central? ¿Por qué hablamos de esto en Colombia?
La guerra que vive Europa en este momento, además de ser una agresión de Rusia en contra de personas inocentes en Ucrania, afecta la agenda política internacional: hace más difícil avanzar en asuntos climáticos y de medioambiente, porque es más difícil para las personas sentarse alrededor de una mesa y alcanzar acuerdos en este tenso clima. Esto significa que los países progresistas, como los de AILAC, como Dinamarca y otros, están ansiosos de avanzar en esas agendas. BOGA, puntualmente, lidia con uno de los principales puntos en la transición energética: hay que alejarse de los combustibles fósiles y acercarse a las renovables.
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