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Daniel Meroño

Este chef español acaba de abrir su restaurante Ispania, donde la cocina mediterránea se mezcla con la latina.

Liliana López Sorzano

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Su pasión por la gastronomía data desde la infancia. A los ocho años se enfermó y solía pasar por lo menos un día a la semana en la casa. En aquel entonces se cocinaba con productos frescos cada día y su plan preferido era acompañar a su madre a la plaza de mercado. Con la curiosidad en los ojos se empinaba para poder ver los pescados y se montaba en cuanto mostrador encontraba. Después, con la mirada a ras de los fogones, se fijaba en lo que cocinaba su madre. Así como a algunos niños les interesaba Julio Verne, a Daniel el recetario de la casa era el que le despertaba una nube de fantasías culinarias.

Se crió en Cartagena, no la de Indias sino la de Murcia, España, y fue allí donde estudió turismo y cocina. Tiempo después montó un “chiringuito” de playa (un quiosco-restaurante) y trabajaba en el verano por seis meses. Como su padre tenía una agencia de viajes, los meses restantes los dedicaba a ser guía turístico por España y por otras partes del mundo. Los viajes le sirvieron para conocer nuevos ingredientes y probar nuevos sabores y al final ponerlos en el saber de su restaurante.

A pesar de que tenía un trabajo cómodo, la necesidad de aprender y de reinventarse lo llevaron a Barcelona, donde hizo un posgrado en alta cocina en la escuela Hoffman. Una colombiana lo hizo cruzar el Atlántico y atracar en Cali, donde vivió casi dos años. Cual conquistador, con yelmo y lanza en ristre, descubrió el lulo, el suero costeño, el coco, las distintas clases de tubérculos y los cebiches que definitivamente se llevaron la corona.

Hace menos de un mes abrió su propio restaurante en la Zona G, Ispania, el cual se especializa en arroces y en tapas. Lo que más le divierte es experimentar y combinar ingredientes y crear platos como los aborrajados con jamón serrano, empanadas de pipián con morcilla o chupe de camarón con piñones y ají blanco.

En el mundo de la cocina respeta al conocido chef Ferran Adrià. Según Meroño, es un monstruo que ha revolucionado la cocina mundial y, gracias a él, la cocina española ha llegado al lugar donde está.

Vino a Colombia para quedarse, porque el futuro es alentador y, sobre todo, porque los amigos que ha hecho crearon un fuerte vínculo imposible de romper.

Por Liliana López Sorzano

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