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El Gobierno radicó en el Congreso su Plan Nacional de Desarrollo (PND), llamado Colombia, potencia mundial de la vida. La propuesta es una de las que más cerca está del corazón del presidente Gustavo Petro, pues reúne las ideas de cómo su sector político sueña el tan sonado “cambio”, la promesa con la que el jefe de Estado llegó al poder. Tan importante es para Petro que el sábado canceló su participación en la primera entrega que hace su administración de una Zona de Reserva Campesina en el Sumapaz para trabajar directamente en el documento. Ahora que el PND entró al Congreso para empezar su debate, y con las controversias que la iniciativa arrastra -como entregarle facultades extraordinarias al primer mandatario-, volvió sobre la mesa una pregunta que aparece cada cuatro años: ¿sirve para algo un Plan Nacional de Desarrollo?
El interés por la planeación nacional no siempre existió, recuerdan varios profesores en esta materia. Empezó a configurarse en los años 50 y en la reforma constitucional de 1968, el expresidente Carlos Lleras Restrepo estableció la necesidad de hacer un Plan Nacional de Desarrollo. En ella ratificó además la intervención del Estado en la economía y que sería el Ejecutivo el que tendría la iniciativa del gasto, en vez de que el parlamento lo hiciera por su lado. Después, en la Constitución de 1991, se fortaleció la figura de lo que hoy conocemos como PND.
Carlos Roberto Pombo, presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, recalcó en que, para él, el Plan Nacional de Desarrollo es la carta de navegación del gobierno de turno. “Debe ser una hoja de ruta y un plan de inversiones para los próximos cuatro años. El que hoy radican tiene un costo de 1.150 billones de pesos. Quiere decir que durante este período presidencial se van a invertir cerca de 250 billones anuales. Se supone que lo que esté trazado en el PND es lo que se debe ejecutar”, dijo.
No obstante, para Alberto Villate, exsecretario de Planeación de Bogotá y profesor universitario, un PND es mucho más que la brújula de una administración. “No es una hoja de ruta. Es más que eso, es un contrato social entre la administración y la ciudadanía. En ese sentido, un Plan Nacional de Desarrollo condensa el compromiso entre un lado y el otro. Es un “usted pone, yo pongo””, manifestó. Aunque el proyecto del Plan Nacional de Desarrollo sufre modificaciones que realizan los congresistas durante su paso por el Capitolio, el docente insistió en que el poder de ejecución del texto final “depende mucho de las prioridades que tenga el Gobierno”. Los factores externos y los recursos disponibles son también elementos que podrían afectar la efectividad de la implementación.
El PND en gobiernos anteriores
Para Carlos Roberto Pombo, en términos generales, los planes nacionales de desarrollo que se han implementado desde 1968 sí han funcionado en alguna medida. “Estos documentos sí han guiado las inversiones y a lo largo de los años estas han sido exitosas. Si tú comparas el país de 1980 con el que actualmente tenemos, existe casi que un 100% de cobertura en energía, en agua potable, y así podría mencionar yo otros servicios públicos. El país con sus tropiezos y dificultades ha logrado un desarrollo muy importante”, opinó.
Tanto él como Villate mencionan que el gobierno de Carlos Alberto Lleras Restrepo fue la antesala a los cambios de paradigma sobre la planeación nacional, y el de Misael Pastrana el parteaguas en cuanto a la implementación de esta ruta de trabajo. “El gobierno de Misael Pastrana fue el último del Frente Nacional. En él se estableció el famoso plan de desarrollo llamado Las cuatro estrategias, muy importante porque reconoció la dinámica de la urbanización y por primera vez en el país se reconoció el impulso que la urbanización le estaba dando a la economía, algo que antes no ocurría porque importaban otras cosas. En el Gobierno anterior, en el de Carlos Lleras Restrepo, el epicentro era la reforma agraria. Si bien esto ya venía configurándose desde 1935, pues las ciudades crecían más rápido que las zonas rurales, en este plan se estableció el sistema de ahorro constante, el famosísimo UPAC, tuvo implicaciones enormes en el manejo económico y en el desarrollo de las ciudades pues transformó el sistema de ahorro. En buena parte, las ciudades se construyeron bajo este nuevo sistema”, recordó Pombo.
Villate agregó que modificar el sistema de ahorro y de préstamo en el marco del crecimiento de las ciudades ha sido tan trascendental para el país que “todavía existe el concepto de la vivienda como un sector líder de la economía”. “Históricamente se han aplicado algunos de los instrumentos de los planes de desarrollo, dependiendo mucho de las fuerzas que se mueven dentro de la organización social. El hecho de que Pastrana permitiera que se realizaran unas nuevas instituciones financieras para pagar la vivienda fue un avance. Antes solo la hacía una, el banco central. Con Pastrana y Gaviria, los bancos quedaron habilitados para este proceso. La multibanca ya puede prestar el dinero para todos los negocios”, agregó el académico jubilado sobre el aporte que representó el Plan Nacional de Desarrollo de Misael Pastrana.
Sin embargo, también algunos de estos planes pasaron desapercibidos para el país. Para Villate, el PND del expresidente Iván Duque no tuvo mayor impacto. “Duque no tuvo mucho énfasis en la parte de planeación. Santos sí se lo puso, al igual que Uribe. En la historia reciente, Andrés Pastrana es un expresidente que tampoco le puso mucha atención al plan. Es decir, no ve uno que haya un legado que se derive del plan nacional de desarrollo de Duque y Pastrana.
Petro y su PND
Se viene hablando mucho del cambio que lidera el presidente de la República, pero lo cierto es que esto apenas comienza por una sencilla razón: el Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno apenas fue radicado en el Congreso el pasado lunes. Seguirán varias semanas de arduo e intenso debate sobre los 300 artículos que contiene el documento pues debe estar aprobado el próximo 7 de mayo. La discusión se da en medio de dos situaciones: por un lado, el presidente Gustavo Petro activó aún más su cuenta de Twitter para responderle a los contrarios a su gobierno. A través de la red social tilda de mentirosos a los medios de comunicación, y enfrenta a contradictores políticos sobre sus reformas más claves de este semestre. Por otro lado, el PND entra al Congreso en medio de roces al interior de la coalición de gobierno: partidos como la Alianza Verde han chocado con el jefe de Estado por cuenta de diferencias de opiniones sobre la reforma política, o las obras del metro de Bogotá. Para que el PND sufra las menores de las modificaciones en el Capitolio, el mundo político tendría que calmar el oleaje que en este momento parece colisionar con fuerza.
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