
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Una buena manera de empezar la lectura de este artículo es dándole un vistazo al siguiente gráfico. En él, se muestra cómo ha sido la estacionalidad del fuego en Colombia entre los años 2000 y 2025. Es decir, en esa tabla pueden observar en cuáles meses es más probable que se presente un incendio, según los registros históricos de las últimas dos décadas.
Si lo detallan, verán que esa estacionalidad varía en cada región. En los llamados “valles interandinos”, por ejemplo —una categoría en la que están Tolima y Cauca—, la temporada suele ser más intensa en los meses de julio, agosto y septiembre (como ahora), aunque hay otro período de ocurrencia de fuego: enero, febrero y marzo (muy similar al de los Andes).
Ese inicio de año es un período en el que también hay una mayor frecuencia de áreas quemadas en la Orinoquía y en la Amazonía. Es un lapso que, además, coincide con la habitual temporada seca.
El gráfico —así como mapas que verán a lo largo del artículo— fue elaborado por el equipo de investigadores de MapBiomas Colombia, que compartieron con El Espectador un análisis preliminar de lo que ha sucedido en la reciente temporada de incendios (con corte al 31 de agosto). Como lo detalla el grupo, esta tabla de cuadrados rojos también muestra algo que no es menor luego de estas semanas: en Colombia la ocurrencia de fuego presenta una “marcada estacionalidad y variación regional”.
Eso, señalan, permite identificar en qué meses es más probable que se presente y ayuda a “entender mejor la dinámica del fuego en el territorio y a orientar de manera más efectiva las acciones de gestión y prevención”. Ya estas semanas, en las que 119.569 hectáreas de cultivos y sistemas productivos han resultado afectadas por el fuego, nos han dejado escenarios como los de Ortega y San Luis, en Tolima, que pueden observar en estos mapas:
Gracias a ese comportamiento estacional es que científicas como María Meza Elizalde, PhD en ecología del paisaje y quien se ha dedicado a estudiar la ecología del fuego, saben que se avecinan meses nada fáciles. “Diciembre, enero, febrero y marzo van a ser muy complejos y el país no está preparado”, dice. “Como habrá una temporada de menos lluvias, favorecerá que haya vegetación más seca, que puede prenderse de forma más fácil”.
A eso se le suma, reitera, el fenómeno de El Niño, cuya probabilidad de que se extienda hasta el próximo febrero, como indicó hace una semana la Organización Meteorológica Mundial, es prácticamente del 100%. Con esa particularidad a la vista, en la que se espera que disminuyan las lluvias, señala la investigadora, el “combustible” estará más seco y se pueden esperar incendios más fuertes.
Como detalló ella en una columna en El Espectador y como indica el equipo de MapBiomas, a la hora de pensar en incendios forestales no solo basta con tener en cuenta la ignición, que es cuando inicia la combustión. También hay que tener presentes otros factores como la disponibilidad, estructura y humedad del combustible, el tipo de vegetación, la continuidad del paisaje y las condiciones climáticas extremas, incluyendo fenómenos de variabilidad climática como El Niño.
Por eso es que, como muestra este otro mapa, la mayor área acumulada en Colombia entre los años 2000 y 2025 está en el departamento del Vichada, al oriente del país. Según Meza Elizalde, allí predominan las sabanas naturales, donde el fuego se propaga muy fácilmente.
“En los ecosistemas adaptados o dependientes del fuego, como las sabanas tropicales”, señalan desde MapBiomas, “el fuego es una perturbación habitual que contribuye a mantener la estructura del paisaje y la diversidad de especies”.
Otra historia muy diferente, añaden, son los bosques húmedos tropicales, donde hay baja inflamabilidad y escasa adaptación. Cuando suceden allí, “suelen estar asociados a actividades humanas y a condiciones climáticas extremas”. El problema es que, al no estar adaptados, puede haber una alta mortalidad de árboles, disminución de la fertilidad del suelo y mayores procesos de degradación. La mala noticia, dice Meza Elizalde, es que a medida que estos bosques se han degradado y son cada vez más pequeños, pierden humedad y se pueden prender con más facilidad.
Entre otras cosas, eso puede desencadenar incendios más intensos, con llamas más altas que dificultan tanto el trabajo de los bomberos como el de un helicóptero que se quiera acercar a dar una mano. A veces, agrega, tiene mucho que ver la prohibición de quemas agrícolas bien hechas que impiden que haya pastos altos, pues estos contribuyen a que se propaguen los incendios y a que sus llamas alcancen alturas que “son imposibles de manejar”.
Meza Elizalde lo sintetiza como un “cóctel perfecto”, que es justo lo que está viviendo Colombia y lo que vivirá los próximos meses: hay paisajes cada vez más degradados que pierden humedad, hay condiciones de sequía extrema y estamos ante complejos fenómenos de variabilidad climática.
Añade un ingrediente más que, cree, es un pilar esencial: la ausencia de una política de “manejo integral del fuego”, que, como escribió con Ángela Parrado, ecóloga del fuego y profesora de la Universidad Distrital, debe superar una mirada “predominantemente reactiva y de supresión, centrada en apagar y contener incendios”. Uno de los primeros pasos para hacerlo, agregaban, es “comprender las relaciones de los ecosistemas con el fuego desde la ecología, reconocer los usos y significados culturales del fuego, gestionar los combustibles y los paisajes y reducir la exposición de las comunidades”.
Creen que mientras eso no suceda y mientras no haya un enfoque claro de educación y comunicación que no solo aborde las causas de ignición, el país continuará viendo mapas como los siguientes. Fueron creados por MapBiomas a partir de imágenes satelitales y ayudan a dimensionar lo que ocurrió en algunos de los municipios más afectados en las últimas semanas. Aunque buena parte de los más perjudicados está en Tolima, solo en Chiriguaná, en César, se perdieron 13.529 hectáreas, que es casi 120 veces la extensión del Parque Simón Bolívar, en Bogotá.
🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜