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Sin duda, luego del terremoto del 10 de agosto, pensar en la reconstrucción del Chocó y su desarrollo se vuelve un imperativo ético para superar la deuda histórica con una población que por siglos ha sufrido el abandono y el saqueo de sus recursos, sin olvidar la negligencia de la clase política propia y externa frente a estructurar respuestas adecuadas a las necesidades de sus habitantes.
Escuchar los anuncios de inversiones para el departamento produce de entrada esperanza. Hay que reconocer que detrás de muchos de estos anuncios recientes, centrados principalmente en aspectos económicos y de infraestructura, hay las mejores intenciones y el interés de la mayoría de propios y ajenos para que por fin mejore la calidad de vida de la población chocoana.
Es importante no olvidar, sin embargo, dónde estaba el Chocó el día del terremoto, que fue la tragedia esta vez, pero pudo ser, como ha pasado tantas veces, inundaciones, derrumbes, incendios o masacres. Cualquier crisis, de las tantas que ha experimentado el Chocó, muestra la gran vulnerabilidad de este territorio y de sus habitantes, que han cultivado una resiliencia que les ha permitido superar con humildad franciscana todas estas adversidades.
Ese 10 de agosto, gran parte del Chocó venía sufriendo por la falta de energía eléctrica. No sobra decir que todavía en muchas áreas del departamento el problema no es que se interrumpa por horas o días el fluido eléctrico, simplemente es que este no existe o solamente está disponible durante ciertas horas de la noche. Con relación al agua potable, el Chocó vive la paradoja de ser una de las regiones más ricas en recursos hídricos en el planeta, pero incluso en su capital Quibdó, una alta proporción de familias no tiene acceso al suministro de agua y alcantarillado.
Con relación a dos elementos clave para la construcción de capital humano, salud y educación, basta con mirar al Chocó para encontrar algunos de los indicadores más bajos de Colombia en ambos sectores. El problema del capital humano no es que no lo haya, sino que son mínimas las condiciones para que se desarrolle; y sin capital humano no hay desarrollo posible, ni siquiera el económico, a menos que aceptemos que, en la priorización de este último, los chocoanos queden en condición de subordinación. Ya lo vivió Andagoya, cabecera del municipio del Medio San Juan en el Chocó, donde, a pesar de la explotación minera, hubo muy pocos beneficios para sus habitantes porque la prioridad fue la ganancia económica para los externos.
Esta y otras experiencias en Chocó hacen que se deba insistir en la importancia de priorizar aspectos relacionados con el desarrollo del capital humano, lo que en el contexto actual implica, por ejemplo, desarrollar soluciones a su débil infraestructura sanitaria y asegurar que niñas, niños y adolescentes puedan volver a actividades educativas presenciales en todos los niveles de educación, buscando que con esto no se agudicen los rezagos históricos en este campo, lo que tendrá un efecto negativo en sus oportunidades de movilidad social y posibilidades reales de aporte al desarrollo económico.
Para quienes conocemos a Quibdó, sabemos de su crecimiento rápido y desordenado, lejos de cualquier proceso de planificación urbana que dote a la ciudad de una infraestructura digna para sus habitantes. Hoy vemos un entorno sin parques, vías en buen estado y dotación institucional. Esta falta de planificación urbana no es casual: se explica en gran parte porque la ciudad, como casi ninguna otra del país, ha acogido, en términos relativos, uno de los mayores números de población desplazada, en virtud de un conflicto entre grupos que en el territorio del Chocó buscan apoderarse de rutas, minerales y tierras para cultivos ilícitos o incluso extender a la fuerza los lícitos. Por eso planificar el territorio urbano y rural y construir con las comunidades un norte sobre su uso es fundamental. Nuevos desarrollos sin esta discusión y sin servicios públicos básicos corren el riesgo de terminar siendo elefantes blancos.
Entonces, ¿cuál debe ser la respuesta luego de una tragedia más como esta del 10 de agosto? Los anuncios de grandes inversiones, si no priorizan las necesidades básicas de 600.000 habitantes, pueden cortar la esperanza de quienes viven el día a día sin medios básicos de vida.
Inversiones como las anunciadas, sin que prioricen lo básico, pueden llevar a que los beneficios terminen siendo mínimos para quienes más lo necesitan. No se trata de desvirtuar la intención del gobierno y los actores privados, pero a este rompecabezas todavía le faltan piezas: es necesario revisar la gobernanza frente a estos anuncios y su cumplimiento, asegurando que en el centro estén la gente del Chocó y su voz, su territorio, su biodiversidad, su conocimiento ancestral —que puede dialogar con otros— y sus riquezas en sus aguas y en sus tierras. Todo esto debe servir para potenciar el capital humano de su población, que es, al final, lo que puede asegurarles el progreso y la posibilidad de mantener una interlocución al mismo nivel con gobernantes e inversionistas.
Queremos el bienestar y el progreso del Chocó, pero esto no se logra sin condiciones mínimas de vida que han sido históricamente negadas y que el terremoto, como otras tragedias, solamente volvió a poner sobre la mesa.
Confiemos entonces en que la siguiente visita presidencial sea para anunciar los recursos y los planes para atender las necesidades básicas y potenciar el capital humano del Chocó; eso no da espera.
*Profesor asociado de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo y la maestría en Salud Pública Uniandes.
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