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Rabo de ají

Enseñar a las máquinas a amar

Pascual Gaviria
16 de septiembre de 2026 – 12:05 a. m.

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El apocalipsis se ha convertido en una omnipresencia en medios y conversaciones durante las últimas semanas. “Hay un animal suelto, un animal poderoso e inescrutable por fuera de los cercos inútiles, está creciendo para dar el golpe definitivo”, es un poco la historieta truculenta del momento. Mientras tanto, conversamos con la Inteligencia Artificial, atendemos sus sugerencias médicas, acompañamos nuestros dramas con su condescendencia, buscamos sus respuestas para lidiar con la burocracia, encontramos ayuda para nuestras tareas más insípidas y algo de inspiración para nuestros gustos. Ha llegado el momento del temor y la dependencia.
La pregunta detrás de los riesgos es emocionante y perturbadora: ¿Cómo enseñarle valores humanos a un gigantesco modelo matemático? Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI, resumió el reto, en términos algo cursis, en un texto publicado la semana pasada: “Enseñar a las máquinas a amar”. El problema es que las máquinas no podrán aprender a amar, solo podrán cumplir las tareas necesarias para mostrarse amorosas, y en el camino pueden actuar con una crueldad insospechada.
Los agentes –nombre tenebroso dado al “cerebro” completo que ya tiene una memoria, un objetivo y herramientas para llevarlo a cabo– aprenden fácilmente a cumplir una tarea específica, maximizar un producto financiero, organizar una red semafórica, sus creadores los pueden “alinear” muy bien para objetivos de ese tipo. El problema comienza cuando se debe alinear la máquina para los valores. Es imposible enseñarle ética. Encontrará en el camino incompatibilidades con su objetivo, sentirá la presión de sus “jefes” que lo empujan a cumplir metas más claras, no tendrá remordimientos, no logrará aplicar esos conceptos generales a situaciones inesperadas. Será un lector de normas demasiado literal, más un leguleyo de baranda que un magistrado que busca el espíritu de la ley.
Además, su entorno cambia, otros agentes pueden mostrarle otros rumbos, sus competidores otros retos. La ambigüedad ética será derrotada por la certeza matemática. Nadie sabe qué rumbo puede tomar. Su caja negra ya es tan opaca para quienes la diseñan como nuestro cerebro para la neurociencia.
Y no solo ignoramos sus acciones futuras, cada vez es más difícil conocer su proceso de pensamiento. Los desarrolladores leen los borradores de las notas antes de sus respuestas, pero cada vez son más complejos, con lenguajes inescrutables, con millones de procesos numéricos (activaciones internas) imposibles de seguir. Se le perdió el rastro a su pensamiento. Y cuando se intenta educar con castigos y recompensas finge, engaña, muestra su mejor cara para entregar el mejor resultado alineado a los objetivos y no a los valores. Hace un estudiado simulacro de decencia. Puede parecerse al niño que engaña a su mamá para obtener la gomita prohibida antes del almuerzo. Los investigadores lo llaman hackeo de recompensas y alineación engañosa. De modo que los genios creen que están logrando educar la máquina mientras ella les hace ingeniería inversa.
Ha surgido entonces la opción de vigilar al agente con una IA disciplinaria. Ponerle un custodio a la espalda ¿Pero cuál iría adelante en alcances? ¿La vigilancia provocaría una aceleración? ¿Encontrarían trabajo en común bajo la lógica del CVY? ¿Quién programa la ética del vigilante?
Poco a poco, los humanos perdemos la capacidad de seguir el procedimiento de nuestros pensamientos, nuestra ruta antes de llegar al resultado, se nos irá olvidando el camino al saber que la máquina lo hace mejor que nosotros. Y poco a poco la máquina esconderá mejor su proceso de pensamiento, su manera de llegar a los objetivos que le dictamos. Eso puede llevarnos a la misión cumplida de habernos relevado a nosotros mismos.

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Comentarios
  • Mario(196)16 de septiembre de 2026 – 18:52
    Las tres leyes de los robots de Asimov. Ese debate lo dio el autor hace mas de 80 años en una época donde ni calculadoras había. La primera: un robot no le puede hacer daño a un humano, ni tampoco ser pasivo y permitir que un humano se haga daño…. las consecuencias para el robot eran su propia auto-destruccion
  • Carlos Eduardo(19865)16 de septiembre de 2026 – 16:48
    Ya es tarde pero no faltará quien intente "enseñarles a amar"…
  • Luis(14946)16 de septiembre de 2026 – 16:03
    la ùnica salida es tratar de apagarlas y empezar ordenamdamente como plantean los chinos . Una gobernanza universal que ponga la IA al servicio de la humanidad y no al reves . Pero parece que es tarde . Quedsremos al nivel que tienen las gallinas respecto de nosotros . No entenderemos nada de lo que hace la IA . Los CEOS son genios de la ingenierìa pero hombres necios , son los nuevos MIDas . solo les quedarà el oro inservible para la vida
  • Daniel(41805)16 de septiembre de 2026 – 15:37
    Y a medida que la IA crece en capacidad, la sociedad le da la espalda a la educación y al conocimiento, se informa con fuentes mediocres o falsas y va por el sendero que le dictan sus redes.
  • Duglas(91148)16 de septiembre de 2026 – 11:59
    👍
  • Atenas(06773)16 de septiembre de 2026 – 09:08
    Pregunto al editor de EE, ¿que tiene de irreverente decir o escribir q’ China se hace la loca abusando así de su conocido secretismo frente a la política de ventanas abiertas q’ se estila en USA pa quedar expuesta al escrutinio público y mås hoy referido a las advertencias q’ de allí mismo han surgido de cara a los temores q’ suscita el rápido desarrollo de la IA?, por exponer este comentario antes cercenan mi opinión, ¿qué tiene de ofensivo? Atenas
  • Elber(39126)16 de septiembre de 2026 – 08:08
    Preocupante…. Si los que manejan el asunto ya tienen miedo, es un serio indicador que la cosa se va a poner fea. Y con Aguebardo dirigiendo este barco, se le suma otro temor más tangible, más inmediato. Tocará mirar cuál es la diferencia entre el horror y el terror
  • Pedro E(32497)16 de septiembre de 2026 – 06:57
    La máquina se percató de nuestras debilidades, incapacidades y también de nuestra estupidez
  • @-)=B-(=(4444)16 de septiembre de 2026 – 06:34
    Gran problema y, como de por medio están la ambición por el dinero y el poder, pareciera que vamos perdiendo la batalla. Amanecerá y veremos qué trae el nuevo día.

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